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La extraña costumbre de poner nombres raros en Uruguay

Existen personas que se llaman Tomás Leche, Pascualina Fresca o Elba Gayo, entre otros
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8 de enero de 2011  • 13:04

MONTEVIDEO. Si el apellido es Leche, bautizarlo con el nombre de Tomás parece una maldad. Lo mismo si su apellido es Oria y a su hija le pone Susana. También ponerle Pascualina a su hija, y de segundo nombre Fresca.

Es seguro que la infancia de un pibe que se llama Termo no será sencillo ante las bromas del colegio. ¿Y Frankestein? ¿O llamarlo Tarzán? ¿Cómo llaman a jugar los amiguitos de un niño que se llama Puterman?

Si tiene que llegar a un juzgado por una denuncia, Reo Fernández puede sentir que va en desventaja.

¿Se imagina el lector un diálogo de romance entre dos personas con nombres tan curiosos como Anolindo Lucas y Pepa Colorada? ¿Qué razón lleva a un matrimonio cuyo apellido paterno es Gayo, nombrar a su hija como Elba? El nombre puede ser común pero la combinación suena fea.

¿Cómo le habrán dicho "te amo" al hombre que se llamaba Feo Lindo Méndez? ¿Qué necesidad de ponerle de segundo nombre Dior, a un chico que se llamó Christian Ramos?

El periodista uruguayo Leonardo Haberkorn había escrito un artículo sobre nombres raros usados por los uruguayos, destacando la historia de los que se llamaban Hitler (más de uno en este país). Y como eso despertó la curiosidad de uno de sus informantes, éste le hizo llegar una lista sorprendente con nombres muy especiales.

Haberkorn, que tiene un blog periodístico llamado El Informante, se dedicó a chequear esos nombres, con la sospecha que había algunos ciertos y otros inventados.

Pero las partidas de nacimiento en algunos casos, avisos fúnebres en otros, notas de sociales en otros, le demostraron que eran todos ciertos, que vivían o habían vivido en este país.

Algunos han tenido notoriedad como los relacionados a futbolistas, campeonatos, homenajes a presidentes extranjeros, artistas internacionales, etcétera.

Un caso muy especial que surge de esta investigación, es el de un nombre llamado Enero Quince. La partida de inscripción está fechada en 1926, en la ciudad de Salto (frente a la entrerriana Concordia), y lo más curioso es que lo anotó su padre, un comerciante francés llamado Clemente Dematté, que figura como "padre soltero" y declara que el niño es hijo natural suyo y de "madre desconocida".

La creatividad (o irresponsabilidad) de algunos uruguayos para nombrar a sus hijos, ha sido motivo de atención durante muchos años. Uno de los ejemplos más raros fue el de un matrimonio que quiso aplicar el criterio de bautizar con el santo del día. Miró el almanaque el día del nacimiento de su hijo y coincidía con el final de la feria judicial (vacaciones anuales de la Justicia). Increíblemente pero cierto, confirmado por el Director del Registro Civil, ese niño nació con el nombre de "Abránse Los Tribunales".

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