Tango argentino: el misterio del boom

El espectáculo que provocó un fenómeno del baile a nivel mundial se presenta mañana, gratis, en el Obelisco
Gabriel Plaza
(0)
18 de febrero de 2011  

"Acá estamos. Todavía no sé qué va a pasar", dice entre misterioso y pensativo Claudio Segovia, uno de los creadores del espectáculo Tango argentino, durante el ensayo de la puesta que dio la vuelta al mundo, se consagró en París y Broadway, y sembró el boom de la danza tango a escala planetaria en los años ochenta. A horas del reestreno para el público porteño, esta vez en el Obelisco, reina cierto clima de incertidumbre. "Todavía no hay afiches ni publicidad. No se enteró nadie de que volvemos con Tango argentino", se queja un conocido bailarín.

El clima expectante para esta fantasía tanguera de 36 cuadros, dos horas de duración y un elenco de 70 personas, es similar en algún punto a la antesala del estreno mundial del espectáculo el 13 de noviembre de 1983 en el Teatro Chatellet de París, antes del boom a nivel mundial. "En aquel momento no sabíamos qué esperar. Habíamos vendido muy pocos tickets la noche anterior al estreno, entonces los productores me pidieron hacer una función para la prensa. Al otro día los periódicos más importantes de Francia nos dieron la tapa y en unas horas fue sold out. Fue increíble lo que pasó", relata cronológicamente Segovia.

Después de la experiencia de estos últimos 28 años en escenarios de todo el mundo como capitán de la nave tanguera, Segovia vuelve a decir que no sabe qué pasará en este reestreno de Tango argentino en Buenos Aires, con una puesta monstruo y un escenario con una boca de veinte metros, que cruzará toda la 9 de Julio. "Hasta que no lo vea no lo creo. Nunca pienso que voy a meter un gol de media cancha. Siempre trabajo hasta el último segundo y si el público lo acepta es que la misión estuvo en parte cumplida", confiesa el director artístico de este formato tanguero, que fue clonado hasta el infinito.

Uno de los asistentes de producción tira más pistas sobre los entretelones de esta versión 2011. "Lo difícil es traducir un espectáculo teatral a un gran show al aire libre. Claudio está hasta en los más mínimos detalles, que en un escenario tan grande pueden hasta pasar inadvertidos, pero ésa es su forma de trabajo. Todo en él es muy artístico, es un genio no reconocido."

Segovia luce entre nervioso y feliz por esta nueva oportunidad de reponer Tango argentino, apto para todo público y organizado por el Ministerio de Cultura porteño. La única que vez que el espectáculo se pudo ver en el país fue en 1992, durante una corta temporada de doce funciones en el Gran Rex y contadas ocasiones en el Lola Membrives y el Broadway. Para que la puesta sea perfecta y casi fiel a la original, hizo traer los trescientos trajes de época que fueron comprados en casas de antigüedades del exterior y al maquillador francés de todas las puestas, Jean Luc Don Vito; convocó a milongueros de pura cepa como Coca y Osvaldo, y reclutó algunos históricos integrantes como Raúl Lavié, María Graña, Miguel Angel Zotto, Gloria y Eduardo, y María Nieves, junto a nuevas figuras del baile y la música. "Mantuvimos la esencia del espectáculo de Tango argentino que hicimos por todo el mundo. El único que no contestó la invitación fue Juan Carlos Copes. Para mí sería un honor que pudiera estar porque tengo una profunda admiración por lo que hizo por el tango", cuenta Segovia.

Otra de las que serán parte de esta versión 2011 es la bailarina Nélida Rodríguez (de Nélida y Nelson), que estuvo presente en todas las presentaciones de Tango argentino y que ahora está a cargo de la coordinación coreográfica. "El formato original no pierde vigencia porque presenta al tango en su estado natural. Si bien actualmente hay nuevas corrientes de baile y otros espectáculos, Tango argentino muestra la esencia de nuestro baile y por eso nunca pasará de moda."

Por los ensayos también pasa la actriz Naanim Timoyko, ícono ochentoso y vintage, que hacía el papel de Milonguita en la puesta original. "Naanim es un ángel. Su incorporación fue fruto del destino. Recuerdo que a mí se me había caído la protagonista unos días antes del viaje a París. Charlando desesperado con un amigo sobre quién podía ser la reemplazante, su hijo nombró a Naanim Timoyko. Entonces recordé un trabajo que había hecho con Tita Merello. Su belleza era impactante y me pareció perfecta para el papel de Milonguita. Fui a buscarla, desesperado, a la revista en la que ella trabajaba junto a Porcel y Olmedo. Nos reunimos en un bar de la esquina del teatro y no lo podía creer. Pidió permiso y ellos [Porcel y Olmedo] le dijeron que era una oportunidad que no podía perder. Al otro día estábamos saliendo para París."

Como ésta hay mil historias que rodean la leyenda del espectáculo. Segovia es uno de los que conocen el motor de un fenómeno que fue bisagra para el tango. "Lo que busqué fue mostrar nuestra cultura de la manera más despojada, íntima y en su verdad mayor. Tampoco pensé que podía generar una devoción tan grande una música que estaba en el olvido en aquel momento. Ojalá podamos seguir, pero nunca me preocupé por venderlo. El secreto es que nunca fue pensado como tango para turistas."

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.