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Ingenio argentino

Las creaciones de nuestro país hicieron furor en el prestigioso London Design Festival, una de las ferias de diseño más importantes del mundo. Aquí, algunas de las producciones más admiradas
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12 de diciembre de 2010  

Retomando su pasado de difusora global del diseño, que inició en 1851 con la primera Gran Feria Universal, Londres apuesta de nuevo a ese rol que ejerce con soltura: el de ser anfitriona de actividades vinculadas con la creatividad y la innovación. Y la Argentina fue este año uno de los tantos países que llegaron al London Design Festival (LDF) con un objetivo: hacer conocer el diseño local y generar nuevos mercados para esta rama de las industrias creativas.

A propósito del Bicentenario, el envío fue realizado de manera conjunta por la Cancillería y el Centro Metropolitano de Diseño de Buenos Aires. Así, la misión Argentina Diseña / Traditional Innovation hizo posible la presencia de ocho compañías con un pabellón nacional en 100% Design, la principal feria comercial de este megaevento que, desde hace ocho años, se instala en la capital británica cada fin de septiembre.

¿Por qué vuelve la noticia ahora? Porque es cuando comienza a medirse el impacto que tuvo allí la presencia argentina. Los ocho participantes están recibiendo encargos internacionales y cerrando contratos a partir de los diseños que mostraron hace unos meses. Tanto es así que la Embajada Británica en Buenos Aires convocó hace pocos días a un agasajo en torno a los productos que nuestros diseñadores llevaron al LDF. Vale entonces recorrer las propuestas y su contexto de exhibición.

Elegidos a partir de una convocatoria pública, se buscó que los productos encuadraran en la idea de "innovación tradicional", un rasgo que caracteriza a nuestro diseño desde sus orígenes. Una tradición ligada a la creatividad y al hacer a partir de las limitaciones ha sido el motor que reimpulsó la actividad en la última década. La crisis de comienzo de milenio fue la gran oportunidad para el diseño industrial, que floreció, no de la mano de la gran industria, sino a través de muchas pequeñas empresas. Lejos del rol de proveedor de recursos naturales, hoy nuestro país aspira a vender bienes y servicios, productos tecnológicos y artesanales de rubros diversos, entre los que crecen aquellos vinculados a las industrias creativas, una franja donde el diseño hace punta.

El espacio albiceleste, propuesto por Diseñaveral para mostrar las piezas seleccionadas, también se remitió a la innovación de corte tradicional: una porción abierta de llanura pampeana, puro suelo, horizonte y cielo. Unas pequeñas vacas negras de cueroflex (un material hecho con descartes de cuero) cubrían las necesidades de guardado de folletería para los diseñadores. El piso blanco, también de cueroflex, contrastaba con el cielo que pergeñó Eduardo

Fuhrmann, donde, en lugar de nubes, había códigos interactivos (QR) con información sobre la misión, la historia del diseño en la Argentina, de Buenos Aires como Ciudad del Diseño Unesco y de nuestros principales paisajes. Así, visitando el stand la gente podía, a través de sus cámaras de telefonía móvil, visitar nuestro país.

Argentinos, a las cosas

Entre los productos elegidos para representarnos viajaron: un banco de cemento para exteriores, una parrilla para hogares a leña, antorchas de acrílico, bolsos para tejidos para transportar laptops, portalápices de aluminio y cinco asientos (de materiales, usos y estéticas muy diversos). Entre éstos, el sillón Poncho, diseño de Leo Sarra para la firma Manifesto, se llevó el premio al Mejor Producto que otorga la revista Blueprint. Se trata de un asiento con carcasa rígida de fibra plástica y patas de madera, cuyo leve aire escandinavo años 50 contrasta con una funda de algodón que, como los ponchos, se ubica donde uno quiere.

El otro asiento de material artificial fue la silla Boogie, de la firma Coconout Lounge: formas aerodinámicas para un objeto quieto, apilable e ideal para exteriores, realizado en PVC. Igual que Poncho, ésta y su mesa acompañante, Groovy, generaron interés, ventas y una representación en España.

Titán y Calipso son los dos modelos de antorchas que deben su nombre a los anillos de Saturno. Estas lámparas de aire tecno y colores de luz cambiante por control remoto -diseñadas por la platense Patricia Lascano- consisten en una serie de círculos de acrílico iluminados por LED (el heredero ahorrativo de la lamparita) e hicieron furor. Pero lo más curioso es que las linternitas que Lascano hizo con los restos de acrílico y un LED, para entregar como souvenir en la feria, resultaron en éxito de ventas. Se las han pedido de a miles desde Brasil y Egipto para alumbrar noches playeras y fiestas electrónicas. De la misma firma, se exhibió la parrilla Ronda, para hogares de leña, una innovación alrededor de una costumbre tan argentina como es el asado. Resuelta con síntesis y economía de recursos, esta simple pieza de hierro vuelve global un acento de identidad local.

Tan simpático como el colectivo de jóvenes diseñadores que "transita un viaje creativo" y le dio vida, el banquito de hormigón Bondi juega a los contrastes, al imprimir sobre un volumen ultrasólido el aspecto blando de un almohadón. Pero, además, traslada al cemento la estampa de los vinilos kitsch que decoran los asientos de nuestros buses. Su propuesta, en este y otros materiales, recurre al imaginario popular y a la mirada fresca de la realidad. Hubo otro banco, pero de madera y "ciclotímico": el Mutante, del estudio santafecino Bringas. Realizado en Eucalyptus grandis, se trata de una pieza que puede ser banco simple o doble, mesa y sillas, según como se lo arme. Ideal para espacios públicos, recreos urbanos, campings. Despertó mucho interés entre el público alemán.

En tanto, la firma Kotta, ya asentada en el diseño de mobiliario contemporáneo -y que extendió su mercado desde las piezas domésticas hasta el equipamiento de hotelería en Argentina y Chile-, fue con dos piezas que combinan procesos industriales y artesanales, ambas realizadas con materiales nativos: las poltronas Molly y Togo, de laminado de madera y tejido de mimbre, respectivamente. Por su parte, la firma Vag, de bolsos y carteras, hizo gala de su estrategia: descontextualizar materiales. A sus bolsas Chicago, de tejido de lana con puntos de abuela (como el "arroz", pero tejido industrialmente), les adosaron goma para pisos en correas y tapa, arribando a diseños simples, atemporales e innovadores para llevar objetos de trabajo.

Finalmente, TecArt mostró su línea Pencil Dock de portalápices mecánicos, realizados en barras de aluminio coloreado, que apuntan al ahorro de materiales para dibujo y tareas proyectuales. Al extender la duración de los elementos de madera, este dispositivo también invita a reflexionar sobre el uso de las materias primas, un capítulo que el diseño argentino ha comenzado a escribir con buena letra.

La autora es periodista y curadora del Pabellón Argentino en el Festival de Diseño de Londres

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