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Para Cura, Rosario siempre estuvo cerca

La Nación fue testigo del regreso del tenor argentino a su ciudad natal, donde dará dos recitales antes de su debut en el Colón
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5 de abril de 1999  

ROSARIO.- "¿Testarudo? Sí, pero me gusta más la frase de los franceses: "Continuidad en las ideas"", dice con una sonrisa José Cura, el aplaudido tenor argentino que acaba de regresar, después de cinco años, a su ciudad natal, ahora como un nuevo hijo pródigo. Cura ofrecerá aquí dos conciertos: uno en el teatro El Círculo, el viernes, y otro en el Monumento a la Bandera, el domingo, antes de su esperado debut en el Teatro Colón de Buenos Aires, el domingo 18, como protagonista de la ópera "Otello", de Verdi.

Se trata de la primera vez que Cura vuelve al país después de que, con tozudez y una energía envidiables, construyó su fenomenal presente como uno de los grandes cantantes líricos de la nueva generación. Una carrera que tomó dimensión internacional en 1994, cuando ganó el concurso Operalia, que organiza Plácido Domingo, y que consolidó luego al conquistar, con la fuerza de su voz de tenor dramático, todos los grandes teatros europeos.

Dueño, a los 36 años, de una parcela en la estrecha cumbre del éxito, no parece dispuesto a renunciar a su forma de ser y hacer todo aquello que considere correcto aunque -a priori- parezca riesgoso.

Por eso fue capaz de plantarse frente a los azorados directivos del sello Erato, para el que grabó su primero y exitoso CD con arias de Puccini, y convencerlos de que el segundo ("Anhelo") fuese sólo de música argentina.

Tampoco tiene problemas en romper el molde tradicional de un concierto y entablar diálogos con el público, cantar, dirigir la orquesta y hasta tocar la guitarra, actividades que Cura también domina junto con la composición, porque _sostiene- "tenemos una tendencia a creer que la música clásica es aburrida o una especie de misa negra, y no es así; lo importante es que el artista disfrute sobre el escenario. Eso va a hacer que la gente también goce".

"Otello", con color local

Y para su debut en el Teatro Colón, del que se fue en malas relaciones con algunos de sus maestros internos cuando todavía no había hecho carrera en Europa, exigió que el elenco que lo acompañe en "Otello" sea enteramente latino.

Sabe que la expectativa es grande: "La primera vez que uno pasa por un lugar nuevo hay que construir todo desde cero, aunque uno venga con el cartel más grande del mundo. De todos modos, yo no tengo nada que demostrar. Vengo a cumplir como un profesional serio, y no por casualidad, sino por 25 años de trabajo. Vengo a desenvolverme como lo hace cualquier profesional de mi nivel, con seriedad y trabajo".

Cuando siente que está en el camino correcto, Cura avanza con una convicción arrolladora. Aceptó hacer el concierto del Círculo para crear un fondo de becas para estudiantes universitarios. En la función cantará, dirigirá una orquesta de 55 músicos y presentará temas del CD "Anhelo" con el guitarrista Ernesto Bitetti y el pianista Eduardo Delgado y, además, homenajeará a sus maestros de la adolescencia.

Vive en París, pero los afectos siguen en su Rosario, una ciudad que, según cuenta en las primeras horas del regreso, lo sorprendió por "la renovación de todo el paseo por el río y el ruido infernal que entraba por la ventana a la noche", pero que soporta porque está a una cuadra de donde vive su familia y la de su mujer, Silvia, también rosarina de pura cepa.

Por eso confiesa: "Por lo menos mil de los 1800 de los que van a estar en El Círculo tienen nombre, apellido y cara. Es una gran carga emotiva y por eso el 90 por ciento de mi concentración para ese concierto no va a ser musical. Gracias a Dios, mi experiencia y mi tiempo de rodaje en el ámbito profesional son tan grandes que no tengo que estar pensando en cómo mover un dedo. Aquí, la concentración energética va a estar puesta en no ponerme a llorar arriba del escenario."

Reencuentros y controversias

Sin duda, uno de los momentos más conmocionantes del concierto del viernes próximo será cuando suban a escena sus primeros maestros. Esos que, según recuerda Cura, "viendo mi capacidad tuvieron la visión de envolverme en un capullo y depurarme para que más allá y a pesar de la frustración que sentía a nivel institucional no me alejara del arte y me siguiera formando." Pero no todo son rosas. El concierto de El Círculo generó también controversia en la ciudad por lo elevado del precio de las entradas más caras (150 pesos), pero Cura dobla la apuesta: "Las entradas no eran regaladas, porque queríamos ayudar. Sé que hay gente que dijo que el concierto era elitista, pero no es así. Si alguien quiere hacer un concierto y que después de hacerlo quede dinero para ayudar a un grupo de becarios que está tratando de salir adelante, con una entrada de un peso no se ayuda nada. Por eso, simultáneamente, con el apoyo de la Municipalidad se concretó un segundo concierto en el Monumento a la Bandera para que lo pueda ver todo el mundo".

Según Cura, hay dos tipos de beneficencia. "No quiero que crean que estamos tratando de salvar a los pescados desnutridos del golfo de Chiquishiqui -dice con risueña ironía-. Queremos hace un fondo de becas para estudiantes sin medios que quieren hacer una carrera y que tienen inteligencia y talento dispongan de medios económicos acorde a su capacidad artística". ¿Quijote moderno?. "No soy ni Jesucristo, ni San Pablo, ni un sacerdote. Lo único de Cura que tengo es el apellido", bromea.

La verdadera autoridad

Su frontalidad le creó más de un problema y según él mismo cuenta, la acusación de ser arrogante y presuntuoso. "Soy sonriente, amable y todo lo que quieras -comenta- pero muy duro y jodido en lo profesional, no para molestar al vecino sino para que el resultado general sea bueno. Eso sí, no le pido a nadie que haga algo que yo no puedo hacer. La verdadera autoridad es esa, poder pedirle a otro que haga algo que uno sabe exactamente cómo hacer, pero lo delega. Cuando uno entiende esto, te cambia la vida. Porque te quita el coraje de la presunción." "Cuando no sé algo no lo digo pero si lo sé lo digo -continúa-. El problema es que en un mundo como el de hoy que está lleno de ovejas, uno pega el chiflido y todos van hacia allá. Pero cuando de vez en cuando uno sale y dice o actúa en un cierto modo porque está seguro se confunden. Durante 25 años me rompí el traste para llegar a donde llegue. No soy arrogante, sino una persona segura de sí misma, que es distinto." Cura dispara: "Hay gente que comete el error de tomar a la falsa sonrisa por humildad y la severidad por presunción. El presuntuoso y arrogante es generalmente un incapaz, profesionalmente hablando. Son máscaras de la incapacidad. En cambio, si puesto al trabajo es eficaz quiere decir que no era arrogante, era seguro."

"Otello no grita"

"Si la historia de "Otello" se limitase nada más que a un problema de celos, habría sido otro novelón de la tardecita para que vean las señoras mientras planchan!", sostiene Cura, que tendrá a su cargo el papel protagónico de la ópera que Verdi y Arrigo Boito escribieron sobre la base de la pieza de Shakespeare, en el Teatro Colón, a partir del domingo próximo. "Otello no es un personaje heroico, sino dramático. Pero de un drama verdadero, no el que se hace a los gritos. En el 90 por ciento del papel, salvo la entrada en "Esultate...", el final del segundo acto y alguna palabra aquí y allá, el personaje tiene que hacer sentir su autoridad, pero sin gritar. ¡Verdi escribe piano por todas partes! Pero no lo hace nadie", dice, para escapar de los clisés.

Reencuentro emotivo y bien musical

ROSARIO (De un enviado especial).- José Cura llegó a su ciudad natal en la noche del viernes último. Al día siguiente, a las cuatro de la tarde, se reencontró con los guitarristas Alba D´Andretta y Juan Di Lorenzo, la pianista Zulma Cabrera y el compositor Carlos Castro, los profesores de música que tuvo cuando era un adolescente.

Mientras lo esperaban en el escenario del tradicional teatro El Círculo, los cuatro maestros coincidieron en que el José Cura que conocieron hace 20 años era ya un músico curioso y vehemente.

"El absorbía todo porque es un músico completo y por eso no sabíamos qué iba a terminar eligiendo, y mucho menos que fuera el canto lírico", contó Zulma Cabrera. Carlos Castro explicó: "José es un hombre de bien, lo prueba el hecho de que haya querido compartir este concierto con quienes fuimos sus maestros, no es algo que haga cualquiera", dijo con una orgullosa sonrisa que no se le fue durante todo el primer encuentro con su alumno, que el viernes cantará una de sus composiciones.

En el teatro vacío, un grupo de selectos testigos (entre ellos, La Nación ) pudo palpar la emoción del reencuentro entre Cura y sus maestros. Para crear un poco de intimidad, Cura se puso de espaldas a la sala, enfrentando primero a los veteranos guitarristas y cantando con bocca chiusa para repasar junto con ellos un aria de Felipe Boero. El que fue su joven alumno es ahora el corpulento y amable cantante que, devenido en maestro, les da indicaciones y les corrige alguna nota con suavidad. "Esa parte es muy complicada, mejor hacé un acorde directamente", le sugiere a Di Lorenzo, todavía tratando de aflojar los nervios y la emoción.

La alegría y el entusiasmo fueron la constante, mientras Cura cantó un negro spiritual con su profesora de piano y luego, cuando repasa al piano un poco del Otello. Un reencuentro que formará el capítulo más emotivo del concierto del próximo viernes.

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