Las dos internaciones, un preámbulo del fatal desenlace

La obstrucción carotídea y el accidente coronario fueron señales de una patología que no perdona
Nora Bär
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28 de octubre de 2010  

Con o sin síntomas, cesa abruptamente el flujo sanguíneo. Carentes de oxígeno, las células cardíacas dejan de contraerse y relajarse acompasadamente, y sobreviene la anarquía en los circuitos eléctricos del corazón. El corazón no se contrae de manera eficaz y no tiene fuerza para bombear sangre al resto del cuerpo.

"En ese momento, no hay más de tres o cuatro minutos para actuar", dice el doctor Luis De la Fuente, responsable del Departamento de Cardiología Intervencionista de la Clínica y Maternidad Suizo-Argentina.

El infarto, causa del paro cardiorrespiratorio que ayer determinó la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, es un cuadro conocido en los servicios de emergencia del país: se producen casi cinco por hora y 109 por día. Se origina en la misma patología -la aterosclerosis- que explica tanto la oclusión de la carótida que había padecido en el mes de febrero (y que había requerido una endarterectomía de urgencia), como el accidente coronario ocurrido hace alrededor de un mes y medio, que exigió una segunda intervención y la colocación de un stent.

Con estos antecedentes, el marido de la Presidenta transitaba por una zona de alto riesgo. La literatura médica advierte que prácticamente el 50% de los pacientes que debutan con un accidente carotídeo tienen una placa [ateroma o acumulación de colesterol y otras células] peligrosa en el árbol coronario, probablemente en un sitio distante del original. Y según explica el doctor Enrique Gurfinkel, jefe del Departamento de Ciencias Cardiovasculares de la Fundación Favaloro e investigador del Conicet, en pacientes a los que se les practicó una angioplastia, se sabe que hay por lo menos otra placa adicional de características peligrosas, lo que indica que existe un porcentaje nada despreciable de sujetos en los que puede presentarse una nueva complicación.

"El cúmulo de eventos cardiovasculares que sigue a un accidente cardíaco se acumula en los siguientes cuatro meses -dice Gurfinkel-, pero la mayoría de los pacientes atraviesa ese lapso bien porque suele adherir a las recomendaciones médicas. El miedo es buen consejero..."

Para los médicos, sin embargo, en el caso de Kirchner numerosos caminos conducían a este lamentable desenlace. "Era un hombre hipertenso, lo que agrega otro factor de riesgo -explica el especialista-: a medida que se incrementa la presión, aumenta el riesgo de accidente vascular."

La última complicación puede haberse vinculado con una obstrucción del stent que ya le habían colocado o con una placa distante. En el primer caso, porque el stent recién insertado necesita un período de "reposo", ya que puede ser trombogénico. "Se puede volver a hacer una actividad normal, pero con prudencia -dice Gurfinkel-. Esto no sólo vale para los presidentes o los políticos, sino para todo el mundo."

También pudo ocurrir que estallara otro «volcán», otra placa activa que había permanecido sin tratamiento.

Para el doctor Alberto Alves de Lima, del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, estaba anunciado: "Tuvo dos avisos -dice-. El eje de la respuesta a un tratamiento depende de la persona y de un cambio de comportamiento. El estrés produce liberación de sustancias como la adrenalina, las catecolaminas, el cortisol, mayor predisposición a la agregación plaquetaria... que son estimulantes del aparato cardiovascular, provocan aumento de la irritabilidad del músculo cardíaco y de las arterias coronarias. Esto predispone a padecer accidentes de placa que desencadenan el infarto".

Llegado a ese punto, cada minuto de retraso en la aplicación de la resucitación reduce un 10% la posibilidad de éxito. Y si falta irrigación cerebral durante 20 minutos, el daño es irreparable.

Para Liliana Grinfeld, jefa de Hemodinamia del Hospital Italiano, lo más preocupante es que en el país falten personas entrenadas en las maniobras de resucitación y sitios cardioprotegidos. "Los hoteles no tienen desfibriladores, los aeropuertos tampoco... -dice-. Esto le puede pasar a cualquiera. El 80% de las muertes súbitas son de origen cardíaco."

"El corazón no distingue entre actividad física y psíquica -concluye Gurfinkel-. Cualquier médico sensato conoce las reglas del juego de esta patología."

Por: Nora Bär
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