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La ESMA fue el centro de su poder y del horror

Por ese campo de detención pasaron unas 5000 personas; la mayoría permanece desaparecida
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9 de noviembre de 2010  

La Escuela de Mecánica de la Armada era el centro de poder político del ex almirante Emilio Eduardo Massera. Lo que fue el lugar de estudio de los suboficiales que pretendían formarse en los rudimentos de la náutica a comienzos del siglo XX se convirtió en la principal cárcel clandestina y patíbulo entre 1976 y 1979 por donde pasaron más de 5000 detenidos durante la última dictadura militar. El 90 por ciento de ellos murió o está desaparecido.

Cerrada por Raúl Alfonsín tras asumir la presidencia, hoy el edificio que se alza sobre la avenida del Libertador, en el borde de la ciudad de Buenos Aires, antes de llegar a la General Paz, es el Museo Nacional de la Memoria, un espacio destinado a no olvidar lo que ocurrió allí.

El informe de la Conadep, Nunca Más, entendió que el lugar "no sólo era un centro clandestino de detención donde se aplicaban tormentos, sino que funcionaba como el eje operativo de una compleja organización que incluso posiblemente pretendió ocultar con el exterminio de sus víctimas los delitos que cometía".

Lo esbozado en ese trabajo, base para condenar a los ex comandantes de las Juntas Militares en 1985, incluido Massera, se está revelando ante los ojos de la Justicia, mediante el relato de los testigos que declaran todos los días en causas por los crímenes cometidos allí.

Fue el centro de operaciones de los Grupos de Tareas 3.3.3 y 3.3.2, que formó personalmente Massera, quien arengó a los oficiales antes de salir en busca de prisioneros. Lo integraban Rubén Jacinto Chamorro Jorge "El Tigre" Acosta, Alfredo Astiz, Ricardo Miguel Cavallo y Adolfo Scilingo, entre otros.

El Casino de Oficiales, utilizado por el Grupo de Tareas 3.3.2, fue el espacio central de alojamiento y tortura de los secuestrados. Posee tres plantas. Allí los detenidos eran alojados en el tercer piso, denominado "capucha". También en un altillo, denominado "capuchita", y en el sótano. Desde este lugar "trasladaban" a los cautivos. Ese eufemismo era utilizado para sacar a los prisioneros que, previa inyección de un somnífero, eran subidos a aviones navales y arrojados al Río de la Plata. Eran los llamados "vuelos de la muerte".

En el tercer piso se encontraba "La pecera", donde funcionaban oficinas, la biblioteca y el archivo y, además, se encontraba "El pañol", que era usado como depósito del botín de los saqueos de las casas de las personas secuestradas. En el sótano, en el tercer piso, y en "capuchita" existieron habitaciones destinadas a los interrogatorios y a las torturas. Entre los detenidos estuvieron las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet. Rodolfo Walsh fue asesinado por el grupo de tareas que operaba desde el lugar.

Funcionó una maternidad clandestina donde nacieron muchos hijos de desaparecidos. Algunos pudieron recuperar su identidad, pero otros aún no saben su origen. Allí se confeccionaban documentos de identidad falsos. Los prisioneros sacaban fotos de los cautivos y algunas de ellas son prueba en los juicios.

El 10 de agosto de 1978, Massera invitó a Patricia Derian, subsecretaria de Derechos Humanos de Estados Unidos durante el gobierno de Jimmy Carter, a la ESMA. Sabía que existía el campo clandestino, pero habían enviado a los detenidos al sótano. La funcionaria le dijo a Massera: "Tengo un esquema del piso que está debajo de donde nos encontramos y creo que es posible que mientras nosotros hablamos en el piso de abajo se esté torturando".

Según el libro El Dictador , de los periodistas María Seoane y Vicente Muleiro, Massera sonrió y respondió mientras hacía el gesto de lavarse las manos: "¿Usted recuerda lo que pasó con Poncio Pilatos?", y culpó al Ejército por los "excesos".

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