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Más allá de Máxima

Desde el conde Aldo Bonzi, que donó las tierras para erigir esa localidad, hasta la condesa francesa que murió en el Chaco víctima de un malón, curiosas historias de nobles en la Argentina
Fernando Castro Nevares
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12 de febrero de 2011  

Si uno camina por Recoleta puede cruzarse con las princesas Mercedes von Dietrichstein e Isabella Gonzaga; los condes Federico Zichy-Thyssen, Jacques Louis de Montalembert, el de Castillo del Tajo, Alfonso Diez de Tejada e Ivan Deym; las condesas Noemí Marone Cinzano y María Eugenia von Wenckheim; los vizcondes Jean Edouard de Rochebouët y Alexis Marie de Noailles, y la baronesa Dudu von Thielmann, entre muchos otros. Es que, al contrario de lo que podría pensarse, en el país hay gran cantidad de nobles europeos o sus descendientes.

La Argentina fue uno de los lugares preferidos por los nobles europeos que escapaban de guerras, revoluciones o buscaban acrecentar o al menos mantener su fortuna. Llegaron de a centenares y muchos se quedaron definitivamente, casándose con criollas o criollos.

En cambio son pocas las familias locales a las que les fueron otorgados títulos de nobleza en tiempos del virreinato español. Más allá de algunos virreyes que tenían título -no todos podían ostentar uno-, en el norte estaba el marqués del Valle del Tojo y en Buenos Aires, el conde de Buenos Aires, Santiago de Liniers, hecho conde por su meritoria actuación durante las Invasiones Inglesas. El último título dado durante el dominio español fue el de marqués de Casa Pizarro y vizconde de la Nueva Orán, otorgado a Ramón García de León y Pizarro, fundador de la ciudad de Orán, en Salta.

Una princesa en el archivo

Los nobles europeos ejercieron en el país los trabajos más diversos: el marqués de Morra, italiano, fue el arquitecto preferido por la Generación del 80, especializándose en la construcción de escuelas públicas; el conde Nicolai Muraviev, ruso, fue periodista; la princesa Bárbara Sofía de Puzyna-Kosielsk, nacida en Letonia en 1918, también periodista y traductora en varios idiomas de La Nacion, llegó a ser jefa del Archivo de Redacción.

Otros tuvieron vidas heroicas, como la condesa Alix Françoise de Chavagnac, proveniente de una de las familias más antiguas de Bretaña, Francia. Divorciada del conde Le Saige de Villesbrunne, llegó al país en 1888 y se radicó en el Chaco, donde adquirió un campo de más de 20.000 hectáreas. Hizo construir una casa que decoró con muebles traídos de su país y fundó un establecimiento ganadero que pronto fue uno de los mejores en la región. Pero el lugar era inhóspito; esa región recién había sido ocupada militarmente por el estado argentino en 1884.

Justamente, en marzo de 1899, un malón de mocovíes atacó la estancia y mató a varios de los ocupantes. La condesa trató de rescatar a un chico que estaba en la casa principal, pero fue lanceada por los aborígenes. Malherida, fue llevada a casa de unos vecinos y murió horas después mientras su casa y las demás instalaciones del campo eran consumidas por el fuego.

Aldo Bonzi y Chandon

Hay otros nobles generosos con nuestra patria y que la posteridad les dio un curioso homenaje. Como al conde de Serio de Crema, el abogado Aldo Bonzi, nacido en Crema, Cremona, Lombardía, en 1852. Vino al país en 1896 y se dedicó a las tareas rurales en Córdoba, con una cabaña de Aberdeen Angus con la que ganó varios premios en exposiciones rurales. En 1908 el conde donó lotes de tierras que tenía en el partido de La Matanza para el ejido de un pueblo. Diez años más tarde donó siete terrenos aledaños para la construcción de una capilla y financió la construcción de la casa parroquial y la escuela del lugar.

Bonzi volvió a Italia enfermo y murió en Crema el 1° de mayo de 1935. Los vecinos bautizaron con el nombre del encumbrado noble la localidad bonaerense.

Otro personaje que tuvo su reconocimiento fue el barón Bertrand de Ladoucette, nacido en Rouxmesnil, Francia, en 1919. Ladoucette fundó acá la Bodega Chandon por pedido de su cuñado Robert Jean de Vogue, presidente de la empresa gala Moët & Chandon, mayor fabricante de champagne del mundo. Ladoucette organizó exitosamente el negocio y por eso la compañía lanzó en su honor, en 1970, el famoso espumante Barón B Extra Brut, considerado el mejor de América del Sur.

Casamientos mixtos

Los casamientos entre miembros de familias argentinas y la nobleza del Viejo Continente se cuentan por decenas. Tal vez el más recordado sea el de Juana Díaz Unzué con el duque de Luynes. Ella era más conocida como Juanita Díaz, había nacido en San Fernando en 1914 y era hija adoptiva de Saturnino Unzué, uno de los hombres más ricos de la Argentina.

En una oportunidad, las tías de la novia, María Unzué de Alvear y Concepción Unzué de Casares, mantuvieron un diálogo algo pintoresco:

–Che, y estos Luynes, ¿qué tal serán?

–Me parece que son allá lo mismo que nosotros acá.

Díaz Unzué se casó en el castillo de Dampierre, cerca de París, en julio de 1934 con Phillippe d’Albert de Luynes, integrante de una de las familias francesas más ilustres, con una sucesión de títulos nobiliarios para impresionar: príncipe de Vallengin, duque de Chaulnes, duque de Montfort, conde de Montfort, conde de Tours, conde de Dunois y marqués d’Albert. El matrimonio tuvo ocho hijos, cinco de los cuales nacieron acá y varios quedaron relacionados con la Argentina. Jacques de Luynes se casó en Buenos Aires en 1977 con Susana Inés Cruz Suárez, y Pierre de Luynes se casó en Buenos Aires en 1980 con María Teresa Larivière Adrogué.

Otro personaje que se relacionó con la nobleza, en este caso británica, fue Miguel Angel Cárcano, embajador argentino en Gran Bretaña. Dos de sus hijas se casaron con miembros de las familias británicas más renombradas. Stella lo hizo en Londres en 1946 con lord William Humble David Ward, vizconde de Ednam, algo que la prensa inglesa consideró como el casamiento del año.

Otra de las hijas de Cárcano, Ana Inés Isabel, se casó en Londres en 1944 con lord John Jacob Astor, hijo del segundo barón y segundo vizconde Astor, Waldorf, célebre millonario dueño de diarios y del hotel neoyorquino Waldorf Astoria.

Probablemente, el último de los casamientos entre nobles y criollos por estos lares sea el de la condesa Francisca Fugger, hija de los príncipes Hubertus Viktor y Alexandra Fugger, nacida en Alemania en 1979, artista plástica, que se casó en Buenos Aires en 2003 con el argentino Gonzalo Cazenave.

LOS PRIMOS DE GUILLERMO

Al príncipe Guillermo Alejandro de Holanda lo une a nuestra patria algo más que Máxima Zorreguieta. Tiene primos terceros argentinos. Es que la abuela paterna de Guillermo, la baronesa Gösta von dem Bussche (1902-1996), era prima hermana de la baronesa germano-argentina Mathilde von dem Bussche Martínez de Hoz, casada con el príncipe checo Ulrich Kinsky. Gracias a su pasaporte argentino, los Kinsky von dem Bussche lograron escapar de la persecución comunista en Checoslovaquia y llegar a Buenos Aires mientras estallaba la Segunda Guerra Mundial. Es así que los primos terceros, argentinos, de Guillermo, Karl Kinsky Cavanagh, y los cinco hermanos Daireaux Kinsky se pasean por Buenos Aires, el resto de América latina y Europa llevando su doble sangre noble y criolla.

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