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Marketing de los vínculos

Magali Levinton y Diego Regueiro Para LA NACION
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14 de octubre de 2010  

Es cada vez más común ver en los programas de TV más exitosos cómo los escándalos de los famosos y artistas, los "realities" de la vida, ganan espacio y rating. Son un éxito de gente, de atracción y de miradas. ¿Por qué motivo el espectador promedio se siente tan atraído por cuestiones que pueden llegar a ser tan íntimas, pero al mismo tiempo tan ajenas?

Un ejemplo es un personaje televisivo que, al parecer, lo tiene "todo". Un personaje que expresa públicamente aquello que forma parte de su intimidad. Que muestra su casa, su hogar, sus hijos, su vida privada, sus amores y desamores, sus conquistas, sus peleas, sin que haya ningún límite de privacidad o pudor en lo que se muestra y expone.

Pero este ejemplo no es el único. Hay muchos otros: la madre que descalifica públicamente a su hija, el padre que cuestiona a su nuera, la hija que se desentiende de su madre, la amiga que no es más amiga, la ex que se pelea con la actual, etc. Todos estos conflictos son noticia. Son encuentros y desencuentros que se consumen y se compran ávidamente. ¿A qué se debe que estas historias sean tan atractivas? ¿Qué es lo que se pone en juego para la gente?

Una constante que se puede observar en estos casos, que se pone claramente en evidencia, son los vínculos íntimos entre estas personas. Los espectadores no pierden detalle de estas historias personales, las "creen" y, más interesante, las viven casi como propias.

Este querer saber, querer mirar y, por qué no, querer formar parte de la vida de otros estaría relacionado con la imposibilidad del encuentro con lo propio. Una dificultad que se acentúa en estos tiempos en los que el reloj marca un ritmo muy acelerado.

Es que en la actualidad la carencia en los vínculos permanece a la orden del día, aunque el espectador no esté advertido del todo. Este vacío lo impulsa a "comprar" lo ajeno. Se evidenciaría así un empobrecimiento en las relaciones íntimas, en la imposibilidad de formar lazos personales, en la dificultad de mirar a un par real, de carne y hueso.

Se elige establecer una relación pero a través de otros, reflejando la soledad y el vacío emocional de muchos. Podemos hablar entonces de una falla en los propios vínculos, que lleva a "engancharse" en los vínculos de otros.

Los medios sacan provecho de estas carencias y dan "letra" a lo que quiere la gente. La fantasía mediática parecería entonces llenar, aunque sea por un instante, ese vacío emocional. Vale más una hora del programa con más rating de la TV que el silencio y la mirada de alguien real, familiar, cercano.

Esta fantasía es, en definitiva, un engaño. Ninguna relación ajena puede reemplazar la vida propia ni ocupar espacios que son personales. Quien compra la novela televisiva sigue siendo prisionero o presa de su propia desdicha, que ningún vínculo externo puede reemplazar.

Encuentro con lo extraño y desencuentro con lo más íntimo son, en definitiva, ejemplos que reflejan lo que sucede con los vínculos propios y ajenos. © LA NACION

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