Telefonía: un monopolio que no es monopolio

Víctor A. Beker Para lanacion.com
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16 de octubre de 2010  • 00:31

El 12 de octubre, en ocasión de celebrarse un nuevo aniversario del Descubrimiento de América por el ítalo-español Cristóbal Colón, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) adhirió a la celebración emitiendo un dictamen por el que declara que la adquisición de Telecom Italia por Telefónica de España no afecta la competencia en el mercado telefónico argentino.

Sorprendentemente, el dictamen cuenta con 542 fojas, todas ellas destinadas a fundamentar la conclusión principal: "En síntesis, la presente operación tal como fuera expuesto a lo largo del presente dictamen afecta negativamente la competencia en los principales mercados relevantes del sector telecomunicaciones así como las posibilidades de desarrollo competitivo de mercados convergentes. Por ello tiene un impacto negativo desde el punto de vista de la competencia en todo el sector, generando consecuencias negativas y claramente lesivas al interés económico general tanto a corto como a mediano y largo plazo".

Estimado lector, no hay ningún error de transcripción, simplemente que en un giro copernicano en la argumentación la CNDC concluye que el compromiso presentado por las partes "limitaría los efectos claramente nocivos y/o lesivos para la competencia que tal operación trae aparejada".

El tema merece un análisis que excede al de una columna. Pero sí cabe señalar al menos cómo debería encararse el tema.

En primer lugar, el análisis de la CNDC parte de una definición de mercados relevantes absolutamente obsoleta. Ya en un trabajo realizado sobre el tema para la New York University en 1999 señalé que la competencia en el mercado telefónico debía realizarse considerando al mismo en su conjunto: telefonía fija y telefonía inalámbrica. Si bien en aquel entonces el concepto era absolutamente novedoso, hoy no cabe duda que la telefonía móvil es el gran competidor de la fija.

Sin embargo, la comisión rechaza explícitamente este enfoque al negar que la telefonía móvil sea un sustituto de la fija.

Este punto de partida erróneo invalida buena parte de la argumentación que lleva a concluir que la empresa adquirente (Telefónica de España) en última instancia pasaría a tener control sobre el 90% de las líneas en servicio del país.

Por su parte, las entidades de defensa de los consumidores, que han objetado el dictamen de la Comisión, deberían tener en cuenta que hoy la garantía de que exista competencia en el mercado telefónico parte de asegurar la competencia en la telefonía móvil.

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