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Los infiltrados

Estudiantes se quedó con el clásico platense por 2 a 0, silenció a la multitud de Gimnasia que colmó el estadio y se entrometió en la punta
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6 de marzo de 2011  

LA PLATA.- La resonancia que entregaban los hinchas de Gimnasia y Esgrima LP en el comienzo de la tarde invitaba a pensar que todo estaba preparado. Una vez dentro del estadio, esa sensación se multiplicaba a través de las 35.000 gargantas triperas . Las calles, las plateas y los pasillos estuvieron desbordados por una multitud que, evidentemente, se ilusionó con un día histórico y que le puso un color desbordante a una infraestructura que parece de otro mundo. Pero apareció un grupo de infiltrados (como otros tantos, los hubo en las tribunas). Los jugadores de Estudiantes se frotaron las manos al encontrarse con un banquete servido en bandeja. Y con todo lo que significa jugar ante el clásico rival, con la magnitud que le suma la presencia del Mellizo Barros Schelotto, el condimento que le agrega que Ángel Cappa sea el entrenador del Lobo y, con si fuera poco, sin público visitante.

Un clásico es un acontecimiento gigantesco. Impulsa con el corazón grandes exigencias, que muchas veces aparecen como utopías en medio de una realidad difícil, que magnifican la apuesta contra esa diferencia de poderío y jerarquía que aparece enfrente. Así lo sufrió Gimnasia. Así lo festejó Estudiantes. No es fácil de resolver conceptualmente la circunstancia dual de un equipo que está en el mejor de los cielos -por haber llegado a la punta y profundizar la inestabilidad de su rival- con la manera sencilla que lo consiguió.

Aunque la mejor lección que dio el conjunto Pincha es que no hay jugador que por sí solo pueda con los partidos. Lo ingenioso y lo desafiante de su configuración reside en que la empresa colectiva rechaza la idea del héroe único, aislado, en que puso los nombres y el rendimiento por encima del sistema, que cambió, y mucho, para treparse a la punta del campeonato, aunque sea transitoriamente.

Bastante preocupado quedó Gimnasia después del cachetazo que le propinó el Pincha, que encima no jugó con su jugador emblema Juan Sebastián Verón. Tendrá que exponer un serio y rápido replanteo para mantenerse en primera. Vacilaciones tan alarmantes como las que ofreció ayer ante una marea humana que lo respaldó incondicionalmente hacen de los triperos un conjunto desconcertante.

Los goles de Gastón Fernández y de Enzo Pérez (de penal) silenciaron un clima que supo ser ensordecedor durante casi toda la tarde. Los lamentos se multiplicaron asiento por asiento. Y las consecuencias físicas son parte de los obstáculos de la prueba. El servicio médico comienza a ir de un lado para el otro. Parecía que el dolor se había apoderado del lugar. Y la mente, muchas veces, no domina el cuerpo, y entonces aparece el folklore de la intolerancia. Surge el juego de buscar a los otros infiltrados, los de las plateas (ver aparte), a esos hinchas de Estudiantes que desafiaron las normas de seguridad y a quienes se les escapó alguna expresión, demasiado para los vergonzantes impulsos locales, que ubicaron sus banderas al revés en señal de protesta porque no quieren jugar en el estadio, en el que no se sienten tan cómodos como Estudiantes.

El Pincha extendió su buena racha ante Gimnasia en el Estadio Único de La Plata e hizo suya la versión N° 149 del clásico platense por 2 -0, un resultado que refleja la diferencia de nivel entre un equipo que pelea la punta y otro que pelea por no descender. Eduardo Berizzo, técnico del vencedor y nuevo puntero, no ocultó su felicidad por el triunfo de su equipo en el clásico y felicitó así a sus jugadores: "Este plantel les ganó a 35 mil personas".

  • EL ESTADIO UNICO LE SIENTA BIEN AL PINCHA

    Estudiantes jugó 9 veces el clásico en el Estadio Único de La Plata y se impuso en 7 partidos -incluido el famoso 7-0 del 29 de octubre de 2006-; los otros dos fueron empates.
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