Suscriptor digital

La otra cara de Soñando por bailar

Crédito: Ariela Bernater
lanacion.com estuvo detrás de cámaras del debate del reality de El Trece; accedé al video y a la fotogalería
Carlos Sanzol
(0)
27 de enero de 2011  • 10:28

Son las 22.10, los tres participantes de Soñando por bailar acaban de llegar a El Trece, en Constitución, desde la isla de Tigre, donde se desarrolla gran parte del programa. Están en uno de los camarines comiendo: hay varias bandejas de masas finas y sándwiches de miga.

Aún falta exactamente una hora y 20 minutos para que sean los verdaderos protagonistas del programa Soñando por bailar. El debate. Allí harán lo que mejor saben: se pelearán, develarán secretos íntimos; en fin, se sumarán al juego televisivo. Algo que de por sí no les cuesta demasiado. "Entré porque quiero ser famosa como sea", dice Julieta Biesa , la joven de 28 años, cuyo debut televisivo comenzó con la siguiente frase: "Soy transexual". Hace una semana que fue eliminada del reality y ya consiguió trabajo. "Seré secretaria en el programa de Sofovich [Gerardo] en marzo", cuenta.

Hay que caminar unos pocos pasos desde el camarín de Biesa para llegar al de los panelistas, donde una estilista intenta luchar contra la fuerza de gravedad para elevar un mechón de la cabellera de Hernán Cabanas, otro de los concursantes, quien será el gran protagonista de la noche luego de haber confesado un affaire con Eugenia, una de sus compañeras, mientras su novia, literalmente, lo vio por TV. Con él, nadie habla. Es una suerte de paria televisivo: hay que respetar el aislamiento- aunque no total- al que deben estar sometidos los participantes que desde el 5 de este mes permanecen en la isla aprendiendo a bailar o algo así. Es más, el resto de los concursantes que participarán del debate están recluidos en un camarín. Serán "liberados" pocos minutos antes de que empiece el programa.

Video

En busca de rating. A las 23.10, los conductores de Soñando… Denise Dumas y José María Listorti ya están en el estudio B de El Trece. Hablan sobre los temas que se van a discutir en el ciclo con los productores, Pablo "Chato" Prada y Pablo Semmartin. "No necesitamos de mucha preparación porque estamos ya informados de lo que pasó gracias a las cuatro horas de Este es el show", cuenta Listorti.

Los participantes comienzan a bajar de los camarines dispuestos a discutir y a polemizar. Se acercan los productores para mantener una charla con los cuatro participantes invitados. Además, de Julieta y Hernán, aparecen Paula y Gabriel.

"Tres minutos para triunfar", se escucha un grito en el estudio, mientras aún en los monitores del piso se ven los últimos instantes de Herederos de una venganza, la ficción que precede al reality. Por el momento, todo parece tranquilo. Pero, eso es una mera ilusión. Habrá que esperar unos minutos para que el ambiente se empiece a espesar al ritmo del seguimiento del rating minuto a minuto. Sobre eso no se enteran los dos hijos de Dumas, Santino, de 7 años, e Isabella, de 8, que corretean por el estudio.

Caminos conflictivos. Suena "The Time (Dirty Bit)", de Black Eyed Peas. Esa es la señal para saber que el programa está al aire. Todas las miradas están puestas en Hernán. "Sos un gran mentiroso", lo acusa el panelista y periodista Rodrigo Lussich tras ver un tape que mostró lo que el joven había ocultado. Ni más ni menos que a su novia chilena, Luli Love.

Detrás de cámaras, Prada y Semmartin corren, dirigen y dan órdenes. Están pendientes de cada una de las palabras de los panelistas y de los participantes.

El programa parece ir por buen camino: el escándalo de Hernán y de sus dos mujeres ocupa gran parte del debate. Prada permanece detrás de cámara. Desde allí, dará unas cuantas instrucciones a los conductores para que sigan con el tema.

- ¿Se buscan los conflictos?

-No. Se dan naturalmente porque los participantes están conviviendo. El hecho de estar en un lugar fuera de tu casa, como en una isla, y tener que estar trabajando generan conflictos-, responde Prada.

¿Quién debe ser el técnico de la selección argentina?

Aquí no ha pasado nada Sólo hay dos cortes comerciales durante la hora de emisión. Son los momentos adecuados en los que los panelistas aprovechan para revisar los celulares y las maquilladoras retocan lo que el calor de las luces empieza a estropear.

A las 0.30, el programa termina. Pero, las conversaciones continúan. A esta altura de la noche, parece que los participantes se olvidaron de las confesiones y de sus verdades a medias. Es como si nada de todo esto hubiera pasado. Están distendidos, mientras bromean con Listorti. "Diviértanse", les aconseja el conductor antes de despedirse. La función terminó. Mañana, habrá otra puesta en escena, otros escándalos y nuevos protagonistas.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?