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El área de Inteligencia avanza sobre el manejo del Ejército

Controla la seguridad presidencial y otros lugares clave de esa fuerza; el poder de Garré
Mariano De Vedia
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28 de febrero de 2011  

Con el nombramiento del nuevo jefe de la Casa Militar, el área de Inteligencia del Ejército ocupa cada vez más espacios de poder dentro de la fuerza. Se acrecienta así, con el guiño del entorno de la Presidenta, la influencia del subjefe del Ejército, general César Milani, que además de retener en sus manos la Dirección General de Inteligencia ha colocado varios hombres de esa especialidad en puestos estratégicos dentro de la fuerza.

Además de la designación del teniente coronel Agustín Marcelo Rodríguez, que con 43 años será responsable de la seguridad de la Presidenta, provienen también del área de Inteligencia el secretario general del Ejército, coronel mayor Roberto Scorzelli, y el flamante director del área de Personal y Bienestar, general de brigada Gustavo Motta, pieza clave en las designaciones dentro de la fuerza.

Motta, de 52 años, es uno de los cuatro militares adiestrados en Inteligencia que en diciembre ascendieron a generales. Los otros tres son José Eduardo Demaría, que asumió como jefe de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas; Ricardo Mario Ruarte, comandante de la VI Brigada de Montaña (Neuquén), y Sergio Marco Piaggi, nuevo titular de la XI Brigada Mecanizada de Río Gallegos. Esta es la misma unidad que condujeron, entre otros, el teniente general Roberto Bendini -el primer jefe del Ejército designado por Néstor Kirchner- y el general Gustavo Giacosa, edecán de Fernando de la Rúa y jefe de la Casa Militar nombrado por Kirchner. "Nunca en la historia del Ejército, ni siquiera durante el Proceso, el área de Inteligencia tuvo tanto peso y poder en la estructura del Ejército", observó el analista Rosendo Fraga, ante una consulta de LA NACION.

Así, se da la paradoja de que el área de inteligencia militar, que tuvo un papel relevante en la llamada guerra sucia y es denostada por las organizaciones de derechos humanos, se muestra hoy aliada a la expresión más radicalizada que rodea a Cristina Kirchner en el Gobierno.

Nacido en Cosquín, en 1954, Milani egresó del Colegio Militar en 1975 y ocupó el puesto 63 en su promoción. Accedió a la Dirección de Inteligencia a fines de 2007 y en tres años pasó de coronel a subjefe del Ejército, un trayecto que se suele cubrir en siete años. Sus adversarios lo acusan de haber montado un sistema de persecución interna.

En diciembre último logró su ascenso a general de división tras un polémico debate en el Senado, donde le imputaron haber participado del levantamiento de Semana Santa, en 1987. Una fuente castrense reveló que el presidente provisional del Senado, José Pampuro, había acordado con la oposición postergar para marzo su promoción. "Imposible. Milani es el principal informante del Gobierno", fue la respuesta del bloque oficialista, que conduce Miguel Pichetto.

En ese debate, el jefe del bloque radical, Gerardo Morales, advirtió sobre la creciente influencia de Milani y la "politización de las Fuerzas Armadas. Y sumó otros nombres afines al pensamiento de Milani, al mencionar las designaciones de los generales Francisco D'Amico, en el área de Planes, Programas y Presupuesto; Rubén Ferrari, en Administración y Finanzas, y Luis María Carena, en Remonta y Veterinaria, dirección que se ocupa "del arrendamiento de campos y la cría de animales".

Atribuciones ampliadas

A partir de la resolución 1633/2010, que firmó Nilda Garré un día antes de dejar el Ministerio de Defensa y pasar al área de Seguridad, Milani accedió al cargo de subjefe del Ejército con atribuciones ampliadas. La norma reestructuró la organización de las Fuerzas Armadas y concentró en el subjefe de cada fuerza las funciones referidas al manejo del personal y del presupuesto.

La especialidad de la inteligencia militar requiere un año intenso de formación y posteriores destinos en unidades de esta rama dentro del Ejército. El coronel mayor Scorzelli, nombrado secretario general de la fuerza en junio de 2010, fue anteriormente segundo en la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar.

En ámbitos castrenses se interpreta que la influencia de Milani se explica por las atribuciones que le concedió la ex ministra de Defensa Nilda Garré. Más de un oficial, en tanto, compartió las palabras de despedida del contralmirante Carlos Castro Madero, que el miércoles último, al hacer efectivo su pase a retiro en la Armada, criticó la política de ascensos militares y advirtió que la discrecionalidad quiebra la confianza y la disciplina en la cadena militar.

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