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Delirante mirada de lo político

Carlos Pacheco
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31 de octubre de 2010  

La anticrista y las langostas contra los vírgenes encatritas . Autor y director: Gonzalo Demaría. Intérpretes: Omar Calicchio, Daniel Campomenosi, Marco Antonio Caponi, Gerónimo Espeche, Alejandro Ibarra, Jorge Priano, Pedro Velázquez, Hernán Vives y Fanny Bianco. Música: Hernán Vives. Coreografía: Alejandro Ibarra. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Pelucas: Alejandro Granado. Preparación vocal: Lucila Gandolfo. Asistente de dirección: Florencia Ravera. En IMPA La Fábrica (Querandíes 4290). Los lunes, a las 21. Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Una vieja gobernadora de provincia, desolada y maltrecha, comprueba que los territorios bajo su gobierno han sido diezmados por las langostas. En el campo arrasado, sólo un trío de jóvenes hombres vírgenes pueden ayudarla a salvar su vida y algo de un honor resquebrajado. Un pacto con el diablo, un mundo opresivo que se ha ido destruyendo de a poco, una locura extrema dominando a un cúmulo de personajes que, va y vienen por la escena, intentando esclarecer lo que muchas sombras opacan.

Escrita en verso, la delirante obra de Gonzalo Demaría se burla, y en ello impone una feroz crítica, a una forma de hacer política: despótica, aberrante, que no incluye a una sociedad entre sus objetivos sino que, solamente, busca dar aliento a una vida personal que, claro, no logrará su cometido si no es a través de la destrucción de los otros.

Escapados de un mundo sin sentido, los personajes de La anticrista? no son más que verdaderos arquetipos de una realidad no deseada, aunque lamentablemente conocida. Su sola presencia y sus parlamentos, si en un primer momento divierten, poco a poco los tornan seres detestables que alimentan unos deseos impuros, atemorizan con sus reacciones y resultan ejemplo de una construcción política cuya perversidad es incomprensible.

El delirio avanza mientras la acción progresa y, ese mundo sombrío que se construye a través de una destacada teatralidad, alcanza niveles de patetismo extremo.

Juego

Un trabajo sumamente rico en el que la totalidad del elenco demuestra una muy interesante adhesión al juego propuesto por Demaría. En lo actoral no asoman fisuras, por el contrario, esos personajes adquieren siempre una carnadura muy provocadora. El verso fluye de manera natural, la música promueve destacados climas y los intérpretes se entregan a construir tanta vanalidad con una notable capacidad.

Omar Calicchio, en el rol de la gobernadora, compone a una criatura deliciosa, aunque su maldad sea mucha. Magnífico protagonista, hace de esa mujer un ser realmente desalmado para quien vicios, placeres y mentiras forman parte de un código de vida que cree que la enaltece.

El espacio del tercer piso de la fábrica IMPA resulta el ámbito ideal para esta experiencia. La escenografía y la iluminación de Gonzalo Córdova exponen una síntesis muy atractiva que posibilitan la construcción de imágenes muy potentes. A su vez, el vestuario de Sofía Di Nunzio da muestras de mucha creatividad, también, y la música de Hernán Vives completa con mucha solidez este cuadro provinciano que sorprende por su planteo desaforado.

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