Lo que no se pierde

Sandro Barrella
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17 de julio de 2010  

BOTE NEGRO

Por Paulina Vinderman

Alción

77 páginas

$ 30

Bote negro, con sus treinta y cinco poemas numerados en una serie que no desestima la progresión, está construido como una especie de "diario" en el que la voz abre el juego del diálogo entre la conciencia del poema, de la propia voz que lo enuncia, y los motivos, los asuntos que va atravesando. Ese diálogo se da en el espacio de la página como el lugar natural de la literatura, y el espacio mayor del mundo como realidad que la incluye y a la vez la trasciende. En ese sentido, Vinderman no establece separaciones entre lo que sucede en el poema, las palabras que lo ocupan, un recuerdo remoto o una escena de un sueño que desciende hasta el verso como una epifanía, y el mundo material que cobra vida a partir de ser nombrado. Así, una nube, que existe en virtud del cielo como ilusión que la contiene, pero que el ojo que la ve no la desmiente, pasa a formar parte del poema menos como accidente de un paisaje, que en calidad de lenguaje lanzado a la acción ("la nube del próximo poema/ en que aparezca la palabra nube"). Vinderman rompe la dualidad del esquema dentro-fuera, como hiciera en libros anteriores, el poema no es un eco o el reflejo de lo que acontece.

Como una continuidad en el curso de su obra, hay en este último libro de Vinderman un trabajo sobre la memoria, no tanto como la instancia o el deber de recordar, sino como una arte de la percepción en el friso del tiempo. Los versos construyen escenas de notable condensación visual, el espacio del poema es ocupado por el mundo de los objetos, por aquello -un árbol, un ventilador, una zapatilla de raso- que cobra dimensión real en el presente en que es nombrado. Así sucede también con las personas que son evocadas, con lo que aconteció, o sigue aconteciendo en tanto haya una memoria, un "bote negro", que lleve y traiga lo que no puede perderse. Paulina Vinderman nació en Buenos Aires en 1944. Publicó entre otros, los libros Escalera de incendio (1994), Bulgaria (1998), Hospital de veteranos (2006). Obtuvo el Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 2002-2003).

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