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Un adiós adelantado

Superados por mucho en el juego, los Pumitas cayeron en los cuartos de final
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30 de marzo de 1999  

NEWPORT, Gales (De un enviado especial).- Víctimas de un rival superior en varias facetas del juego y rehenes de una alarmante indisciplina rugbística, para los Pumitas no cabía otro desenlace que la derrota. Tan lapidaria como mentirosa en los números: 29 a 5 en favor de Gales en un partido por los cuartos de final del Mundial Sub 19; pero la distancia pudo haber sido mayor, de no haber mediado dos factores concurrentes: el desesperado tackle de los argentinos y las imprecisiones locales en los últimos metros de la cancha.

Nada que objetar, entonces, sobre los merecimientos de los muchachos galeses, que desde el minuto cero demostraron una neta superioridad, algo para nada sorpresivo si se evaluaban los respectivos rendimientos que ambos seleccionados habían tenido en el debut.

De cualquier modo y a pesar de mandar desde el comienzo, Gales se demoró en abrir el tanteador por los penales desviados de su apertura Sweeney y por las oportunidades de try desperdiciadas a centímetros del in-goal (también hubo algunos tackles salvadores de Borges, de Acuña o de Lauría).

Los Pumitas no olían la pelota y vivían cometiendo infracciones, casi siempre infantiles y groseras. Y cuando de casualidad tenían alguna formación a favor, las inconductas propias hacían que el árbitro francés Joel Jutge cambiara el fallo.

Arrinconados (por mérito del rival o por descontrol propio), abusaron del pie, para el promisorio fullback Rhys Williams se hiciera un festín con esas patadas improductivas. Además, los galeses reponían gente en ataque con una facilidad admirable: en cada réplica se venían de a cinco o seis.

Lo que se relata a continuación sirve para tener una idea de lo fue el desigual desarrollo. Iban 25 minutos del primer tiempo, scrum a favor, pero Gastaldi comete el desliz de aplicar un cabezazo: penal en contra y tarjeta blanca para el pilar de Hindú, obligado a dejar la cancha por 10 minutos cruciales... De inmediato, Borges se queda corto con un kick y la respuesta galesa esa contundente: try en la otra punta a cargo del velocísimo Johnson. Cinco minutos más tarde, la misma película: penal en contra por pisar a un rival y Gales que golpea a su manera, con otro try de Johnson para el 13-0 parcial.

Nada cambia para la segunda parte. Los locales se pierden tries por milímetros, durante 20 minutos los Pumitas aguantan como pueden y patean idem, es decir mal. Juegan siempre dentro de sus 25 yardas. Un penal de Sweeney pone el 16-0, a la salida posterior se pasan los forwards: scrum para Gales, escapa por la base Powell y Williams corre media cancha para el tercer try. Asunto concluido.

Los Pumitas se asemejan mucho a los Pumas mayores cuando se encuentran ante una oposición superior; avanzan con los forwards, ciegamente, con imprecisiones; ganar un centímetro les cuesta una enormidad hasta que pierden la pelota. Pero una vez aciertan en tres pases y Nazur marca el único try.

Dos penales galeses sobre el final hicieron llegar a 21 la cuenta de infracciones cometidas. También le bajan la cortina al partido y a la fantasía de reconquistar la corona. Hubo exceso de ganas, apareció el tackle, pero fueron argumentos insignificantes. Y resulta paradójico que, siendo tan correctos y respetuosos fuera de la cancha, los Pumitas hayan dejado ayer una imagen tan indisciplinada, tan caótica y tan inarmónica.

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