Enamorado de las canciones

Alejandro Tantanian divierte y emociona en un café concert de gran escenario
Pablo Gorlero
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30 de julio de 2010  

Viaje de invierno. De Alejandro Tantanian y Diego Penelas. Intérprete: Aleandro Tantanian. Músicos: Diego Penelas, Alfredo Zuccarelli y Rodrigo Quirós. Sonido: Martín Vaccarezza. Producción ejecutiva y manager: Romina Chepe. Coreografías: Diego Velázquez. Luces: Jorge Pastorino. Vestuario: Oria Puppo. Arreglos y dirección musical: Diego Penelas. Idea y dirección: Alejandro Tantanian. Viernes, a las 23.15, en el Metropolitan 2. Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: Muy buena

Alejandro Tantanian estrena un nuevo espectáculo de canciones. ¿Cómo lo consideramos? ¿Un recital, una obra teatral musical? Estas preguntas resultan fatuas al momento de asistir a esta fiesta íntima que propone el director.

Tantanian no es un gran cantante y quien lo vio pocas veces en esta faceta -como quien esto escribe- puede sentirse desconcertado durante los primeros tramos del Viaje de invierno . Pero no pasa mucho tiempo antes de que el desprevenido se dé cuenta de que fue tomado del brazo para ser invitado, amigablemente, a un viaje mucho más cálido que el título. Confeso admirador de Nacha Guevara, Tantanian invita a participar de un show que es pura esencia de café concert. Aunque se trate de una sala de 603 localidades, él y los tres músicos consiguen volver ese ámbito enorme en un sitio intimista, donde la interpretación será el jinete que maneje este carro cargado de canciones. Tantanian devuelve el arte del decir con música, del saber qué se dice al cantar, del contar al cantar, pero sobre todo, del jugar al cantar. Allí es donde, en forma abierta, invita al público a participar de ese juego, en el que uno actúa, pero el otro no sólo ve y escucha, sino también se ríe, se emociona, se estremece y siente cómo las palabras adquieren un mayor sentido cuando son acariciadas por una melodía. Cómo hasta el plato más sencillo (y hasta humilde) puede convertirse en el mejor manjar si se saborea distinto, con el alma.

Si a esto se suma la presencia de tres músicos que no sólo son excelentes en su oficio, sino que participan en esa convención lúdica que propone el director, el resultado es magnífico. Diego Penelas hizo arreglos espléndidos y es el sastre a medida de una voz especial, en la que lo dominante es lo interpretativo. "Ya no", poema de Idea Vilariño, al que Penelas le puso una bellísima melodía es una prueba de eso, un momento en el que difícilmente alguien no se emocione.

El repertorio es exacto, perfecto para convertir a cualquier espectador en un sibarita de la poesía y la música. Entre lo mejor de esa lista figuran "Negra sombra", de Rosalía de Castro; "Tierra-Luna", de Boris Vian y Alain Goraguer"; "Te amaré", de Silvio Rodríguez, y la excepcional "Being Alive", de Stephen Sondheim. También logra momentos de preciosismo como ese cruce Schubert-Manzi que hace con "El último organito" y "Der Leiermann"; de carcajada con "Flies", de The Tiger Lillies, o absolutamente lúdico con "With One Look", de Sunset Boulevard .

Siempre estará acompañado por una figura invitada. Hoy es Eleonora Wexler y en las dos primeras funciones fue Paola Krum (bellísima y conmovedora con "Ne me quite pas").

En la pizza posfunción uno puede jugar a qué musicales podría protagonizar Tantanian. Y son muchos (ojalá). Pero no, Sunset Boulevard , no.

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