La matriz mesiánica de Montoneros

Beatriz Sarlo
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29 de agosto de 2010  

Ceferino Reato señala con acierto la influencia que los Sacerdotes para el Tercer Mundo tuvieron sobre la radicalización política de los católicos latinoamericanos. En su libro Operación Primicia menciona el Ateneo de Santa Fe, agrupación del progresismo católico, y a varios curas y obispos, entre ellos al de Formosa, monseñor Pacífico Scozzina. Revisando viejos papeles encuentro un documento de un grupo de curas enviados por Scozzina a Ingeniero Juárez, Formosa, en 1969, "a fin de llevar el mensaje de liberación traído por Cristo y reafirmado recientemente por los obispos de toda América Latina reunidos en Medellín". La policía del paraje los persigue y ellos se fortalecen con un paralelo heroico: "Los primeros cristianos fueron acusados de hechiceros, de asesinos de niños y de ateos, pero no vacilaron en morir sin ceder nunca al autoritarismo del César".

Este era el clima ideológico de una confluencia entre la política radicalizada y el catolicismo tercermundista, que tuvo un órgano influyente desde su emblemático título: Cristianismo y revolución . En esa revista, en junio de 1971, cuatro años antes de Operación Primicia, Perón dirige a las "formaciones especiales" una famosa carta donde les promete el "trasvasamiento generacional". Todavía creía que las FAR y los Montoneros podían ser piezas en la guerra de posiciones que él libraba con el gobierno militar y también con sectores más inclinados a la negociación que a reclamar los derechos políticos de su líder. Perón dice, sin medir las consecuencias, que las formaciones especiales (los militantes armados) son la autodefensa del movimiento "en la lucha directa de todos los días dentro de las formas impuestas por la guerra revolucionaria".

Montoneros había nacido bajo el signo de una operación audaz: el secuestro, juicio y ejecución de Pedro E. Aramburu. Esa acción fue un verdadero mito de origen. El militarismo montonero eligió como comienzo un hecho en el cual todo estuvo atravesado por el Ejército: los guerrilleros disfrazados de militares para sacar al general Aramburu de su casa; el relato marcial del juicio y fusilamiento que publican años después. Les gustaban los grados militares y los uniformes, como lo señaló Pablo Giussani en un libro de 1984 que nadie cita hoy, pero fue el primero que hizo honor a su título: Montoneros, la soberbia armada .

Esta carga simbólica ensombrece los hechos que reconstruye Ceferino Reato en Operación Primicia . En 1975 el militarismo se había convertido en idea estratégica y caracterización política. Montoneros se pensaba como vanguardia armada del Pueblo. Más que el leninismo clásico, los influyen fenómenos tercermundistas. La revolución china y otras revoluciones asiáticas (cuyos líderes el mismo Perón citaba como hermanos), donde el partido comunista y las organizaciones militares estuvieron intricadamente unidas. Mao fue un conductor político y militar, a quien las fotos muestran casi siempre vestido de soldado. En Vietnam, la guerra anticolonial contra los franceses, y luego contra los Estados Unidos, unía la dimensión militar y la política. Pero fue sobre todo la revolución en Cuba, donde un grupo muy pequeño de hombres decididos desató, desde Sierra Maestra, la caída del régimen dictatorial de Batista. Cristianismo y guevarismo (un derivado foquista de la revolución cubana) se funden en la matriz ideológica de Montoneros.

El elemento verticalista y jacobino también define su ideología. La revolución debe depurarse de los vacilantes y los cobardes (como lo atestiguan los juicios realizados por la organización a militantes considerados culpables de faltas graves). El filósofo italiano Remo Bodei escribe que, en el momento jacobino de la revolución, "el terror se vuelve racional y la razón terrible": Santa Guillotina. El militarismo y el mesianismo son ideologías verticalistas, de concentración del poder en pocos dirigentes "virtuosos" y de gestión secreta de las decisiones, porque las tácticas a seguir no pueden ser llevadas a término de otro modo. Dependen del secreto y el secreto modela a sus dirigentes.

Montoneros era dinamita ideológica, en la que confluían el cristianismo milenarista de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, cuyo mensaje secularizado exhortaba a realizar el Reino de Dios en esta tierra; los retazos marxistas de quienes, como Roberto Quieto, venían del Partido Comunista cargando el peso de que la "izquierda no había entendido al peronismo" y que el PC había traicionado su origen revolucionario por sus tendencias pacifistas; el nacionalismo antiimperialista que soñaba con convertir al heteróclito peronismo en un movimiento de liberación. A esto se suman cualidades dispares: el rasgo aventurero y sin principios de dirigentes como Firmenich, a quien la muerte de otros lo puso en el primer plano, y la ética sacrificial de jefes como el mítico Sabino Navarro y como dicen que era el mismo Yaguer, organizador de Operación Primicia. El resultado es un compuesto que tenía como resolución casi inevitable la violencia, porque caracterizaba la situación política en términos de una guerra que ya mismo debía comenzar a pelearse con las armas.

Montoneros no pudo comprender que los conscriptos del Regimiento de Infantería de Monte, en lugar de entregarse, se resistieran con sus armas y murieran diez de ellos. No supo ver que una operación bien planificada podía ser, al mismo tiempo, un error político inmenso. Ceferino Reato cita el testimonio de un coronel del regimiento: los conscriptos "ya habían jurado defender la bandera y eso era algo muy serio para ellos porque vivían en una zona de frontera..." La dirección de Montoneros no sabía qué iba a encontrar dentro de ese cuartel y descontaba que esos chicos pobres del monte se rendirían de inmediato. Un error cultural que también cometió el Che en Bolivia: no supo leer cómo eran los campesinos de la zona donde estableció el foco guerrillero. No se carecía de inteligencia militar sino de información sobre las bases sociales que eran objeto y sujeto de la liberación.

Los Kirchner tienen más rasgos de los setenta de lo que ellos creen, pero esos rasgos son diferentes de las cualidades con las que quieren presentarse. Su versión despeja el militarismo (y la arrogancia, escribe Reato) de las organizaciones armadas y se ocupa de la militancia de superficie, juvenil y barrial: cuentan el momento romántico de la revolución. Sólo evocan la voluntad transformadora, no sus tácticas. Al depurar a la Juventud Peronista de su dirección militarista montonera, el pasado no se entiende bien. Reato tiene la hipótesis, sostenida en documentos, de que Operación Primicia fue la acción fundadora del Ejército Montonero, el hecho militar que los enfrentaría definitivamente con las fuerzas armadas.

Los Kirchner hacen un uso instrumental de este pasado. Sin respeto, lo amarran a sus necesidades coyunturales. Ceferino Reato afirma que guerrilleros muertos en combate aparecen en los nuevos listados (ampliados durante el gobierno de Kirchner) de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y sus nombres en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Esa mezcla señala la displicencia con la que se tiran cifras y se narra el pasado. La memoria necesita bases sólidas y alguna coincidencia sobre lo sucedido.

Los que pertenecimos a la izquierda revolucionaria, guerrillera o no, si queremos seguir pensando el presente sin olvidar el pasado, tenemos que recordarlo de la manera más exacta posible, fáctica y conceptualmente exacta, incluso sabiendo que la narración histórica es siempre interpretativa. Está el marco de la definición jurídica: los crímenes imprescriptibles del terrorismo de Estado. En el relato habrá disidencias. Sin embargo, establecidos ciertos hechos, para sostener otra versión son necesarios los documentos. No se trata de recordar cualquier cosa, como si cualquier memoria fuera, por el hecho de presentarse como tal, justa, como si el sufrimiento de miles sirviera como escudo en lugar de transformarse en energía moral.

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