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R.E.M. - Collapse into Now

El grupo de Michael Stipe recupera la memoria de golpe
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2 de marzo de 2011  • 11:21

Y un día quedaron tres. Luego, colapso y confusión. Desde 1998, los R.E.M. tratan de disimular la ausencia de uno de sus fundadores. Bill Berry no era líder ni el principal compositor, sólo el batero. Y si eso dice poco, revisen las biografías de The Who o Led Zeppelin. La partida no terminó en tragedia, todos en paz, y hasta Berry parece feliz con su actual condición de granjero adinerado. El resto sigue peleando por mantener un lugar único: brillan como pioneros del nuevo rock alternativo, humanistas militantes en el país del Tea Party y artistas respetados hasta por los que no compran sus discos

. Pero hace cuánto que Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills no editan algo más que un disco digno, más aun si la buena memoria siempre vuelve a Automatic for the People (de 1992), o todavía más atrás con Murmur (83) o Fables of the Reconstruction (85). Sumando todos los álbumes post-Berry, es posible armar un the best of para poner en marcha una dinámica a esta altura bastante previsible: giras mundiales, discos en vivo y algunos proyectos paralelos para no olvidar su pertenencia al indie.

Está bien, R.E.M. nunca fue U2, nunca se tomaron tan en serio. Pero sí a sus canciones, y esta decisión ética es la principal virtud que los protege de los barquinazos y el patetismo. A pesar de que las grandes melodías empezaron a escasear, el trío mostró desde Around the Sun (04) y, sobre todo, Accelerate (08), intentos por sintetizar su materia artística: la duración de los temas, los arreglos y hasta el modo de cantar de Michael Stipe marcaron un viraje hacia caminos más simples, nada de abusos y exageraciones de producción, todo en pos de esas canciones que salen de la guitarra de Buck y el tempo perfecto de Mills. Una maquinita perfecta para realzar a un cantante en la mejor tradición chamánica.

Lo de Stipe es la sugestión en gran escala y la discreción del personaje oculto (poco se sabe de su vida personal y poco se sabrá en el futuro). Stipe es como su voz: misterioso y sentimental. Todo muy bien: ¿y las canciones que se adherían al estilo "Losing My Religion" dónde están? Nunca nada ha sido definitivo con R.E.M., y Collapse into Now es la mejor respuesta a tantas dudas... Una sucesión imbatible de destreza musical en nombre del astro rey, es decir: la canción.

Como en Automatic..., lo nuevo del trío contiene doce tracks. Azar o coincidencia, Collapse into Now tiene tantos puntos de contacto con aquella masterpiece que sólo la ausencia de Berry puede marcar la diferencia. No estamos en presencia de un volumen II. Esto es mucho más interesante: todavía frescos a los 50, los tres de Athens mejoran la tradición folk-psicodelia-punk, y eso que pesa como toda la historia de un país suena libre, expansivo y hasta prepotente pasado por el filtro de esta banda.

La marca de estudio número 15 de R.E.M. arranca con un ruido de alerta, una invitación a participar de algo grande. Sobre el riff de "Discoverer", Stipe ataca: "Puedo verme a mí mismo, puedo sentir". "All the Best" también corre rápido y cita a "Born to Run", de Bruce Springsteen. Pausa, atmósfera acústica y "Überlin": decir que ésta es una típica balada Stipe sería reducir uno de los mejores trabajos de guitarra de Buck, un encastre perfecto para una letra que habla de ruinas y de muerte en la vieja Berlín.

De todos modos, Collapse... fue registrado en varias sedes, entre Nashville y Nueva Orleáns, y proyecta una lista de invitados con más pinta de parientes que de estrellas de reparto: Eddie Vedder ("It Happened Today"), Peaches y el guitarrista Lenny Kaye ("Alligátor Aviator Autopilot Antimatter"), en un homenaje al Patti Smith Group con su violero original. Y si hablamos de Patti, allí está la voz sagrada que celebra a los poetas beat. "Blue" es una perfecta plegaria final que cierra el disco con aquel riff de iniciación para que todo vuelva a comenzar. En el medio no sobra nada. Sólo basta escuchar "Walk It Back" para entender que R.E.M. recuperó la memoria de golpe, y donde antes había dudas ahora sólo hay lugar para la devoción.

Por Oscar Jalil

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