Reapareció Kirchner tras la operación

Fue a un acto con la Presidenta en el Luna Park; ante unas 10.000 personas, el actual diputado evitó hablar y se mostró calmado
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15 de septiembre de 2010  

Entró con su habitual caminar cansino, mirada al piso y una sonrisa leve. Un cúmulo de custodios, seguidos de un médico y sus secretarios personales, lo acompañaban de cerca y cuidaban su paso. Así fue la reaparición de Néstor Kirchner tras la intervención cardíaca hace apenas dos días, en un multitudinario acto con la juventud kirchnerista en el Luna Park, en el que todo el Gobierno buscó demostrar que el proyecto político estaba intacto.

La salud del ex presidente pasó a un segundo plano en las charlas detrás de bambalinas en el estadio, donde las agrupaciones juveniles hicieron una demostración de fuerza con más de 10.000 seguidores. La cuestión fue resaltar la convocatoria y obviar los comentarios sobre la angioplastia a la que fue sometido el diputado nacional el sábado pasado.

La presidenta Cristina Kirchner, oradora central del acto, evitó toda referencia a la operación de su marido. Se concentró en resaltar la continuidad del modelo kirchnerista y minimizó por completo la internación del ex presidente.

Pero Kirchner se mostró distinto. Calmado. Ya no se tiró del escenario hacia el público para saludar a sus seguidores, como hacía en cada uno de los actos anteriores, y se movió con prudencia. Algo de caso hizo a la recomendación médica.

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La marcha peronista, que la pareja presidencial cantó al final del acto, la siguió como en voz baja, mientras a su alrededor había entonaciones efusivas. Y los custodios se concentraron más que nunca en abrirle camino sin que nadie lo molestara cuando se retiraba, por entre las tablas repletas de cables detrás del pesado cortinado del escenario.

Kirchner llegó puntual, a las 19, con la Presidenta. En el Luna Park ya estaba su hijo Máximo, de campera negra y jeans oscuros. A pesar de su bajo perfil, no podía estar ausente del acto que su agrupación, La Cámpora, compartió con el resto de la militancia kirchnerista. Reservado, no habló y se metió con su novia, Rocío García, al final del acto, en los camarines de la calle Madero.

La Presidenta innovó ayer con un discurso más desestructurado y un lenguaje acorde con el público joven. "Vos decidís dónde querés estar", arengó, y como parafraseando, aunque sin usar malas palabras, a Diego Maradona, Cristina Kirchner se despachó con un "y que sigan... criticando", dijo para reprochar a la oposición. En esa línea, no defraudó a sus seguidores: "¡Yo ya fui, hermano! ¡Esto es para ustedes!", le contestó a un militante que le gritó que el acto había sido organizado para homenajearla.

La Presidenta se rodeó por los líderes de las agrupaciones juveniles. Estaban con ella Juan Cabandié y Andrés Larroque, de La Cámpora; José Ottavis, de la JP bonaerense, y Mariano Recalde y Eduardo De Pedro, ambos directivos de Aerolíneas.

Críticas

A pesar del clima de campaña, que incluyó cantos con la consigna "Néstor Kirchner 2011", la Presidenta se apartó un poco y criticó duramente a la clase media, a la Justicia y a los empresarios. "Le quiero hablar a esa clase media tan volátil que muchas veces no entiendo y cree que separándose de los morochos le va a ir mejor", cuestionó.

En el día en que la Corte Suprema había tomado dos medidas que se interpretaron como un llamado de atención para el Gobierno, la jefa del Estado le envió otra advertencia al tribunal. "Esperamos que el Estado les garantice a todos los ciudadanos la igualdad ante la ley. Ya decidió el Poder Ejecutivo y el Congreso lo votó, acá nadie tiene coronita", sostuvo sobre la ley de medios, que debe resolver la Corte.

Ayer, el Grupo Clarín fue otra vez blanco de las críticas y silbidos de los militantes, y la Presidenta aportó lo suyo: "Hay una gran impunidad mediática. Esto es una democracia tutelada hasta que logremos la verdadera libertad de opinión".

También hubo críticas para los empresarios. "Aun aquellos que se quejan saben que nunca han ganado tanto como con este modelo", les dedicó la jefa del Estado.

Kirchner, mientras tanto, seguía cada palabra de su esposa. De vez en cuando se tocaba la nariz o recorría con la mano su corbata. Caminó poco y nunca hizo movimientos bruscos. Se fue rápido. Como si estuviera programado, ningún militante lo arengó para que hablara.

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