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De Palermo a la otra Europa

Detrás de la Cortina de Hierro, un mapa lleno de oportunidades
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18 de julio de 2010  

Hasta la devaluación de enero de 2002, cuando se esfumó el espejismo del dólar barato, se hablaba de Palermo Viejo. Pese a los esfuerzos pioneros por valorizarlo, era un barrio deprimido, de alquileres baratos, sobrepoblado de talleres mecánicos, calles marginales frecuentadas por travestis, donde El Preferido, el bar-almacén, se mantenía igual que en la infancia de Jorge Luis Borges. Hoy está de moda y el éxito se contagió porque Palermo Soho (copiado de Nueva York) fue seguido por Palermo Hollywood (productoras de TV), Palermo Boulevard (torres sobre la Juan B. Justo), Palermo Sensible (con canteros junto a Villa Freud) y hasta Villa Crespo se transformó en Palermo Queens, sin olvidarse de sus outlets .

En la ex Europa, escondida detrás de la Cortina de Hierro hasta 1989, se dio un proceso similar. Dejó el aislamiento del régimen comunista y tímidamente se abrió al turismo a través de la Unión Europea. Primero aspirando a formar parte del euro y ahora sacándoles el jugo a sus viejas monedas con devaluaciones hormiga para atraer consumidores.

De la misma manera que en Buenos Aires, donde todos aspiran a ser Barrio Norte, la ola se fue extendiendo desde Praga hasta Rusia. En las campañas de publicidad, ya no se habla de Europa central, del Este o Europa oriental, sino que se promociona bajo la etiqueta de "la otra Europa", contrapartida de la tradicional Europa del Oeste que nos resulta tan familiar, desde España hasta Alemania, y que es una bisagra geopolítica porque mira en ambas direcciones.

Las ventajas que ofrecen son muchas, como lo vimos en la columna "Europa sin euros". Pero aún se hace difícil viajar hasta allí como pasaba con Palermo Viejo, que estaba lejos de las estaciones de subterráneo.

Quién es quién

Es una tarea para viajeros que comienza en nuestra propia casa con un buen mapa para saber de qué estamos hablando y aprendiendo a distinguir quién es quién con Wikipedia, y luego con los libros indispensables. Durante el último Mundial, nos confundíamos con facilidad entre la central Eslovaquia, que formó parte del Imperio Austro-Húngaro, y Eslovenia, que había integrado la ex Yugoeslavia, porque ambos estaban dentro de los 13 finalistas europeos.

Es hora de hacer los deberes, como en la escuela. Según las Naciones Unidas, la llamada Europa oriental está integrada por los siguientes estados: Bielorrusia, Moldavia, Polonia, Rusia, Ucrania, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria, Alemania. Albania.

Hay que sumar al fantasear sobre nuestros posibles programas a las ex repúblicas que estaban dentro de la ex Unión Soviética: Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Georgia, Letonia, Lituania.

También, al margen del Centro y el Este, debemos incluir el sudeste del continente y los Balcanes: Serbia, Montenegro, Kosovo, Croacia, Eslovenia.

El mundo no es lo que era. La realidad tampoco, ya que al caer el Muro de Berlín la sucesión de novedades es una constante. El papel de los ferrocarriles y de los ómnibus de media y larga distancia se agrandó notablemente. Aunque las fronteras siguen existiendo, los controles se han hecho más amigables. A su vez, las aerolíneas de bajo costo han tejido una telaraña más densa que permite accesos antes impensables por razones geográficas, políticas o económicas.

La situación no es simple para nosotros, que somos punta de riel en el Sur, y eso explica las dificultades que me cuentan los lectores por e-mail al consultar sobre sus eventuales proyectos a esta región del mundo.

Internet es una gran ayuda, pero es difícil pasar de lo virtual a la organización de una travesía en esta otra Europa a través de los mecanismos tradicionales de las agencias de turismo o consultas en embajadas. El mayor aporte que he recibido y que me estimula para investigar es el de lectores, como Susana y Ricardo J. Bellver, que me ha permitido visitar Bulgaria a través de sus experiencias, como espero hacer personalmente algún día.

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