La ciencia argentina es reconocida en el mundo

Manes se especializa en Cambridge y Charreau dirige en Buenos Aires el instituto fundado por Bernardo Houssay.
Nora Bär
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27 de febrero de 1999  

¿Será verdad aquello de que nadie es profeta en su tierra? Porque mientras aquí los investigadores enfrentan las debilidades de un sistema científico que lucha contra el desinterés general, en el exterior reciben distinciones notables.

A fines del año último el nombre del joven físico Juan Maldacena invadió los medios de comunicación internacionales por su contribución a la teoría de las supercuerdas , una compleja hipótesis sobre la organización de la materia en el universo. Ahora, Facundo Manes, un neurólogo de treinta años, egresado de la Universidad de Buenos Aires, acaba de recibir el Premio al Joven Investigador, otorgado anualmente por la Asociación Americana de Neuropsiquiatría.

Manes, que en estos momentos está cursando la especialidad de neurociencias cognitivas (Cognitive Neurosciences) en el Departamento de Psiquiatría y Neurología de la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, acaba de recibir la distinción con una mezcla de orgullo y entusiasmo.

Caso inusual

"Todos sabemos que no es fácil que una asociación norteamericana distinga a un extranjero -explica desde su casa en Inglaterra, en diálogo telefónico con La Nación -. Por eso, creo que este premio no sólo es importante en lo personal, sino también para el país. Cuando me lo entregaron en la reunión anual que la asociación realiza en Nueva Orleans y anunciaron que yo era argentino, viví un momento muy especial." Manes nació y creció en la ciudad de Salto, muy cerca de Pergamino, en la provincia de Buenos Aires y, tras recibirse de médico en la Universidad de Buenos Aires, hizo su residencia de neurología en Fleni. Allí se inició en la investigación con los doctores Sergio Starkstein y Ramón Leiguarda.

"Lo conocí en un congreso que hubo en Rosario -recuerda Starkstein- y me impresionó su determinación, ya que me persiguió todo el día para que lo invitara a trabajar con nosotros. Además, mientras realizaba su entrenamiento, demostró una enorme capacidad de trabajo."

Luego, el doctor Manes permaneció durante dos años en los Estados Unidos, estudiando y preparándose en la Universidad de Iowa, cuyo hospital -y, en particular, su Departamento de Psiquiatría- es uno de los tres mejores del país.

Una idea brillante

Mientras permaneció en ese centro pudo realizar la investigación que mereció el premio de la Asociación Americana de Neuropsiquiatría.

Intrigado por los enigmas que planteaba, decidió estudiar una región del cerebro llamada lóbulo de la ínsula , una zona de la corteza cerebral que se encuentra entre los lóbulos frontal, parietal y temporal, y descubrió que -contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora- no sólo estaba asociada con funciones autónomas (como el latido del corazón) o gustativas, sino también con aspectos cognitivos, como la memoria y la atención.

"Llegué a esta conclusión a través del estudio de 14 pacientes que habían sufrido un accidente cerebrovascular en esa zona. Esta lesión es muy rara y nunca se había investigado -explicó-. Algunos tenían dañada la región izquierda y otros la derecha, pero todos tenían un trastorno de atención que en neurología se llama neglect, y descuidaban la mitad contraria del cuerpo. Por ejemplo, uno de los pacientes se afeitaba la mitad derecha de la cara. Otro, creyó que había terminado de comer cuando aún le faltaba la mitad del plato."

Instalado en Cambridge gracias a los oficios de Fleni, ahora el doctor Manes está estudiando los procesos a través de los cuales el cerebro procesa la memoria, el lenguaje, la atención, las emociones; no sólo en las personas sanas, sino también en los enfermos. A su regreso, lo espera la nueva División de Neuropsicología de Fleni, que atenderá trastornos en esos aspectos de la mente.

Por: Nora Bär
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