Burgueses pequeños

"Conflictos de amor en Metroland" ("Metroland", Inglaterra/1997). Fotografía: Jean-Francois Robin. Música: Mark Knopfler. Intérpretes: Christian Bale, Lee Ross, Emily Watson y Elsa Zylberstein. Guión: Adrian Hodges, basado en la novela "Metrolandia", de Julian Barnes. Dirección: Philip Saville. 106 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: regular.
(0)
1 de abril de 1999  

Chris (Christian Bale) tiene una existencia aparentemente "normal", despreocupada: una esposa inteligente y comprensiva (Emily Watson), una hija recién nacida, un empleo bastante seguro y una casa con jardín en los suburbios de Londres que va pagando a través de una hipoteca.

Pero basta que durante una madrugada aparezca Toni (Lee Ross), su mejor amigo al que no ve desde hace cinco años, para que esa feliz cáscara que recubre la vida de Chris comience a resquebrajarse. Recién llegado de un viaje por el mundo, Toni es la contracara de Chris: aventurero, seductor, arrogante y provocativo. A partir de esa inesperada invasión, el padre de familia ejemplar descubre que los ocho años de matrimonio lo han llevado a reprimir las emociones, a acostumbrarse a un sexo mecánico y previsible, y a asumir rutinas como lavar el auto cada domingo. Así, las fantasías y los recuerdos juveniles se vuelven incontrolables, amenazadores.

Ambientada en 1977, una época de transición entre el idealismo de los años 60 y la aplanadora conservadora de Margaret Thatcher, "Conflictos..." retrata el desencanto del estilo de vida burgués, pero resulta también una melancólica y condescendiente mirada hacia el frustrado intento de muchos jóvenes por cambiar el mundo.

A través de numerosos y larguísimos flashbacks, Saville va desmenuzando el pasado de Chris: sus aventuras escolares junto con Toni, cuando se dedicaban a "provocar a la burguesía complaciente", sus sueños de fotógrafo artístico, y su apasionado romance con una joven en pleno desenfreno creativo del Mayo francés y del amor libre.

El principal problema del film no es que intente mostrar (y justificar) las contradicciones entre la juventud cuestionadora y la adultez conformista, sino que lo haga de manera tan obvia y elemental.

Saville le coarta al espectador cualquier posibilidad de vuelo propio con diálogos tan sentenciosos y terminantes como "Metroland (el barrio donde transcurre la acción) no es un lugar, sino un estado de ánimo". Así, entre personajes que no superan los estereotipos y algunos insólitos pasajes ligados al realismo mágico, el universo del gran novelista inglés Julian Barnes se transforma en una película que no deja lugar a la sorpresa ni a la imaginación. Una oportunidad desperdiciada.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?