Perón dijo: "Somos todos peronistas"; ¿lo diría también hoy?

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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13 de febrero de 2011  

Al volver al país en 1972, Perón brindó una conferencia de prensa en cuyo transcurso se le preguntó por las fuerzas políticas que competían por el favor de los argentinos. Perón mencionó a los radicales, los socialistas, los conservadores y otros partidos menores, pero ignoró al peronismo. Cuando un periodista le marcó esta aparente omisión, Perón contestó: "Ah, no?es que peronistas somos todos".

Con esta respuesta, el viejo caudillo, que volvería a gobernar la Argentina en 1973 y moriría al año siguiente, quizá quiso decir no sólo que el peronismo había impregnado la cultura política de peronistas y no peronistas por igual sino también que el movimiento que él había fundado era el único con una verdadera vocación de poder , capaz de gobernar a un país de otra manera ingobernable. Con el paso de los años, los hechos parecieron darle la razón. Ni Frondizi desde 1958, ni Illia desde 1963, ni Alfonsín desde 1983, ni De la Rúa desde 1999, pudieron completar sus mandatos. No les fue mejor a militares como Onganía a partir de 1966 y las "juntas" que se instalaron con Videla y Massera a partir de 1976. En los casi cuarenta años que han transcurrido desde la muerte de Perón, sólo dos protagonistas han logrado gobernar por un tiempo considerable: Menem, de 1989 hasta 1999 y Kirchner, de 2003 hasta su muerte en 2010. Ambos, peronistas. Y cuando a Kirchner le tocó perder en las elecciones de 2009, su verdugo fue Francisco de Narváez, otro referente del peronismo.

Y no es que el peronismo no se haya dividido mil veces. Sus peleas internas amenazaban acabar con él, pero aquí cabría recordar de nuevo a Perón cuando dijo que "los peronistas somos como los gatos: cuando gritamos creen que nos estamos destrozando, pero en verdad nos estamos reproduciendo". En 1967, durante una conversación que tuvimos en Madrid, me atreví a decirle que el problema era que su movimiento tenía demasiados votos y que, si su techo no hubiera sido del 65 por ciento sino, digamos, del 40 por ciento, la política argentina habría sido más llevadera. Sonrió, comprensivamente. El hecho es que, aun cuando se divide, el peronismo, ya sin Perón, vuelve a tocar aquel mágico porcentaje de los dos tercios. En las elecciones de 2003, los tres candidatos peronistas que compitieron por la presidencia, Menem, Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, volvieron a rozar, sumados, este alto techo. Con las maniobras que hoy se despliegan hacia la elección de 2011 en torno de protagonistas como Cristina Kirchner y Daniel Scioli, ¿vuelve a proyectarse la vigencia del panperonismo ?

El "enigma Reutemann"

¿Hay uno o dos peronismos? Mientras vivía Kirchner, su sed de poder cortaba al peronismo en dos, el kirchnerismo y el antikirchnerismo. Ahora que su viuda, gracias a una postura menos agresiva, ya no suscita el mismo antagonismo, ¿se derriba la barrera que en tiempos de Kirchner dividía al peronismo? La pregunta es válida no bien se atiende a dos distritos clave: Córdoba y Santa Fe. En Córdoba, la precandidatura de José Manuel de la Sota a la gobernación incluye un acercamiento con el kirchnerismo "suave" de la Presidenta. En Santa Fe, el peronismo no kirchnerista giraba en torno de Carlos Alberto Reutemann. Pero éste se ha visto desgarrado entre dos opciones. En lo nacional, su oposición a Néstor Kirchner quedó cristalizada en una frase que ahora se conoce aunque fue pronunciada hace un año: que Kirchner dejará al país "como un campo minado". Pero en lo provincial, el adversario de Reutemann ya no es el kirchnerismo sino el gobernador socialista Hermes Binner. La animadversión entre ambos es tajante. Esto ha inclinado a Reutemann a aceptar un acercamiento con el kirchnerismo local, en particular con su precandidato a gobernador, el diputado Agustín Rossi. Por su rivalidad con Binner, ¿será capaz Reutemann hasta de sostener a Rossi?

Churchill dijo alguna vez que la Unión Soviética era "un enigma envuelto en un misterio". Esta frase podría aplicarse, hoy, al enigma Reutemann . Si bien las conversaciones entre el parco Reutemann y el extravertido Rossi parecen avanzadas, cuesta imaginarse un pacto eventual entre ellos, primero, porque si Reutemann "entregara" Santa Fe al kirchnerismo pondría en riesgo su propia irradiación nacional, a menos que otra versión que también circula, la de una fórmula Cristina Kirchner-Reutemann, tuviera algún asidero.

Una segunda razón para dudar apunta a esta otra pregunta: siendo Santa Fe una provincia decididamente opositora a partir del conflicto de los Kirchner con el campo, ¿seguirían sus votantes a Reutemann si éste cambiara, al fin, de bando? La misma pregunta podría dirigirse a De la Sota, cuyas sigilosas maniobras para obtener el apoyo de la Casa Rosada tropezarían con la valla opositora del pueblo cordobés, también adverso al kirchnerismo desde la crisis del campo. Pero tanto en Córdoba como en Santa Fe se plantea otra cuestión, esta vez de fondo: ¿en qué consiste, al fin y al cabo, el peronismo federal?

De Scioli a Oyarbide

Cuando arreciaban las pasiones que había suscitado Néstor Kirchner, el peronismo antikirchnerista se presentó ya no sólo como la fracción que se le oponía dentro del movimiento justicialista sino también como "otro" peronismo, republicano y ya no autoritario. ¿Se reconciliaría esta versión aggiornada del peronismo con el pluralismo republicano que alentó en sus años finales el viejo Perón? ¿O sólo nos hallaríamos ante una nueva versión de las recurrentes rencillas internas de un movimiento cuyos miembros, por ahora hostiles, podrían converger en cualquier momento? ¿Son entonces los peronistas, como advirtió Borges, "incorregibles"? La única que mantiene este escepticismo sobre la presunta vocación republicana del peronismo federal es Elisa Carrió, quien advierte que los peronistas siempre terminan por amigarse.

Cristina Kirchner, ¿apunta por su parte a encarnar un nuevo kirchnerismo , menos agresivo, más cordial? ¿Cómo entender entonces la embestida que, con la ayuda de la idea sospechosa de las "listas colectoras", se alienta contra Daniel Scioli desde la Casa Rosada? ¿Cómo podremos resolver otro enigma por ahora tan indescifrable como el de Reutmann, el enigma Scioli? ¿Es Scioli un acompañante fiel de Cristina, o lo suyo es algo así como un semikirchnerismo dispuesto a dar el salto cuando llegue la ocasión? Si Scioli se prepara para aspirar a la presidencia cuando suene su hora, detrás de él podrían asomar, al lado de un considerable apoyo electoral, el "núcleo duro" del peronismo federal que encarnan Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá y hasta Mauricio Macri.

La decisión del juez Oyarbide de encarcelar al "Momo" Venegas obliga a incluir al polémico magistrado, ya sin dudas, en las huestes kirchneristas. Después de absolver a los Kirchner de la acusación de enriquecimiento ilícito en tiempo récord, Oyarbide procesó a Macri por las escuchas ilegales sin ninguna prueba y, si bien procesó a los dos máximos sospechosos de corrupción Ricardo Jaime y Héctor Capaccioli, no los puso en prisión en tanto que apresaba a Venegas aun "antes" de haberlo indagado, vulnerando las reglas del debido proceso. Mientras las huestes de Venegas se desplegaban tumultuosamente, con apoyo de Hugo Moyano, para protestar contra la que denunciaban como una nueva arbitrariedad de Oyarbide, éste daba marcha atrás liberando a Venegas por orden directa de la Casa Rosada, quizá temerosa del poder de la calle. Esta nueva "interna" del peronismo indica que la lucha por el poder en dirección de octubre ya ha comenzado.

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