La dura novela de un poeta

Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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19 de enero de 2011  

¿Guerrillera o agente? ¿Iluminada u oscura? ¿Hija de la revolución o madre encubierta? ¿Perteneciente al grupo paramilitar Hacha Roja o a la policía política? Finalmente, ¿Irene o Lorena? Se trata de una mujer que, en los tiempos más duros de la dictadura de Pinochet, participa de una operación desbaratada por la policía y es llevada prisionera. La torturan durante veintinueve días hasta que el "ácido del miedo" disuelve su ánimo.

Se trata de una novela excepcional, en la que lo doloroso se convierte en lo más humano. El chileno Arturo Fontaine, su autor, elabora una narración vertiginosa a partir de testimonios secretos y una exhaustiva investigación. El comienzo de La vida doble (Tusquets, 2010) es uno de los más estremecedores y fulminantes de los últimos tiempos. Una cámara de cine difícilmente podría captar lo que las palabras describen; tanto la acción -casi treinta páginas de tortura- como el temblor de la vida.

De entrada, la protagonista desafía al narrador (que es el mismo escritor puesto en la ficción): "Podría yo decirte la verdad. Esa es una pregunta para ti. ¿Me vas a creer o no? A eso sólo respondes tú. Lo que yo sí puedo hacer es hablar. Y allá tú si me crees". Ella le contará su historia, con lúcidas interrupciones que cuestionan el dispositivo del testimonio mismo. "No puedo cambiar ni borrar mi pasado; sí odiarlo. El pasado es lo que soy sin poder vivirlo. Duele. Ya ves, he llorado. No quiero banalizar lo que me pasó. Pero tú me has convencido de que hable. ¿Para qué? Ahora pienso que se te escapa lo sádico que hay en ti. Yo no quería. Eres un morboso? ¡confiésalo!"

¿No es maravilloso que la protagonista le exija al narrador una confesión? ¿Y que, para colmo, esa confesión consista en dar cabida al deseo íntimo (¡del autor!) de escribir esta historia?

Pero así como le cede su vida, ella va poniéndole trabas a la ficción. En otra escena, le advierte, compungida: "El peso de lo real puede asfixiar tu novela. Y este relato, ya lo ves, es harto desagradable. Lo mío sigue siendo un testimonio sin inocencia. Me elaboro con palabras para ti? no hay un afuera con el que puedas contrastarme".

Tratándose de una novela, la fricción que se produce entre ellos es pura ficción. Las palabras escuchadas no siempre coinciden con las dichas y menos aún con las escritas. Vale recordar que Arturo Fontaine también es poeta (autor de Poemas hablados , Tu nombre en vano y Mis ojos por tus ojos ). Su propia protagonista dice: "Una novela debiera construirse como el sueño de un poeta". Así resulta La vida doble . Aunque más parecida a una pesadilla.

En su primera novela, Oír su voz , (1992), Fontaine escandalizó con un retrato mordaz de la clase empresarial y política chilena de los años 80. Ahora hace tambalear nuevamente los valores de la condición humana. Hay una frase filosa de La vida doble que lo evidencia: "Toda moral niega la vida". Quizá por eso -como en este caso- la literatura la festeje.

© La Nacion

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