LA NACION llega hoy a las 50.000 ediciones

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
Desde su fundación, en 1870, recorrió un camino pleno de cambios y desafíos para reflejar de la mejor manera el país y el mundo
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28 de noviembre de 2010  

La Nacion cumple hoy 50.000 mañanas junto a sus lectores, con los mismos sueños expresados en aquel primer ejemplar del 4 de enero de 1870, pero con renovados desafíos, propios de un mundo muy diferente de aquel en que este diario nació hace casi 141 años.

La Argentina de entonces tenía apenas algo menos de 1.900.000 habitantes. Era un país que estaba dejando atrás las luchas y las convulsiones internas que precedieron a la organización nacional, un país que comenzaba a disfrutar de las bondades del sistema republicano, de la creciente apertura al mundo y del progreso.

En ese contexto, Bartolomé Mitre, que había dejado de ser presidente de la República en 1868, decidió, a los 48 años, fundar La Nacion. El mismo fervor que en su juventud lo llevó a enfrentar la tiranía lo condujo a continuar su empresa civilizadora y sus ideales de libertad y progreso desde las páginas de un diario, cuyo inicio pudo costear merced al remate de sus muebles de lujo y algunos de sus libros, además del apoyo de amigos como José María Gutiérrez, Rufino y Francisco de Elizalde, Ambrosio Lezica, Juan Agustín García, Delfín Huergo, Adriano Rossi, Cándido Galván y Anacarsis Lanús.

Desde el primer número, su fundador aclaró que La Nacion sería un medio más doctrinario que político, guiado por principios permanentes antes que por cuestiones circunstanciales. El espíritu de tribuna de doctrina ha sido desde entonces un irrenunciable compromiso. Y lo seguirá siendo.

Claro que, al margen de ese compromiso, este diario no hubiera registrado el crecimiento que experimentó sin un afán de modernizarse continuamente y de responder a las renovadas exigencias de su público en cada época.

A lo largo de su historia, La Nacion procuró siempre contar con las mejores plumas del mundo, tanto para el análisis de los cambios políticos y sociales como en el campo de las letras, la filosofía, la ciencia y el arte.

Así escribieron en sus páginas figuras de la talla de José Martí –corresponsal de este diario en Nueva York–, Mark Twain, Albert Einstein, G.K. Chesterton, H.G. Welles, Thomas Mann, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges, Ricardo Rojas, Eduardo Mallea, Ezequiel Martínez Estrada, Victoria Ocampo, Alberto Gerchunoff, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz, Gabriel García Márquez y el último premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.

La calidad informativa, la confiabilidad, la credibilidad y el prestigio son los pilares sobre los cuales se asienta cualquier negocio periodístico. Pese a todas las equivocaciones que pudo haber cometido una empresa formada por seres de carne y hueso, nunca se perdieron de vista aquellos ejes como la esencia del buen periodismo.

Fueron esa visión y la fidelidad a su ideario la clave para que La Nacion sobreviviera a cinco clausuras y a no pocos intentos de censura.

Siempre presente

El diario estuvo presente, a través de corresponsales o enviados especiales, en los principales hechos internacionales acontecidos en su casi siglo y medio de existencia; acompañó con entusiasmo las nuevas tendencias y los intereses de sus lectores; amplió en forma permanente sus suplementos y secciones, generó nuevos productos e innumerables fascículos coleccionables.

Sus redacciones atravesaron la sucesiva competencia de la radio y de la televisión, con su envidiable inmediatez, que forzó a los diarios a profundizar en el análisis de la noticia como una forma de diferenciarse de los medios audiovisuales.

Distintas generaciones de periodistas afrontaron también distintos cambios tecnológicos, que derivaron en gigantescos procesos de capacitación laboral, que en los últimos años, merced a la revolución tecnológica, se convirtieron en permanentes.

La composición de la planta de la Redacción también cambió drásticamente. Quien esto escribe recuerda que, cuando ingresó al diario, allá por 1986, podía contar con los dedos de sus manos la cantidad de mujeres y de universitarios con estudios completos. Un cuarto de siglo después, el número de representantes del sexo femenino prácticamente supera al de los hombres y la nueva generación de periodistas llega con un título de posgrado universitario bajo el brazo.

En una sociedad cada vez más dominada por la tecnología, el acceso al verdadero conocimiento dependerá en medida no menor de la capacidad del buen periodismo para poner en orden la avalancha informativa y para ser un espejo de los complejos aspectos de una comunidad. Tal vez de ese modo puedan aventarse los fantasmas que escondían unos versos de T.S. Elliot que solía recordar Borges: “¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento y dónde está el conocimiento que perdimos con la información?”.

Finalmente, la amenaza en la que Internet prometía transformarse para el diario terminó siendo su gran aliada, de la mano de la integración de los nativos digitales y de los periodistas a la vieja usanza que hoy trabajan codo a codo en el diario tradicional y en la edición online. A tal punto que los lectores de la edición electrónica ya superan 1.600.000 por día en promedio y, pese a los pronósticos sobre la muerte de los diarios en papel, nuestra edición dominical ha superado recientemente el récord de 320.000 ejemplares vendidos.

¿El secreto? Escuchar cada vez más a nuestros lectores y asumir los riesgos del cambio con la seguridad de las propias convicciones, las mismas que, 50.000 ediciones atrás, llevaron al fundador de La Nacion a iniciar esta fantástica aventura.

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