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Ciclismo urbano: ¿Por qué la bicicleta es el mejor transporte para la Ciudad de Buenos Aires?

Saludable, rápida y, sobre todo, limpia: la bicicleta es el gran medio de transporte de los tiempos que corren y Buenos Aires ya tiene 25 kilómetros de ciclovías. Cinco ciclistas nos cuentan por qué eligen pedalear.
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17 de septiembre de 2010  • 17:48

Por Lucila Rolón

Fotos de Tony Valdés

En línea con las grandes ciudades del mundo, Buenos Aires cuenta con su flamante red de ciclovías protegidas e integradas que unen sus diferentes puntos estratégicos, como Retiro, Constitución, Plaza Italia, Plaza Once, Puerto Madero, La Boca, Correo Central y Plaza de Mayo. El Gobierno porteño comenzó a implementar el Programa Bicicletas de Buenos Aires a principio de este año, como parte del Plan de Movilidad Sustentable. Su objetivo principal es fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico, saludable y rápido. Hasta el momento, hay construidos 25 kilómetros de ciclovías protegidas divididas en tramos: el primero, desde Plaza Italia hasta Retiro; el segundo, que atraviesa el núcleo de la ciudad; el tercero, desde Retiro hasta La Boca. Se estima que para principios de 2011, la red contará con 100 kilómetros inaugurados, hasta integrar Ciudad Universitaria. www.mejorenbici.gob.ar

Guillermo Dietrich (41)

Subsecretario de Transporte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


Tres mil ochocientos metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,2 kilómetros de trote. Esas son las distancias que completó Guillermo Dietrich cuando corrió el Ironman en Florianópolis, en 2005. Aquello fue, de verdad, extremo, pero Dietrich adora practicar todo tipo de deportes, incluso algunos más apacibles, y hace lo imposible para combinar su trabajo en la gestión pública con el surf, el kayak, el fútbol y diferentes carreras a pie o en bici que atraviesan desde las montañas mendocinas hasta la selva tucumana. Mientras tanto, en la ciudad, Dietrich también hace lo suyo. Inspirado en la experiencia de otras grandes metrópolis, como Copenhague o Barcelona, está impulsando el Programa Bicicletas de Buenos Aires desde su función como subsecretario de Transporte porteño: "Es la transformación más profunda que vamos a lograr para mejorar la movilidad de nuestra ciudad".

Un verdadero talibán de la bici, se lo puede ver cruzando el microcentro en dos ruedas, yendo del Ministerio de Desarrollo Urbano al Palacio de Gobierno o la Legislatura porteña en su traje moderno y atildado, pedaleando una plegable Dahon, con kit completo: casco, luces y un aro de pantalón. "Es el mejor accesorio para evitar que se me enganche la botamanga con la cadena y se me ensucie."

Subió a una bicicleta por primera vez cuando tenía 10 años. Empezó andando con su papá y con su hermano, y hoy comparte esa pasión con su propia familia. Los fines de semana, suele entrenarse desde temprano y no es raro encontrárselo corriendo por diferentes barrios de la ciudad, mientras se mide las pulsaciones con una mano y con la otra empuja la minibici de Hansy, su hijo menor.

Franco Fugazza (36)

Consultor en economía de servicios públicos.


Ni lo duda: se imagina pedaleando a los 80. Y se ríe de quienes alguna vez le dijeron que andar en bicicleta es una forma de no crecer. "¿No tenés aspiraciones?", llegaron a preguntarle. "No, no quiero un auto", les dijo. Franco Fugazza es de esos economistas que visten traje sólo cuando no tienen otra opción. Vive sus días lo más alejado que puede del yeite corporativo, salvo cuando se trata de viajes: en esos casos, se entrega sumiso a rumbos lejanos, como Marruecos u Holanda. Franco vive solo. Describe su vida como un bello desorden provocado por sus ausencias intermitentes y por la impronta bohemia de la que tiñe su tiempo libre. De un lado a otro, recorre bares, cines o casas de amigos, incluso de noche, sobre todo cuando hace calor y pedalear lo transporta a aquellos veranos infinitos de la adolescencia suburbana, sin responsabilidades. "Cuando hay buen clima y la ciudad parece vaciarse, es un placer andar en bici. Juntarse con amigos y pasear sin planear nada. Lo juro: el viaje es casi mejor que llegar a destino." Franco no entiende por qué la mayoría de la gente concibe la bicicleta como algo que se usa sólo por deporte o los fines de semana. Está seguro: "Deberíamos usarla más. Te da autonomía y libertad. Cuando pasa un largo tiempo en el que no la uso y vuelvo a pedalear, siempre pienso: ‹‹Qué bueno está esto. ¿Cómo no lo hice antes?››".

Hace 15 años, le regalaron su Zenith, y en 2001, se compró una cadena. La pagó el doble de lo que vale su bici. Es ancha, se ve fuerte. Parece la de una moto. "Esta es mi verdadera aspiración: que nadie me afane la bici."

Florencia Gabelli (29)

Vestuarista, diseñadora y música. Toca en las bandas Los Palos Borrachos y Warning with the Snake.


En 2008, se enamoró de Berlín. De viaje por Europa, Florencia Gabelli fue dejando parte de su corazón en la capital alemana al tiempo que apreciaba el pulso de la ciudad y sus habitantes sobre una bicicleta. "Volví decidida a usarla acá, todo el tiempo y para todo", recuerda, y lo viene cumpliendo. Desde su casa de Saavedra, pedalea hacia cualquier destino y, en general, suma por día alrededor de 25 kilómetros. Para ella es la solución a más de una preocupación. Desde las cuestiones más básicas, como el ejercicio físico o el ahorro de tiempo y de dinero, hasta las más reflexivas: "La bici es un medio de transporte sustentable. Usarla me hace sentir que estoy haciendo algo por mí y por el mundo en que vivo. Es una actividad que se lleva muy bien con la naturaleza. Te ayuda a conectar con lo más simple, a sentirte libre... ¡Eso es lo que mas me gusta!".

La bici de Florencia tiene más diez años, y desde entonces, la viene decorando hasta imprimirle su propio sello. Las flores blancas que abrazan el manubrio son el comienzo de un diseño que termina en la alforja que cuelga sobre el costado derecho de la rueda trasera. El cuero marrón canela hace juego con el asiento, un clásico Brooks inglés, una verdadera reliquia que se trajo de una feria de Berlín. Acaso una excusa, el truco perfecto para no olvidarse nunca de aquella ciudad a la que le encantaría volver.

Hernán Ferreirós (40)

Guionista, periodista y amigo de la casa (escribe en Brando, entre otras publicaciones). También hace guiones para televisión y radio.


Hernán Ferreirós se queja. Para él, la bicicleta es el modo más eficiente, cómodo, económico y enriquecedor para desplazarse por una ciudad. Sin embargo, cree que involucra cierto peligro: en Buenos Aires, ningún conductor espera encontrarse con algo que no sea un auto. "Creen que los ciclistas somos extranjeros ilegales en el asfalto." Todo al revés. Las calles fueron construidas originalmente para los ciclistas: en 1890, hubo tal furor por las bicicletas que comenzaron a pavimentarse caminos debido a su abundancia: "Hace falta mayor visibilidad de las bicis para lograr un cambio de mentalidad". Hernán cree que la resistencia latinoamericana a abrazarla como medio de transporte se debe a que durante el siglo xx, su uso cotidiano estuvo ligado a la clase trabajadora: "Para que la clase media se vuelque a la bici, hay que demostrarle que es cool". El anda en una Pashley Guvnor, una verdadera pieza de museo. Es un modelo de los años 30 que usaban los carteros británicos. A más de un bicicletero viejo se le han aflojado las piernas al ver el cuadro Reynolds 531, de acero, el material que por décadas fue utilizado para el chasis de los Jaguar. Su bici pesa 13 kilos, lo ideal para aguantársela en la ciudad. Tiene cambios internos Sturmey-Archer de tres velocidades que se pueden pasar con la bici detenida. Las llantas color crema –como las de comienzos del siglo xx– son Schwalbe. Lo único que le agregó al combo original fue una computadora wireless y una luz trasera. Eso y unas calzas del diseñador Juan Manuel Brandazza. Una bicicleta elegante: el medio de transporte perfecto para un caballero.

Lala González Villanueva (38)

Directora de cuentas asociada de la consultora Salem-Viale-González Villanueva.


Para Lala González Villanueva, combinar su vida profesional con su vida familiar fue realmente complicado. Su agenda de trabajo suele estar abarrotada de reuniones, y su jornada suele estirarse más allá del horario típico de oficina, sobre todo cuando se cuela algún evento especial al que no pueda faltar. Cuando llega a su casa y se baja de sus tacos altos, la tarea continúa: se encuentra con sus hijos (mimos, tarea, juego), luego cena, luego la pareja.

Contar con un momento del día propio, todo para ella, fue casi tan difícil como encontrar lugar para estacionar en el Microcentro. Hasta que pensó en su bici. Se recordó de pequeña, libre, andando una y mil tardes después del colegio, y no lo dudó. Compró una plegable rojo malbec y le dijo adiós a su auto durante la semana. "Salir de la oficina y subirme a la bici de regreso a casa es uno de los mejores momentos del día. Me permite desconectar de la rutina del trabajo y llegar a casa recargada de energía para encontrarme con mis hijos y mi marido." Lala descartó el gimnasio y las salidas a correr junto con otras actividades que la obligaban a restar tiempo a su familia. Pedalea media hora de ida y otra media de vuelta, a ritmo tranquilo, desde su casa de Recoleta hasta su oficina en Palermo. Ya no se estresa por el caos de tránsito ni reza para llegar a tiempo a las reuniones. A lo sumo, se queja de tanto en tanto, cuando pincha una rueda, lo que se transforma en tragedia si, encima de tener que inflarla hasta hacer el cambio, se le llega a romper una uña.

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