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Entre dos mundos

El autor de Cartas al Rey de la Cabina cuenta que muchas veces va a las escuelas a leerles sus textos a los chicos "para conocer la emoción y el ritmo de sus pensamientos"
Graciela Melgarejo
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29 de octubre de 2010  

Cuando nos disponemos a leer, todo lo que podemos saber sobre el libro que tenemos en las manos queda atrás, pierde importancia, y eso está muy bien. Hay libros que se leen muy rápido; generalmente, las novelas policiales o las románticas, las biografías y algunas novelas históricas también. Hay otros (en primer lugar, los libros de poemas), en cambio, que son para leer de a poco: un poquito todos los días, y aun para releer ese poco y recién después seguir adelante.

Esta es, desde luego, una opinión muy personal, pero probablemente los lectores de Cartas al Rey de la Cabina (Fondo de Cultura Económica) coincidan en que este libro pertenece a esa arbitraria segunda categoría. Cada línea de texto, y no es un poema, tiene su razón de ser en la página, y cada repetición nos vuelve un poco atrás en esta historia de amor, de persecución y de separación. Algo de las tres situaciones se entremezcló en la escritura de este nuevo libro de Luis María Pescetti.

Pescetti es lo que con cierta ligereza y demasiado a menudo los periodistas calificamos como "un autor de éxito, consagrado por el público". Sin embargo, en este caso el lugar común está ampliamente justificado (ver recuadro), tanto por la cantidad como por la variedad y la calidad de su producción. Sin embargo, Cartas al Rey de la Cabina es una obra diferente en la larga lista de títulos de su autor. Quizás haya influido el momento en que surgió y el tiempo que le llevó llegar al libro ya como objeto.

"Los libros tienen dos tiempos: el concreto, el de la escritura (en este caso, un año y medio), y el de la maduración (cinco o seis años para éste), desde que uno lo empieza hasta que encontrás el final", señala Pescetti. Pero este proceso coincidió con la vuelta a la Argentina, su país natal, en 2001, después de haber fijado residencia durante doce años en México. Exactamente cuando Domingo Cavallo acababa de asumir como ministro de Economía de De la Rúa. Una experiencia que, curiosamente, se relaciona con su forma de entender la escritura.

"Para mí, parte del proceso de escribir tiene que ver con transcribir un estado de conciencia que incluye una emoción (con el riesgo de que, por el tiempo transcurrido, se vaya de las manos esa emoción) y una visión, una mirada, como cuando se tiene una vista panorámica sobre una ciudad o un campo, pero sobre algo que ocurrió en tu vida. Una mirada comprensiva e instantánea sobre hechos que sucedieron muchos años atrás. Desde ahí se escribe, desde esa mirada más abarcadora."

"Pequeña serpiente azul"

La historia es aparentemente sencilla: en 22 cartas, Paloma, la jovencísima protagonista, va contando su amor por un hombre más grande que ella, Antonio, que para escapar de ese amor que juzga imposible se refugia en lo alto de la lejana cabina de una grúa. Ante el primer desengaño amoroso de su vida, Paloma va escribiendo cartas para tratar de entender por qué su amor la abandona. Es un largo monólogo que se va desgranando por las calles del barrio, llega hasta el cementerio, recorre un desarmadero de autos y vuelve una y otra vez, de manera obsesiva, al objeto de su persecución.

Y es la "pequeña serpiente azul" de la tinta sobre el papel el tenue lazo que los une.

-¿Por qué Paloma escribe cartas? Ya no es habitual.

-Me interesaba mostrar esa "intensidad de la conciencia", como dice Susan Sontag, esa intensidad embriagadora del enamoramiento, de un amor correspondido pero que finalmente no es aceptado. Además, yo escribo sobre momentos de la infancia, pero no necesariamente para chicos (cuando leés un buen libro infantil, repasás tu infancia). Yo estudié música y siempre la partitura guarda alguna analogía con lo que va a sonar. Hay algo muy plástico en una partitura. Y las cartas tienen algo de partitura; el contenido no es el mismo si escribís a mano, es distinto de escribir en el teclado. Hay mucha sensualidad en las cartas de Paloma, el papel estuvo en sus manos; y cuando te equivocás ya es irreversible, hay que tachar, quedan marcas. Y ésta es la primera marca en la vida de Paloma.

-Y ese hombre allá arriba, como ella escribe, "Tú / (tan alto) / que ves todos los techos, / todas las cabezas y los hombros / y la carga que llevan los camiones. / El lado de arriba de las nubes", también está viviendo su propio proceso.

-Es un libro en torno de las huellas, pero fuera del tiempo, como el enamoramiento. Es una historia con muchas marcas; en el desarmadero, por ejemplo, están las huellas de las otras vidas. Está también la transición entre la adolescencia y la juventud. Paloma se sitúa en el momento preciso en que los jóvenes cuestionan todo, se proponen escribir nuevas reglas, porque uno está fundando las reglas de la propia vida.

-Se recomienda siempre no hacer arqueología de la obra literaria, pero precisamente este libro, su génesis, coincide con el momento de tu regreso a la Argentina.

-Yo llegué con más de la mitad del libro escrito, pero eso no quiere decir acabado. En la Argentina fue como empezar de cero; además, como decía el escritor y columnista político mexicano Germán Dehesa, con "la casa sin los andamios". Pero también está la situación de escribir como un extranjero (como era yo en México) y ser un hombre que escribe con la voz de una mujer, es decir, un segundo desdoblamiento. Hay un libro de John Berger, Lila y Flag , que a mí me gusta mucho, donde ocurre esto, y también me gusta cuando Chico Buarque canta como una mujer.

En la parte más lejana del mundo

La intensa melancolía de la historia de Paloma y el Rey de la Cabina encontró un continente ideal, porque el libro como objeto es excepcionalmente bello. Perteneciente a la colección A la Orilla del Viento del FCE, con un papel de gran calidad, que permitió al ilustrador N. T. dar rienda suelta a su imaginación y usar distintos colores para las páginas, de acuerdo con las diferentes etapas de la historia de amor. Amarillo, magenta, amarillo más fuerte, negro y finalmente blanco, para la despedida: "Voy a enterarme de qué trata la soledad, ahora, / y que el vacío de no tenerte, ni esperarte / busque, / o me lleve, / o sea lo que sea. / Adiós, en quien te conviertas".

-Es muy interesante seguir la figurita de Paloma bajo la lluvia, vista como desde arriba.

-Hay un enorme idealismo en el libro. Y cuando apareció por fin el ilustrador, fue él quien eligió la mirada desde arriba. Porque todo está visto desde la cabina del conductor.

Luis María Pescetti tiene también su sitio en la Web: www.luispescetti.com , y un blog , al cual ya llegaron las primeras opiniones de sus lectores. Una situación que marca, también, el cambio de época: "Con el libro puede pasar mucho tiempo antes de que te enteres si gustó, y a veces eso no llega nunca. El blog se parece mucho a la radio y al café-concert. Tiene esa misma inmediatez en las respuestas del público; uno recibe una orientación que le va diciendo por donde pasa el interés de la gente. Se establece una relación más personal. Y esta situación nutre mucho emocionalmente, porque escribir o componer son tareas solitarias. Viene bien nutrirse, como decía Maiakovski, con el entusiasmo, con la devolución de un texto que ha sido leído por otro. Porque el trabajo de escribir es reflejar, ser un espejo inteligente que entrega a su vez una devolución procesada".

En busca de ese entusiasmo, muchas veces Pescetti va a las escuelas para estar con los chicos y leerles sus textos, para conocer "la emoción y el ritmo de sus pensamientos". Los chicos, hoy, "viven más una bajada de línea que experiencias de pares. Compartir con pares es enriquecedor y aliviador, y los chicos necesitan eso; es lo que yo trato de reflejar cuando escribo para ellos".

Cartas al Rey de la Cabina se abre con una larga cita de un texto del maestro del haiku, Basho (1644-1694), tomado de su relato de viajes Sendas de Oku . Vale la pena transcribir la frase final, porque en ella está encerrada parte del secreto de esta nueva obra del maestro Pescetti: "Premios de las peregrinaciones. El placer de vivir me hizo olvidar el cansancio del viaje y casi me hizo llorar".

© LA NACION

MAESTRO, MUSICO, ESCRITOR...

Luis María Pescetti nació en San Jorge, provincia de Santa Fe, en 1958. Con estudios de musicoterapia, música y pedagogía, trabajó como docente al principio y luego se dedicó -sigue haciéndolo- a actuar y a escribir para los niños y para los adultos. Un poco ciudadano del mundo, se presentó en teatros, radio y TV (ahora participa del programa para chicos Permitido estacionar de Canal 7) en la Argentina, México, Cuba, Chile, Estados Unidos y Colombia. Entre sus obras más conocidas están, por supuesto, la serie de libros dedicados a la inquieta y divertida Natacha, e Historias de los señores Moc y Poc , Caperucita tal como se la contaron a Jorge y La fábrica de chistes . Entre otros premios, en 1997 ganó el Casa de las Américas con su novela para adultos El ciudadano de mis zapatos . Tiene editados seis CD: El vampiro negro , Cassette pirata , Bocasucia , Qué público de porquería y Antología , y dos DVD: No quiero ir a dormir y Luis te ve ; también ganó el Premio Gardel 2008 por Inútil insistir , y actualmente está nominado para los Grammy latinos 2010 por un disco doble que se lanzó en Colombia el año pasado.

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