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La arqueóloga argentina de las momias de Salta

Por Carlos F. Pastrana (Corresponsal en Salta)
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9 de abril de 1999  

SALTA.- "Silencio interior, un sentimiento casi místico, una experiencia arrebatadora y de profundo respeto hacia quienes ofrendaron sus vidas" fueron las vivencias de la única mujer que integró la misión que descubrió las tres momias de 500 años en el Volcán Llullaillaco, en Salta, hallazgo de trascendencia científica mundial que permitirá conocer con más detalles la cultura incaica.

"Allá en lo alto pedí a quienes se habían ofrecido -no quiero llamarlo sacrificio-, que confíen en nosotros", remarcó la licenciada María Constanza Ceruti, una porteña de 26 años a quien le brilla la mirada cuando menciona la montaña.

Rubia, delgada, de estatura media, viste con sencillez y aparece algo tímida hasta que se aborda lo que es la pasión de su vida, la arqueología de montaña; y Licenciada en antropología en la UBA con 99 sobre 100 puntos posibles ("sólo tuve un ocho en mi carrera"), es coordinadora del proyecto que dirige el doctor Johan Reinhard con apoyo de la National Geographic Society. Radicada en Jujuy, donde trabaja en el Instituto Interdisciplinario de Tilcara, es además becaria del Conicet.

Luego de la presentación de una de las momias y de parte del ajuar encontrado a 6739 metros de altura, la licenciada Ceruti dialogó con La Nación .

-¿Por qué el Llullaillaco?

-El doctor Reinhard trabaja desde 1980 en la Puna de Atacama, en Chile, y recorrió los volcanes, llegando así a Llullaillaco en el lado argentino. En 1983 y 1985 hizo relevamientos y mediciones en la zona. El hallazgo de la momia "Juanita", en 1995 en Perú, orientó su interés hacia esta zona. En noviembre último se hizo otro relevamiento incluyendo el Nevado de Quevar y el volcán.

-¿Estaban seguros de encontrar algo?

-Existían indicios ciertos, pero en estos casos uno va a la búsqueda y el hecho de no encontrar nada puede ser también un dato relevante.

-¿Dificultades?

-Llegar a 6700 metros exige un entrenamiento que todo el equipo tiene. Es destacable el aporte que hicieron los peruanos que integran la expedición. De los salteños aprendí que con muy pocos recursos se puede escalar muy bien. Hicimos base cien metros abajo de la cumbre y hubo cuatro días de nieve. El pico es nevado y tuvimos que cavar sobre la nieve.

-¿Lleva ropa especial?

-No tengo ropa de goretex, que es especial para la montaña, de manera que me pongo dos o tres pantalones encimados y alguna ropa interior térmica, varios buzos y una campera; a veces zapatillas y otras, botas. Tengo una bolsa de dormir y tenía una carpa individual, aunque muchas veces me tocó compartir carpas y no tengo ningún problema.

-Por ser mujer, ¿tiene dificultades con los hombres de la expedición? ¿Tiene novio?

-En las expediciones soy una integrante más, realizo todos los trabajos. Particularmente dedico mucho tiempo a las anotaciones en mi libreta de campo que, junto con cuchariles, pinceles, posicionador satelital, cintas para medir nivel de hielo, agua y algo de alimentos integran el equipo de 20 kilos en mi mochila.

Habitualmente como poco. Esta vez los peruanos llevaron verdura y comimos muy bien. No, no tengo novio, por ahora lo que me interesa es la investigación de altura porque desde niña me atrajo, quizá desde los 8 o 9 años.Me gustan la montaña y la arqueología, por eso uní ambas pasiones. No pensé en un novio...

-Pero en esas soledades su belleza puede ser un imán...

-Si alguna vez alguien puede estar más interesado... pero siempre dejé claro las cosas y seguimos siendo muy buenos amigos. . .

-Sus padres, ¿qué dicen?

-Al principio tenían miedo, pero ambos, Rodolfo y Elena, me apoyan mucho. Siempre rezan cada vez que comienzo una ascensión. Tengo un hermano, Agustín, menor que yo, y que es abogado.

-¿Desde cuando trabaja con Reinhard?

-Lo conocí a través de sus investigaciones durante mis estudios en los que me alentó el doctor Juan Schobinger, que realizó descubrimientos de altura en Toro, San Juan, y en el Aconcagua. Le envié uno de mis libros y le informé a través del e-mail de mis ascensiones. El año último me integré a este proyecto.

-Volvamos al Llullaillaco, ¿no hubo en algún momento una sensación de fracaso?

-Luego de la tormenta de nieve, cuando pudimos excavar, no encontramos nada. En esos momentos se siente como una sensación de fracaso, como un sentimiento decepcionante. Son varias horas, desde las 7 hasta las 11 de la noche, que se trabaja.

No puedo darle muchos detalles porque hay un convenio con la National Geographic, pero la búsqueda se orientó finalmente a la explanada. Lo primero que apareció fue una figura de llamita de Spondylus (alga marina) y eso nos alentó.Es notable la intuición de uno de los guías peruanos, Arcadio Mamaní, que marcó el lugar exacto de donde pudimos sacar la primera momia, la del niño.

-¿Se pusieron a gritar, como en el fútbol?

-Fue una gran alegría, todos nos juntamos y nos saludamos.¡Yo tuve como un sentimiento místico ante estas ofrendas, en esas alturas! Luego, todo fue mas fácil y se fueron sacando los demás elementos, con sumo cuidado.Excúseme de darle otros detalles.

-¿Y cómo ve el futuro?

-Voy a continuar con este proyecto y, cuando el doctor Reinhard tenga que viajar, quedaré a cargo. Hay un amplio campo de investigación, podemos conocer muchos aspectos de la cultura incaica, porque todos los elementos encontrados, como los pudo ver, están en perfecto estado de conservación. Ya se dijo que puede haber rastros de sangre en las momias. Ese sería un caso único, permitiría investigar su ADN.

-Las momias, ¿están en exhibición?

-No, luego de la conferencia de prensa se volvió a llevar la de la niña mas pequeña a un refrigerador junto con los otros elementos. Estamos buscando un generador para garantizar que se mantenga el frío aun cuando haya cortes de luz.

En 1997, Ceruti recibió el premio a la montañista del año, ascendió al Aconcagua, a volcanes de Ecuador, Chile y Bolivia, sin contar los de Salta y Jujuy, entre otros. También escribió dos libros, integra sociedades científicas argentinas y del extranjero.

Sólo tiene 26 años y una vocación: la arqueología de altura. El descubrimiento de Salta la incentiva a seguir con mayor entusiasmo.

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