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Videla vinculó a Balbín con el golpe

El ex dictador dijo que se reunió con el líder radical 45 días antes del derrocamiento de Isabel Perón en 1976
Orlando Andrada
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22 de diciembre de 2010  

CORDOBA.- El ex dictador Jorge Rafael Videla reivindicó el golpe militar de 1976 y afirmó que el ex líder radical Ricardo Balbín le pidió, en un encuentro a solas, que derrocara al gobierno de Isabel Perón.

El ex militar pronunció sus sorpresivas declaraciones en el alegato final del juicio que se le sigue en esta ciudad, junto con Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 represores, por el fusilamiento de 31 presos políticos por crímenes de lesa humanidad. Rápidamente, el presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanz, negó las acusaciones sobre Balbín, que constituyen, dijo, una "perversidad fenomenal".

"No hablo de guerra sucia, prefiero hablar de guerra justa", dijo el ex presidente de facto, al señalar que "los enemigos de ayer cumplieron su propósito y gobiernan el país, y pretenden erigirse en paladines de los derechos humanos", en una clara alusión al kirchnerismo.

También acusó a Horacio Verbitsky de haber comandado un atentado contra su vida el 16 de marzo de 1976. "Fue enjuiciado severamente por la dirigencia de la organización Montoneros, en razón de haber abandonado el lugar de los hechos sin haber comprobado previamente los resultados de la operación y, fundamentalmente, haber cubierto la retirada del personal participante", declaró Videla, en referencia al periodista de Página 12 .

Respecto del presunto encuentro con Balbín, dijo que 45 días antes del golpe del 24 de marzo, Balbín lo invitó "a una reunión privada en la casa de un amigo en común". Agregó que el dirigente le expresó "su preocupación por la situación caótica que vivía el país y el riesgo de que la misma desembocara en la anarquía". Y relató: "Sin mediar otro comentario, me preguntó: «¿Frente a esta situación,van a dar el golpe sí o no?». Temiendo que la respuesta no fuera fácil para el comandante del Ejército, agregó: «Yo sabré comprender su silencio, general»".

Dijo que le respondió a Balbín que compartía su inquietud, pero que no podía asegurarle sobre el golpe, aunque "conscientes de la situación y para no ser sorprendidos por los acontecimientos, habíamos tomado contacto con dirigentes del quehacer nacional buscando sus opiniones. Teníamos comprometida la participación de algunos de ellos y compatibilizado ideas para hacer frente a la coyuntura".

"[Balbín] me interrumpió y me dijo: «Si esto es así, háganlo cuánto antes. Evítenle a la República una larga agonía [...] No sembraré piedras en el camino, porque entiendo que si hacen lo que presumo, estarán actuando conforme a las exigencias que les impone un estado de necesidad». Con eso se dio por terminada la reunión", completó Videla.

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El alegato

Al hablar en la audiencia, el ex presidente de facto usó la atribución que le concedió el Tribunal Oral Federal N° 1 para leer, durante 50 minutos, un texto descriptivo sobre la situación del país durante la represión ilegal. Afirmó que la lucha antisubversiva fue anterior al golpe por disposición del gobierno de Isabel Perón y del presidente provisional, Italo Luder, quien ordenó "aniquilar al terrorismo".

Insistió que en el país hubo en los 70 una "guerra interna" iniciada por organizaciones terroristas, a quienes acusó de intentar "la implementación de un régimen marxista, tomando de rehenes a las instituciones". Reconoció: "Hubo situaciones límites con horrores difíciles de ser justificados, pero que merecen ser comprendidos en el marco de la crueldad de un conflicto bélico interno".

Dijo que lamentaba "las secuelas" de esa contienda, y agregó: "Doy valor al sufrimiento de quienes con auténtico dolor lloran a sus seres queridos, mutilados o muertos". Pero deploró que "se especule con el dolor ajeno, transando pingües negocios a la sombra de las banderas de los derechos humanos".

Videla puso en duda que la "guerra interna" haya terminado y aventuró que "más allá de las operaciones militares y usando medios no violentos" aún continúa.

Tras considerarse un "preso político", advirtió a los jueces: "No he venido a defenderme. Este no es mi tribunal natural, asumiré bajo protesta la injusta condena y la he de ofrecer como un acto de servicio".

Dio por seguro que hoy recibirá una sentencia, a la que definió como "una decisión política adoptada con sentido de revancha por quienes, después de ser militarmente derrotados, se encuentran hoy ocupando los más diversos cargos del Estado".

En la sala de audiencia estaba presente Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz en 1980, quien destacó la realización del juicio y afirmó que la Argentina "avanzó más que ningún otro país porque funciona la Justicia a través del Estado de Derecho".

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