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Deserción, repitencia y calidad, los desafíos

Necesidades económicas, falta de sentido de la utilidad del aprendizaje y 600.000 alumnos que repiten grados o años son algunos de los problemas que enfrenta el sistema
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21 de febrero de 2011  

La brecha entre la educación estatal y la privada es cada vez más profunda. Casi la mitad de los adolescentes que ingresan en el nivel secundario abandonan los estudios por la repitencia reiterada, las necesidades económicas y la falta de sentido de utilidad que reciben de la propia escuela. El crecimiento del presupuesto estatal revela de manera tajante que más dinero no significa mejor calidad. El paro como metodología única de reclamo salarial ha distorsionado el papel del gremio docente en el sistema y se ha perdido el concepto de "trabajador intelectual". A la universidad llegan cada vez más jóvenes, pero egresan cada vez menos y, encima, dedican mucho tiempo más que el previsto para alcanzar el título de grado.

Esas son algunas de las conclusiones a las que ha llegado La Nacion en una amplia consulta con distintos sectores involucrados en la cuestión educativa pocos días antes del comienzo del ciclo lectivo 2011, que tendrá varias particularidades, entre las que se destacan el nuevo sistema del nivel secundario, la extensión de un año a la formación docente, un presupuesto nacional de $ 820 millones para mejorar las 1400 escuelas técnicas que funcionan en todo el país y la distribución de 1.700.000 computadoras entre los alumnos del sector estatal.

Con un índice de alfabetismo altísimo (sólo el 2,5% de la población no sabe leer ni escribir y ese fenómeno afecta básicamente a zonas marginales del país), la Argentina enfrenta en esta segunda década del siglo XXI el desafío de mejorar la calidad educativa y dejar atrás el esquema de repitencia y de abandono que se registra tanto en el nivel medio como en el ámbito universitario.

Según cifras oficiales de 2007, entre escuelas públicas y privadas de nuestro país, en los niveles primario y secundario, más de 600.000 estudiantes repiten grados o años, en un universo total de casi 9,5 millones de alumnos.

Muchas son las razones por las cuales no se logra recuperar la calidad educativa, que fue un orgullo del país. El diagnóstico más claro y que generó más controversias fue el reciente informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que mostró que la Argentina quedó ubicada por debajo de otros países de la región y que descendió 20 unidades entre 2000 y 2009, ya que los adolescentes de 15 años tenían serias dificultades para comprender textos y para resolver cálculos matemáticos.

Desde la Academia Nacional de Educación, su vicepresidente, Pedro Luis Barcia, plantea la importancia de "aumentar las exigencias y la responsabilidad en una cultura del esfuerzo y del proyecto, seriedad en las evaluaciones y proyecciones de los resultados para mejorar la calidad".

Y rechaza la posibilidad de aumentar la cantidad de materias que un estudiante pueda tener "previas" para evitar la repitencia. "(Ese sistema) es un salvavidas de plomo para el alumno. La promoción sin formación real es criminal, pues supone la condena social del futuro egresado a la hora de enfrentar trabajos y estudios posteriores."

"Es imprescindible mejorar los niveles de conocimiento de la problemática educativa en los distintos sectores de la sociedad argentina. La dirigencia (política, empresarial, social) en su conjunto desconoce bastante de la cuestión educativa y se manejan concepciones erróneas o sin fundamento. Hay otros países, como Brasil o como México, por nombrar algunos cercanos, cuya clase dirigente se ha tomado el trabajo de conocer y pensar sobre los problemas educativos, lo que les permite tener demandas más interesantes y un nivel de participación en el tema educativo más relevante. Hay que formar una conciencia educativa en la clase dirigente, estamos muy atrasados en eso", sostiene la directora del Area de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, doctora Claudia Romero.

Para Guillermina Tiramonti, licenciada en Ciencia Política, máster en Educación e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), "la escuela argentina pasa por un proceso de desinstitucionalización. En la medida en que el Estado está débil, también se debilitan las instituciones asociadas al Estado, como es la educación".

La escuela secundaria aparece hoy como el nivel más complejo y que requiere cambios más profundos para contener a los adolescentes y prepararlos para que puedan ingresar con solidez en el nivel terciario o en la universidad.

"La deserción es muy fuerte en el nivel secundario. Sólo la mitad de los que ingresan lo terminan. Hay muchas razones: la pérdida de sentido que tiene la escuela, el mundo laboral que atrae a los jóvenes que necesitan generar recursos, la repitencia reiterada. Son esenciales una fuerte política de becas, un sistema de acompañamiento personalizado para los sectores que están en riesgo a cargo de servicios de orientación y tutoría", argumenta Romero.

Cómo mejorar la calidad educativa es el principal objetivo de la Fundación Leer. "Nuestra propuesta contempla la capacitación docente y la provisión de libros nuevos de calidad para conformar espacios de lectura en las instituciones educativas y sociales y para que los niños y jóvenes mantengan en propiedad en sus hogares", explica Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de la entidad dedicada a difundir la lectura en todos sus niveles.

La Asignación Universal por Hijo (AUH), que incluye como obligación que el menor curse sus estudios, aparece como una medida tendiente a resolver un problema social más que una deficiencia educativa. Si bien "puede generar mejores condiciones para la escolaridad, las escuelas tienen que ser capaces de conservar a sus alumnos. Enseñarles más no depende de esta medida", sostiene Romero.

Todavía no hay relevamientos de cuán efectivo ha sido la aplicación de la AUH en el ámbito escolar y en qué condiciones han regresado a la escuela quienes la habían abandonado y cómo se han adaptado al sistema.

"El problema fuerte es que si no hay nadie que tenga la voluntad de enseñar, no pasa nada. Y lo que falta es retomar el sentido de la enseñanza", concluye Tiramonti.

La disciplina en el aula es una meta que deben encarar juntos docentes y padres

La indisciplina y cómo hacerle frente es otro de los grandes retos que encuentra la escuela de hoy. El sistema actual, basado en los códigos de convivencia, privilegia el diálogo sobre la sanción, para que el alumno, que requiere atención y contención, tome conciencia del error cometido. Pero el sistema ha demostrado tener grietas y ha generado severos cuestionamientos.

En el fondo de la cuestión está la necesidad de que la familia se involucre más con la escuela y vuelva a formar una estrecha alianza con los docentes, ya que muchos de los padres suelen ponerse del lado de sus hijos cuando cometen actos de indisciplina. Si bien los expertos afirman que hay menos actos de mal comportamiento grupal que hace décadas, los alumnos de hoy son menos temerosos a la sanción y eso desnuda más una falencia de los adultos que de los chicos.

"A los padres y a los docentes les da miedo pararse desde el lugar de la autoridad, tomar medidas. A los adultos les cuesta más ser adultos y poner límites", afirma Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), quien cuestionó los códigos de convivencia, al señalar que "no han sido una idea brillante".

"Los chicos de hoy no ven adultos fuertes a la hora de hacer respetar la ley. Hay un mito que dice que ser flexible es ser más democrático, y eso ha desdibujado el concepto de que la ley es la ley y debe cumplirse. Las normas no son negociables y el mensaje que se les transmite a los chicos ahora es que «todo se negocia»", añade.

En ese sentido, hay coincidencia en la necesidad de fijar normas claras para los chicos y que los adultos demasiado permisivos retomen el concepto de autoridad, que nada tiene que ver con el autoritarismo. "El sentido de la autoridad está quebrado en el sistema público. El abandono de la disciplina y de la exigencia va imponiendo una cultura sedimentaria que se basa en el facilismo (que deja de lado la cultura del esfuerzo) y el igualitarismo (no hay premios para la aplicación, todo es igual) y la nivelación se hace hacia abajo", señala por su parte Pedro Luis Barcia, vicepresidente de la Academia Nacional de Educación.

Iaies ejemplificó la necesidad de establecer normas claras con la toma de los colegios el año pasado. "Los chicos de 15 años que tomaron los colegios terminaron sentados discutiendo las obras de infraestructura de la ciudad en el ministerio. ¿Qué sentido del límite pueden tener esos chicos después de ver eso?"

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