Una obra valiosa, pero ingenua

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7 de septiembre de 2010  

Juicio a lo natural , de Nicolás Pérez Costa y Nacho Medina. Elenco: Beto Cuello, Vicky Buchino, Sabrina Artaza, Vanesa Butera, Emanuel Arias, Germán Tripel, Alfredo Díaz, Gabriela Bevacqua, José Luis Bartolilla y elenco. Vestuario: Gustavo Alderete. Dirección musical y vocal, arreglos y orquestación: Nacho Medina. Coreografía, puesta en escena y dirección general: Nicolás Pérez Costa. Sala: El Cubo. Funciones: los martes, a las 21. Duración: 90 minutos.

Nuestro opinión: bueno

Desde hace ya un tiempo, Nicolás Pérez Costa y Nacho Medina vienen buscando un lugar propio dentro del panorama del teatro musical porteño, luego de años de trabajo junto con uno de los maestros del género, Pepe Cibrián Campoy. Y para lograrlo se dedicaron a buscar un estilo propio renunciando a la gran espectacularidad de los musicales más conocidos por el público y recurriendo a otro tipo de temáticas y, fundamentalmente, otros colores y sonoridades.

En Juicio a lo natural, la propuesta consiste en sumarse a una discusión que nuestro país llevó a cabo hace pocos meses en torno al proyecto de la ley de matrimonio igualitario. En tal sentido, es un producto absolutamente contextual y dado el avance que significó para nuestra cultura tal reconocimiento, la obra quedó asociada a cierto pensamiento ingenuo que hace que por momentos el conflicto decaiga.

Temáticamente, se representa un juicio a un joven homosexual por el sólo hecho de serlo y por el daño moral que ocasiona a los seres más cercanos. En tal sentido -y presuponiendo algo del orden de una práctica delictiva-, no alcanza a entenderse bien quién es el que inicia la causa y a costa de qué. Así un abogado defensor y una fiscal competirán por absolver o lograr la culpabilidad frente a una jueza que organiza la escena del tribunal. Cuatro testigos (una amiga enamorada, un ex compañero de la infancia, una ex pareja y la madrina) aparecerán con el fin de defender o hundir al joven. En paralelo, una dupla de presentadores introducen coreográfica y vocalmente cada una de las escenas al tiempo que una movilera -impecable trabajo de Belén García- tiene a su cargo los bloques de humor.

Ingenuidad

Por el argumento, ya puede verse que la propuesta goza de una ingenuidad importante desde un punto de vista teórico, puesto que incluso no siendo reconocida ni por la ley ni por el Estado, la homosexualidad hace tiempo que no es considerada ni vivida como un delito. Por tal motivo, cuesta ingresar en la dimensión más panfletaria que tiene el espectáculo. Una pena, porque cuando se introducen en otro territorio, más vinculado a la temática de la identidad y el reconocimiento público, la obra adquiere una potencia de la que carece en el orden de lo judicial, por anacrónico y por inverosímil, incluso dentro del género.

En tal sentido, los momentos de mayor potencia dramática -y musical- son aquellos en los que la falta de amor provoca sufrimiento en los otros (Vanesa Butera descuella en su escena). Y más potente aún es cuando abandona lo social y lo judicial y convierte a la jueza en una madre que debe enfrentarse al momento de aceptar la sexualidad de su hijo, una vez que él logra afirmarse como tal.

Coreográficamente, la obra encuentra en sus intérpretes un muy buen modo de expresar los conflictos que van apareciendo y fundamentalmente en todo lo que hace a una estética asociada al travestismo. En tal sentido, los dos presentadores son el gran acierto de Juicio a lo natural, aunque sobresale José Luis Bartolilla, quien seguramente con el tiempo logrará afinar ciertos movimientos y convertirse en un referente del teatro musical local, puesto que tiene una presencia escénica que lo hace sobresalir en el grupo.

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