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"No quería vivir más con esa bronca"

Enrique Llamas de Madariaga y Denise Pessana dejaron Rivadavia tras recibir amenazas y mudaron su vida y su programa a Punta del Este
Loreley Gaffoglio
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24 de enero de 2011  

PUNTA DEL ESTE.- Dicen que su mudanza de Buenos Aires y su flamante radicación en Punta del Este, donde conducen el programa Coincidencias por FM Millenium, fue un reclamo intestino por una mejor de calidad de vida.

Y que ese "concepto esencial" de tres palabras encierra todo lo que ya no están dispuestos a tolerar: la inseguridad reiterada que sufrieron en carne propia a metros de la quinta presidencial, los piquetes, el desorden y la falta de civilidad. Pero también los aprietes y amenazas de muerte, coronadas por la ignominia de funcionarios, la obsecuencia de intermediarios, el acoso económico y la renuencia a perder credibilidad y la dignidad.

Enrique Llamas de Madariaga (71) y su pareja y colega, Denise Pessana (41), dejaron Radio Rivadavia el 23 de diciembre último y una semana después -gracias a las gestiones de un amigo que sirvió de nexo con el titular de la radio, Wilson Sanabria- estaban juntos en el éter esteño, celebrando una nueva vida.

Hoy, instalados en un departamento prestado en La Brava, dicen que ellos optaron por un cambio que muchos otros argentinos ya ensayan en Punta del Este, donde la comunidad de connacionales no para de crecer. "Todavía nos falta la prueba mayor, que es pasar el invierno", dice Llamas de Madariaga, quien confiesa un "gran enamoramiento con los modos de la política uruguaya". "Yo trabajo pero todavía me siento en vacaciones. El trato y la forma de convivencia de la gente aquí te hacen ver lo que de a poco te fue arrebatando Buenos Aires", agrega Denise, quien luego de varios asaltos vendió su casa en Olivos.

Ahora caminan tomados de la mano por los espléndidos jardines del L'Auberge, el hotel y casa de té cuya torre es un emblema esteño. Se los percibe plenos y felices con ese cambio de rumbo, del que, aseguran, nada extrañan. "Salvo los afectos", corrigen.

-¿Cuál fue el tenor de las amenazas que recibieron?

Llamas de Madariaga: -No quiero dramatizar. Lo mío es un reclamo esencial de calidad de vida. Vivimos un conjunto de situaciones, a las que dijimos basta: la pistola en la cabeza a Denise para robarle el auto, el asalto en su casa a 30 metros de la custodia presidencial, el tener que dar la vuelta a la manzana antes de entrar. Luego sobrevino una suerte de acoso económico, porque hoy si no sos amigo del poder no tenés publicidad. Y después llegaron las amenazas telefónicas una vez por semana: "Vas a dejar una viuda joven", me decían. Pero, curiosamente, éstas cesaron cuando decidimos venirnos aquí. Se ve que escuchan muy bien los teléfonos. Yo ya no quería vivir más con esa bronca e impotencia.

Pessana: -Bueno, no fuimos los únicos. Hay también periodistas de La Nacion amenazados que han tenido que hacer la denuncia policial.

-¿El acoso económico tuvo nombre y apellido?

Llamas: -Provino de los intermediarios y beneficiarios del poder; los conversos, los más papistas que el papa. Eran los que me pedían "bajá tres cambios". Yo cerraba los ojos y no lo hacía. Uno de los directores de Rivadavia también me lo pidió. Pero yo tengo 7 hijos y 13 nietos. Y no quiero que me pierdan el respeto, diciendo una cosa al aire y otra en mi casa. Pero, además, los ministros dejaron de atenderme el teléfono. Se ve que prefieren salir al aire con amigos o gente complaciente.

Pessana: -En la época de las pasteras, por ejemplo, sólo podíamos hablar con el canciller uruguayo, porque de la Argentina nadie nos atendía. Aníbal Fernández tampoco. Por otro lado, en nuestro país hemos visto casos emblemáticos de periodistas que cambiaron abruptamente de pensamiento. Y eso te deja pensando sobre lo que hay en el medio.

¿Sienten que hay un retroceso en la libertad de prensa en el país?

Llamas: -En general, sí. No hay libertad. Por supuesto que hay periodistas que tienen su cuota de coraje, como Morales Solá. Pero el problema son los alcahuetes del poder. El peor peligro está ahí, en los intermediarios: los hay periodistas, funcionarios, empresarios. Además, allá hay un nuevo fenómeno: el del periodismo militante, con la proliferación de programas que se visten de periodísticos y son pura tribuna política, como 6 7 8 .

-¿Cuándo hubo mayor libertad de expresión?

-La gran etapa de libertad fue con Menem y con Frondizi. Una sola vez, estando en Olivos con Eurnekian, Menem me pidió: "¿Pueden tratar con respeto la muerte de mi hijo?". Con De la Rúa había libertad pero él se enojaba y dejaba de saludar cuando lo criticaban. Es verdad que tuvimos momentos más delicados, pero yo no tenía tantos años como ahora. Hay cosas que no puedo aguantar más.

-¿Por qué piensa que los ministros no le atendían el teléfono?

-Les molestará el espíritu crítico. Una vez llamó Florencio Randazzo y me dijo que estaba dando una información equivocada. "Dígamelo al aire", le dije. Jamás quiso salir. Pienso que los funcionarios actúan por sugerencia o por obsecuencia. A mí por suerte no me grababan. A Longobardi y a Nelson Castro los grababan y luego les pasaban las grabaciones. Estas son las reglas de juego de los mesiánicos. Es todo blanco o negro. El maniqueísmo es la gran enfermedad del poder.

-¿Cómo se ve el país desde Uruguay?

Llamas: -Yo tengo un gran enamoramiento con la política uruguaya. Sólo en EE.UU. y en Uruguay ves inaugurar una obra a un presidente junto a sus opositores. Cuando en el velatorio de Kirchner no se dejó entrar a argentinos, Mujica fue a despedirlo con un representante de cada partido político. Hace poco también habló en una comida. Estaban Battle, Lacalle y Sanguinetti y lo aplaudieron. De eso te enamorás.

Pessana: -Allá, se gobierna para las elecciones. No hay un estadista que piense en el país y en la gente. Acá también se discute la inseguridad. Pero a nadie se le ocurre taparla y hablar de sensación.

-En los hechos, ¿qué quiere decir ganar en calidad de vida?

Pessana: -Cuando me levanto y prendo la radio argentina, escucho que hay lío en la Panamericana, en el subte, piquetes, me digo: "Qué suerte que estoy acá". Además, acá la cordialidad hace la vida muy agradable. Y son muchísimos los argentinos ya instalados aquí.

Llamas: -Porque calidad de vida también es ver el entorno de respeto y de tolerancia que hay acá. El malhumor y la crispación entre los argentinos son feroces. A mí, ahora me pasa que colegas me dicen: "¿Habrá un trabajo allí para mí?".

-¿Cuál creen que es el origen de la crispación argentina?

Pessana: -Néstor Kirchner fue un factor importante en eso. Era un hombre que vivía confrontando y eso se extendió.

Llamas: -Hasta hubo un cambio fuerte en el lenguaje. Ahora ves cómo los funcionarios se insultan, se cachetean. Pero el colmo es cuando desde el Estado se sale a cuidar a los usurpadores. ¿La usurpación es un delito? ¿Qué mensaje manda el Estado?

-En otro orden de cosas: h ay una diferencia de 30 años entre ustedes y hace 15 que están juntos, ¿cuál es la clave?

Pessana: -Nos llevamos muy bien y nos divertimos juntos. Y no es fácil encontrar una persona con la que pasás las 24 horas y te llevás tan bien. Además, él siempre tiene un toque de humor con el que logra desarmar el conflicto, cuando aparece.

Llamas: -La clave está en buscar más las coincidencias que las disidencias. Y en cuanto a la edad? para mí es un problema que Denise se esté poniendo vieja.

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