Jouvet, un actor que cosechó cariño

El intérprete falleció ayer, luego de padecer una larga enfermedad que lo mantuvo alejado de su actividad artística
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6 de marzo de 1999  

A los 76 años, y luego de una larga enfermedad que lo mantuvo alejado de la actividad, falleció Maurice Jouvet, en su domicilio de Palermo, según la información ofrecida por amigos del actor.

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Sus ojos celeste muy claro y su cabello prematuramente canoso acentuaban la bondad y la ternura que estaban siempre presentes en Maurice Jouvet. Era un hombre apacible, de un gran humor y de una delicada sutileza en el trato.

Este francés aporteñado había nacido el 3 de febrero de 1923 en Francia, en la ciudad d´Hendaye, cerca de los Pirineos.

En 1935, la familia llegó a Buenos Aires, donde terminó por asentarse con la familiaridad que le dio el conocimiento del castellano (había vivido unos años en Perú). La primera actividad que desarrolló el joven Maurice fue el tenis, donde sobresalió hasta llegar a un primer nivel. No en vano había llegado a competir en una final con Eduardo Morea.

Después del tenis, su pasión deportiva la volcaba en el fútbol, detrás del Racing de sus amores.

Muy pocos conocían que su familia integraba la del gran Louis Jouvet. Su discreción y su recato le permitían escapar de las falsas pretensiones.

Muy joven accedió a las tablas, desde su condición de amateur de un elenco francés.

De su debut en el teatro Politeama, en 1942, con "J´ai dix-sept ans", la crónica registró: "Maurice Jouvet demostró posibilidades y cierta firmeza de tono en la dura situación dramática".

Meses después, la pieza fue representada nuevamente, en el teatro París, pero en esta oportunidad hablada en castellano, donde también se destacó la actuación del joven actor.

Hubo muchas otras obras que lo contaron en el elenco. En los papeles de joven, sabía aportar a sus personajes cierta candidez que escondía mucho de picardía. Las comedias de la década del 40 guardan testimonio de esto. Aunque no le esquivó el cuerpo al drama.

Hubo otra representación, en 1952, que para el actor fue muy importante y significativa: "Mi señorita esposa", de Abel Santa Cruz, a cargo de la compañía Elina Colomer-Carlos Cores. Allí, Jouvet compartió la escena con una joven actriz, vital, desbordante de simpatía. Era Nelly Beltrán, con quien vivió un noviazgo de quince días que terminó en un feliz matrimonio. Era una de las parejas más queridas en el ambiente.

En los comienzo de la TV

Después vino la televisión, campo propicio que le permitió confirmar la ductilidad de su trabajo, hasta que en 1960 asumió como director de Canal 7, actividad que luego abandonó en 1963 para dedicarse exclusivamente a la actuación.

La alegría que siempre bailaba en sus ojos se opacó cuando su única hija, Mónica, falleció en 1981, como consecuencia de un accidente de tránsito. A partir de ese momento, su mirada flaqueaba y si sonreía era porque necesitaba encontrar fortaleza para sobrellevar su pena y la de su esposa.

Esto no impidió que siguiera con su actividad con el mayor rigor. Tanto interpretaba a personajes con visos dramáticos, como se volcaba a la comedia, con extraordinarios resultados, sobre todo en los ciclos televisivos de Nino Fortuna Olazábal.

El último trabajo en teatro fue "Cristales rotos", de Arthur Miller, con Selva Alemán y Arturo Puig, posibilidad que le permitió encarnar a un personaje con dobleces de autoritarismo y sarcasmo.

La noticia de su muerte fue informada por su esposa, aunque no reveló las causas.

Los restos están siendo velados en Corrientes 6715 y hoy, a las 11, serán inhumados en el panteón de Actores de la Chacarita.

Hombre del set

También el cine argentino tuvo en Maurice Jouvet a un intérprete dúctil y entusiasta que supo encarar los más disímiles personajes tanto en el drama, la comedia o el género disparatado.

En 1942, época en que nuestra pantalla trataba de hallar nuevos rostros, un joven Maurice Jouvet se acercaba a la cámara, convocado por Luis César Amadori, para convertirse en uno de los galanes de "Claro de luna", donde compartió la plana mayor del reparto con Mirtha y Silvia Legrand y Roberto Airaldi.

También con la dirección de Amadori participó en "Bajó un ángel del cielo", y su figura sirvió de apoyo a tramas picarescas en las que se destacaban la simpatía y la belleza de las ingenuas o de las sexuales actrices de moda.

En la carrera cinematográfica de Maurice Jouvet, integrada por aproximadamente ochenta títulos, deben señalarse sus intervenciones en "Los venerables todos", de Manuel Antín, y en "Así o de otra manera", de David J. Kohon, títulos emblemáticos de la generación del sesenta.

Luego, la figura de Jouvet sirvió para encarnar a algún padre comprensivo o a algún tío cascarrabias, además de personificar a esos hombres sádicos en historias tanto policiales como pasatistas - "La magia de los Parchis", de Ariel Quiroga; "Todo o nada", de Emilio Vieira; "Diablito de barrio", junto a Lorena Paola-, o volvió a demostrar sus aptitudes dramáticas y caricaturescas en "La Patagonia rebelde", de Héctor Olivera, o "Ya no hay hombres" y "La clínica del Dr. Cureta", ambas de Alberto Fischerman.

La complicidad entre el cine y Maurice Jouvet se mantuvo incólume a través de muchos años en que él, sabio hombre de teatro, supo demostrar su madurado oficio comenzado en los escenarios.

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