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La beatificación de la Madre Teresa, un pedido mundial

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3 de marzo de 1999  

La dispensa del papa Juan Pablo II al cumplimiento de los cinco años obligatorios desde el fallecimiento para comenzar el proceso de canonización de la Madre Teresa de Calcuta es consecuencia de "la avalancha inmensa de peticiones de todas partes del mundo". Así lo expresó a La Nación el presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional, monseñor José Bonet Alcón.

La decisión, recibida con beneplácito pese a la sorpresa inicial, no tiene precedentes en este siglo. Monseñor Bonet Alcón dijo que un caso similar fue el de San Francisco de Asís, en el siglo XIII, cuya beatificación y posterior canonización se inició dos años después de su muerte. El Tribunal interviene en las causas de canonización locales.

"Este es un hecho desacostumbrado y excepcional, y no ha habido otros que yo recuerde. En el caso del arzobispo Oscar Romero, de El Salvador, debieron pasar cinco años porque el Vaticano no dio dispensa", sostuvo el sacerdote.

En la India, las religiosas de la orden de las Misioneras de la Caridad -fundada por la Madre Teresa- dieron la bienvenida a la decisión papal y agradecieron que el Pontífice haya resuelto la vía rápida para la beatificación de Teresa de Calcuta.

El arzobispo de Calcuta, Henry Sebastián D´Souza, solicitó consejo a la hermana Nirmala, sucesora de la Premio Nobel de la Paz en la Congregación, para la designación de un postulador. Así se denomina a quien impulsará el proceso de canonización de la religiosa.

¿Teresa milagrosa?

Las virtudes de la Madre Teresa, que eligió vivir con los más pobres entre los pobres, lograron convencer a Juan Pablo II de la conveniencia de anticipar el proceso, que no sería inferior a los tres años, pues requiere el respeto de las leyes canónicas.

Monseñor Bonet advirtió otra razón en el giro de la voluntad papal, no verificada por el momento: "Es conjeturable que haya noticias sobre curaciones milagrosas de la Madre Teresa después de su muerte".

Si así no fuera, de cualquier modo la monja que conmovió al mundo por su desinteresado amor a los desposeídos, necesitará un milagro para ser beata y otro más, luego de ser declarada como tal, para ascender a santa.

Decisión vaticana

El proceso tiene dos etapas. La primera, en la diócesis en Calcuta, último lugar de residencia de la Madre Teresa. La segunda, en el Vaticano.

Durante el primer tramo se nombra al postulador, que es un perito en teología, historia o derecho canónico, quien presentará al obispo D´Souza una biografía de "la sierva de Dios" (así se llama a quien se halla en proceso de beatificación), donde se indican, entre otras cosas, sus virtudes y si en vida realizó milagros. También debe recopilar los escritos editados antes de la muerte de la Madre Teresa y preparar una lista de 40 o 60 testigos que la conocieron en los últimos 10 o 15 años de su vida.

Con la documentación en sus manos, el obispo consulta a otros de la India y también "al pueblo de Dios", es decir, a la gente que conoció a la monja. Nombra luego a especialistas en teología que estudian si los escritos reunidos discrepan con la doctrina de la Iglesia y, a su vez, deben ubicar otros documentos inéditos de la Madre Teresa. "Puede ser un diario espiritual que ella llevara o las cartas que escribió", dijo Bonet.

Cumplidos estos pasos y tras comprobarse que a la sierva de Dios no se le rinde culto público de santa por anticipado, el proceso entra en su segunda etapa, ya en el Vaticano.

Luego de la intervención de otros especialistas que presentan la positio (resumen), "un grupo de cardenales y obispos, de la Congregación para las Causas de los Santos, emite un dictamen y, una vez probadas las virtudes heroicas de la sierva de Dios, el Papa dicta un decreto que la convierte en venerable". Desde allí, un solo milagro atribuible a la Madre Teresa, debidamente constatado, la convertirá en beata.

"La beatificación permite el culto, con limitación de lugares, actos y personas. En cambio, en la canonización el culto está mandado sin limitaciones a toda la Iglesia universal", subrayó Bonet.

Consultado sobre si la Iglesia le adjudica el milagro a Dios o al beato en proceso de canonización, monseñor Bonet explicó que "los milagros son de Dios pero con la intercesión, en este caso, de la Madre Teresa de Calcuta".

Curaciones

Intervenir para la realización de un milagro no es labor sencilla, aunque la Madre Teresa de Calcuta pudiera estar en inmejorable posición para interceder.

"Casi siempre se trata de curaciones. Los milagros que aprueba la Iglesia deben producirse en forma instantánea, total y definitiva", dijo monseñor Bonet.

Y agregó: "El Vaticano consulta médicos y cita testigos. Aquellos que le hayan pedido a Dios por la cura de un enfermo, con la intercesión de la Madre Teresa, deben declararlo".

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