Conocé a El Atolón de Funafuti

Un sexteto gana lugar en las radios rockeras después de pintar Buenos Aires con su nombre
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23 de diciembre de 2010  • 17:17

Geográficamente, el atolón de Funafuti es un archipiélago de corales perteneciente a la Polinesia y tiene una población de 4.492 habitantes. Musicalmente, El Atolón de Funafuti es una banda de rock del barrio de Almagro con seis integrantes: Tino Moroder (guitarra y voz), Martín Irrazábal (guitarra y coros), Marilina Calós (violín), Lucas Herrera (Hammond, piano y Rhodes), Nicolás Silva (bajo) y Juan Corrao (batería). "Somos una isla musical", dicen ellos. "No miramos para arriba, para abajo, ni para los costados: hacemos la nuestra, queremos crear un lugar propio, no ocupar uno ya inventado." Toda una declaración de principios.

HISTORIA | Tino, Martín y Marilina se conocieron en un conservatorio a mediados de 2004. "Ese lugar nos abrió la cabeza para tomar la música desde otro lado. Incorporamos sonoridades y aprendimos cuestiones tímbricas, de la música clásica hasta la barroca y la era del romanticismo", enumeran. "Igual… ¡nos fuimos todos antes de terminar!" Debutaron a fines de ese mismo año en Planet Music y enseguida salieron a grafitear paredes. "Hay gente que fijó nuestro nombre por las pintadas y los stencils de las calles. Tal vez no se lo acuerdan entero, pero al menos les queda algo... El Atolón de Fumapuchi o cosas por el estilo", se ríen. "Es un nombre bastante musical: se te guarda en el inconsciente."

SONIDO | Una formación clásica de folk-rock americano que suena al primer rock nacional (Almendra, Soluna) con arreglos refinados y melodías potentes. Calzarían perfecto entre Pez y La Perla Irregular en cualquier festival. "Si nos dan a elegir una banda de acá, todos coincidimos en los Redondos", sorprende el baterista y sus compañeros confirman la teoría, recordando viejos shows en Huracán, Racing y River, cuando todavía ni se conocían. "Tenemos influencia de ellos, pero de la parte menos rocanrolera", admiten.

EN VIVO | "Tocar está bastante difícil, pero es acá: la semana pasada fuimos a Entre Ríos y era otra cosa", explican. "En Buenos Aires hay pocos lugares y son malos. Te cobran fortuna, tienen un sonido pobre y no te sentís cómodo. Hoy los bolicheros quieren, en lo posible, que no pruebes sonido, que toques bajito y que te vayas rápido", sintetiza el baterista. "Así y todo, estamos presentándonos un montón, pero los mejores lugares no están en Buenos Aires", opinan. "Si buscáramos solamente llenar lugares, ya estaríamos separados", sentencia Tino, con una mueca irónica.

DISCOS | Editaron Pequeños rostros en piezas (2007) y El ritmo del jardín (2010). Pero la meta del Atolón es sacar un material nuevo cada dos años. ¿Los discos tienen menos vida útil ahora? "¡No: las bandas tienen menos vida útil!", retrucan ellos. "¿Viste la cantidad de shows que tiene la gente para ir a ver cada fin de semana y la vorágine de información? Se re complica."

En 2011 van a seguir presentando El ritmo del jardín. "Queremos tocarlo por todos lados, hacerlo rodar, está muy fresco todavía", dice Tino. "Tomamos los álbumes como un concepto, nos gusta que tengan un sentido, que puedas encontrar lindas historias y bien narradas", explican. El grupo cuenta con un fan de peso: el crítico Alfredo Rosso, quien se ha encargado de difundirlos y recomendarlos. "Esa fue la mejor caricia que recibimos, porque es una persona que escuchamos desde hace años y conocimos muchas bandas gracias a él." ¿Le habrá encontrado ciertas reminiscencias de la Incredible String Band? "No sabemos, nunca la escuchamos", se avergüenza el cantante. "También nos dijeron que nos parecíamos a una banda canadiense llamada Arcade Fire. ¿Está buena?"

Por Nicolás Igarzábal

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