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La máquina de hacer canciones

Charly García es el protagonista del primer fascículo, que saldrá mañana. Lo que sigue es un extracto de su historia
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8 de agosto de 2010  

Mucho antes de convertirse en uno de los principales íconos de la música popular argentina, el pequeño Carlos Alberto García Moreno recibió de sus padres un regalo que lo marcaría para siempre: un pequeño piano de juguete. A los pocos días, su madre Carmen escuchó una melodía que provenía de una de las habitaciones de la casa. Pensó que se trataba de una cajita musical, pero no: era el juego que había descubierto Carlitos presionando las diminutas teclas. El pequeño prodigio con oído absoluto estudió música clásica en el Conservatorio Thibaud-Piazzini y debutó en público antes de cumplir los cinco años. A los doce ya había recibido su diploma de Profesor Elemental de Piano, Teoría y Solfeo.

Las lecciones de Bach, Chopin y Beethoven quedaron archivadas el día de 1964 en que descubrió There´s a Place, de los Beatles. "Fue un drama en mi casa; mis padres lloraban cuando dije «no quiero estudiar más piano, cómprenme una guitarra eléctrica»", recordaría. Mientras asistía al Instituto Dámaso Centeno, se pasaba tardes enteras encerrado en su cuarto escuchando en el Winco a los Beatles, los Rolling Stones y The Who. Cuando fundó To Walk Spanish con algunos compañeros, ya era Charlie. Una tarde se cruzó en un recreo con Carlos Alberto Mestre y, después de pegar onda, los tocayos decidieron unir sus fuerzas en Sui Generis. Por sus filas pasaron varios compañeros, pero el final del secundario dejó a la mayoría fuera de carrera.

Los 60 expiraban y, mientras se jugaban sus destinos a todo o nada, Charlie y Nito ensayaban en el sótano de un almacén y conseguían fechas en colegios y en pueblitos de provincia.

Dieron una prueba en la RCA, sin suerte. Y encima Charlie entró a la colimba. Para zafar del Séptimo de Caballería simuló estar loco y sufrir del corazón. Fue durante su internación en el hospital, en medio de un mareo anfetamínico, que escribió Canción para mi muerte. "Mi larga carrera de éxitos comenzó gracias al Ejército", bromeó. Una vez que consiguió la baja, Sui siguió adelante, y como un dúo de voces, piano y flauta se presentó durante el verano marplatense de telonero en un show de Pedro y Pablo. A la vuelta, Charlie grabó en Cristo Rock, de Raúl Porchetto; salió de gira con La Pesada del Rock & Roll, y se fue curtiendo en el ambiente.

En los momentos libres que dejaba La Pesada, en el estudio Phonalex, con sus músicos como acompañantes y Billy Bond en los controles, Sui Generis grabó Vida. El boom del dúo, sin embargo, se produjo a comienzos de 1973, con el estreno de la película Hasta que se ponga el sol. Las ventas del álbum se dispararon: 80 mil unidades. El segundo LP, Confesiones de invierno, amplió la línea melódica y el éxito de su predecesor.

Y el cantante y tecladista invirtió una buena parte de sus ingresos en novísimos artefactos sonoros. El resultado fue Pequeñas anécdotas sobre las instituciones: "Estaba podrido de la guitarrita y la flautita. Y justo aparecieron los sintetizadores y mellotrones. Comencé a creer que era un gran músico".

Mientras acudía a terapia para superar los efectos nocivos de la fama, se embarcó junto a su ex compañero Mestre en el colectivo folk PorSuiGieco, junto a León, Porchetto y María Rosa Yorio, con quien García tendría a su hijo Miguel. Para entonces, Charlie había pasado a ser Charly. Y ya estaba listo para poner en marcha La Máquina de Hacer Pájaros: si las referencias de Sui eran Simon & Garfunkel y Elton John, ahora Charly estaba embalado con Yes y Genesis.

Antes de dar por terminada su efímera etapa con La Máquina, Charly ya había convencido a David Lebón -botella de whisky mediante- de acompañarlo en su siguiente aventura.

Juntos partieron para Buzios, lejos del clima de represión que se vivía en el país. García ya noviaba con la bailarina brasileña Marisa Zoca Pederneiras. Después de varias semanas con una dieta de peixe y alcohol, Charly y David empezaron a componer las primeras canciones de Serú Girán.

Más tarde se les unió el baterista Oscar Moro, ex Los Gatos y La Máquina, y el joven bajista Pedro Aznar. Así comenzó a tomar forma una idea que obsesionaba a García: compartir una verdadera sociedad musical, en la que el peso de la creación no recayera sólo sobre él. La banda terminó de ensamblarse en San Pablo, la ciudad en la que vivía Billy Bond, productor del primer disco. (...)

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