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Medio Oriente no está tan lejos

Iván Petrella, Para LA NACION
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15 de noviembre de 2010  

Reducida a su esencia, la política exterior tiene tres partes: la identificación de los nichos políticos, económicos y culturales que un país puede llegar a ocupar en el mundo; la elaboración de estrategias de ocupación de esos nichos, y finalmente la ejecución del plan. Por ello, un elemento anterior a los tres es el seguimiento de los grandes temas de la agenda mundial, ya que la acertada participación en éstos es lo que levanta la imagen de un país y posee un efecto derrame para el posicionamiento regional y las subsecuentes negociaciones políticas y comerciales de todo tipo.

La nueva ronda de paz en el conflicto palestino-israelí impulsada por el gobierno de Estados Unidos con el apoyo de los países de la región provee una oportunidad para que la Argentina, contribuyendo al proceso de paz, ocupe un nicho político y económico de gran importancia estratégica. Esta contribución es especialmente sensible en un momento en que no queda claro si las negociaciones prosperarán o si, como en tantas otras oportunidades, no se lograrán mayores avances.

La contribución argentina podría componerse de distintos elementos. Por ejemplo, medicamentos y alimentos. Se podría también ofrecer Cascos Blancos; no son tantos los países que tienen con experiencia real en zonas de combate. Finalmente, la propuesta más audaz sería descomprimir la situación de los refugiados ofreciendo que un número por determinar sea recibido en nuestro territorio. Siguiendo con nuestro tradicional rol de articulador de los intereses de la región, todas estas opciones se deberían en un principio impulsar en alianza con países vecinos, como Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. De no encontrar respuesta, se debería hacer de manera independiente.

Tal vez, algunos se preguntarán por qué nuestro país tiene que jugar un rol en el Medio Oriente. Hay por lo menos cinco razones. En primer lugar, la Argentina es el país con mayor número de judíos y de musulmanes de toda América latina. A su vez, la comunidad judío-argentina en Israel es de las más numerosas, activas y talentosas y, además, mantiene intactos sus vínculos con el país. Hemos sido y seguimos siendo un ejemplo de convivencia pacífica y fructífera. Ante el atentado del 11 de septiembre de 2001, la Argentina fue el primer país en emitir un comunicado de condena al acto y de apoyo a los Estados Unidos, firmada por los líderes de las tres religiones de raíz abrahámica. Los conflictos entre y dentro de las religiones nos conciernen por nuestra composición religiosa y porque somos una sociedad que apoya el pluralismo religioso.

Luego, la diplomacia argentina ya ha cumplido un papel destacado en la búsqueda de paz en el Medio Oriente. Principalmente, la resolución 242/67 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue inspirada en una iniciativa argentina. Esta es la resolución que, aun hoy, marca las pautas necesarias para una futura paz en la región (fronteras seguras, devolución de territorio y el estatus de los refugiados). Ese fue el plan que la delegación argentina presentó al Grupo Latinoamericano y éste a la Asamblea General para que después la delegación británica lo llevara al Consejo de Seguridad. El país ya ha tenido un papel destacado en la búsqueda de paz en la región, no existen razones para no volver a tenerla.

En tercer lugar, el mundo islámico va adquiriendo creciente importancia en cuestiones económicas. El informe de Goldman Sachs The N-11: More Than an Acronym resalta once países -Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Paquistán, Filipinas, Corea del Sur, Turquía y Vietnam- como la segunda ola de países BRIC. Siete de los once son países de mayoría musulmana. Contribuir de manera sincera y activa al proceso de paz en un área de gran potencial económico a futuro, que es además de peso estratégico para las principales potencias del mundo desarrollado, nos volvería un interlocutor privilegiado de las dos partes (por un lado, de una región en auge y, por el otro, de los líderes del mundo occidental).

Además, el acercamiento político al N-11, a Medio Oriente y a los países del Primer Mundo que surgiría de la participación argentina en el proceso de paz mejoraría la imagen del país, nos presentaría como un socio responsable para la resolución de conflictos internacionales y facilitaría futuros acuerdos comerciales, políticos y tecnológicos que son la base para el desarrollo a largo plazo.

Por último, se trata de un ejemplo de lo que una posible sumatoria de países a favor de la paz en Medio Oriente podría hacer; única manera, además, de lograr una genuina desnuclearización en ese escenario. Habiendo sufrido atentados en nuestro suelo, bien sabemos que la paz en Medio Oriente no es un problema meramente regional. Es un problema global y toca a todos contribuir a una solución.

A la política exterior argentina hoy le falta la visión necesaria para identificar y aprovechar las oportunidades políticas que el mundo nos ofrece. Esta es una. Tomar esta oportunidad nos posicionaría favorablemente en el mundo que se viene y además se corresponden con nuestras tradiciones democráticas, religiosas y de apoyo a los derechos humanos.

© La Nacion

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