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Los trazos finales

Después de una larga batalla legal sobre su autenticidad, se exhiben en el Centro Cultural Borges 40 dibujos atribuidos a Francis Bacon, uno de los grandes pintores del siglo XX, quien los habría realizado en los últimos años de su vida
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17 de julio de 2010  

Hay grandes artistas cuya vida personal y obra se entrelazan de una forma que potencia el aura que los rodea. Y cada nueva atribución o hallazgo de un trabajo y cada nueva anécdota sobre su vida se convierten en ocasiones para volver a apreciarlos con intensidad.

Es el caso del gran pintor irlandés del siglo XX, Francis Bacon, que hasta su muerte, en 1992, sostuvo que no dibujaba. Sin embargo, en la actualidad hay varios grupos de dibujos que se consideran hechos por el artista.

Uno de ellos, conocido como el de los "dibujos italianos de Bacon", que tiene toda una historia de controversias sobre su autenticidad y a la que un juicio puso fin al atribuirlas al artista, puede verse en el Centro Cultural Borges. Hasta allí llegaron de la mano del gestor cultural italiano Massimo Scaringella y bajo el "amparo intelectual" del reconocido crítico e historiador del arte inglés Edward Lucie-Smith, ambos curadores de la exhibición.

Los 40 dibujos son propiedad del italiano Cristiano Ravarino, quien tuvo una relación muy estrecha con el artista desde los años 80 hasta su fallecimiento. El público argentino puede ver 40 de las obras que el artista le dejó, algunas de las cuales se exhibieron en la última edición de la Bienal de Venecia.

Durante ocho años, Ravarino debió enfrentar un juicio en Italia por la supuesta falsedad de los dibujos, que concluyó en 2004. Umberto Guerin, abogado que llegó a la Argentina junto con la muestra, escribió en el catálogo: "Cristiano Ravarino fue liberado de todos los cargos, y el juicio que enfrentó fue el primer paso crucial para demostrar la autenticidad de estos dibujos de Francis Bacon".

Durante un diálogo con adncultura , en Buenos Aires, Lucie-Smith señaló que "durante mucho tiempo se sostuvo que Bacon no dibujaba, pero en realidad hizo muchos dibujos y de distinto tipo". Para el crítico, los dibujos italianos de Bacon son "los más controvertidos y los más ambiciosos porque no son preparatorios, sino que son dibujos finales". E indicó que la controversia se inició cuando Ravarino vendió algunos dibujos de Bacon, quien siempre había negado que hubiera dibujado.

Lucie-Smith, experto en los dibujos del artista, se refirió a los distintos grupos que se conocen, como describe en el catálogo que acompaña la exhibición: "Los dibujos de Bacon pueden dividirse en distintas categorías. Aquéllos del Archivo Joule, ahora en posesión de las galerías Tate en Londres, y aquellos que fueron descubiertos cuando el estudio Reece Mews de Bacon fue cuidadosamente desmontado para la reconstrucción en Dublín son indudablemente preliminares. Los que pertenecen al amigo italiano de Bacon, Cristiano Lovatelli Ravarino [...] son obras de arte independientes en sí mismas".

Bacon es uno de los pintores más importantes del siglo pasado. Una de las razones por las cuales Lucie-Smith conjetura que el artista siempre negó que hubiera hecho dibujos es porque no había tenido una educación artística formal.

Bacon logró desarrollar un estilo personal y reconocible en el que predomina la figura humana atravesada por una dramática y, por momentos, grotesca existencia. En sus célebres pinturas se pone en escena la soledad del hombre, a la que ha sumado importantes dosis de sensualidad, tragedia o violencia, en unos cuerpos deformados o mutilados inmersos en espacios opresivos.

Su salto a la fama tuvo lugar en la década del 40, luego de la Segunda Guerra Mundial. Lucie-Smith recordó durante la entrevista que, para él, Bacon es el último representante del movimiento Sturm und Drang , del siglo XVIII, del que estima que tomó como inspiración lo más decadente del ser humano. También fue influenciado por grandes artistas del pasado, como Velázquez.

Lucie-Smith sostuvo que los dibujos de la colección de Ravarino "son recapitulaciones de temas que había hecho en el pasado, como las imágenes características de los papas, las crucifixiones, los hombres de negocios". También los curadores señalan que algunos son autorretratos y retratos de sus amigos.

Al ingresar en la sala del Borges en donde se exhiben los dibujos, el visitante se enfrenta a un conjunto de obras de 70 x 100 cm cada una, que se impone con tenues líneas grises, predominantemente curvas, que perfilan figuras humanas, en su mayoría de medio cuerpo. De cerca, se observa que las figuras están sostenidas por unos pocos trazos que esbozan un espacio que apenas logra contenerlas.

En estas obras se vuelven pregnantes los rostros sombreados de un gris que oculta las facciones, excepto los ojos, que expresan miradas expectantes, desesperadas, resignadas.

Lucie-Smith indicó que en los dibujos se advierten formas espiraladas realizadas con la ayuda de plantillas geométricas y compases, parte del proceso creativo del artista. Estos trabajos, concluye el crítico, "ofrecen un tipo de reflexión interna sobre las cosas que él había realizado previamente, algo que no es completamente sorprendente para un artista que sabía que estaba llegando al final de su carrera".

© LA NACION

FICHA. Francis Bacon-La Punta del Iceberg , 40 dibujos del artista, en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín) hasta el 19 de agosto. Curada por Edward Lucie-Smith y Massimo Scaringela. Entrada: $ 10. Lunes a sábados, de 10 a 21. Domingos, de 12 a 21

adnBACON

(1909-1992) Aunque nació en Dublín, Irlanda, se lo considera inglés porque sus padres lo eran y porque produjo gran parte de sus obras en Londres. Pintor autodidacta, desarrolló un estilo propio, expresionista, con el que creó algunas de las pinturas más desgarradoras del arte contemporáneo

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