Murió el crítico Guillermo Whitelow

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23 de marzo de 2011  

Anteayer, casi al filo de la medianoche, murió Guillermo Pedro Whitelow, historiador, crítico de arte, académico, profesor universitario y ex director del Museo Nacional de Bellas Artes. Tenía 87 años.

Billy, como prefería ser apelado con una sencillez que no acortaba la gentil distancia con el apabullado interlocutor, fue un referente obligado de la cultura y del arte argentinos a partir de mediados del siglo XX.

Entre sus múltiples facetas, también se destacó como escritor, traductor de Shakespeare y detector de jóvenes valores, iluminador también de aspectos desatendidos de los maestros consagrados, generoso y pródigo de sus conocimientos y coleccionista de barajas.

El escritor Manuel Mujica Lainez hacía honor a la amistad con Whitelow, compañero de viaje, junto al pintor y diplomático Miguel Ocampo, en el bosque sacro-profano de Viterbo que fue origen de la novela Bomarzo , ese texto llevado a la ópera por Alberto Ginastera que desató la censura del gobernante de turno.

Profesor de filosofía, fue miembro de las Asociaciones Argentina e Internacional de Críticos de Arte, director del Museo Nacional de Bellas Artes y también del Museo de Arte Moderno. Obtuvo, en 1994, el Premio Konex de Platino 1994.

Su vida fue rica en aventuras intelectuales y sensibles, en amistades sostenidas y en la perfecta ironía que, en su caso, procuraba no ofuscar el juicio ajeno. Contemporáneo de valores tales como Rafael Squirru, Jorge Cruz, Ernesto Schoo, Samuel Paz, María Rosa y Samuel Oliver, Osiris Chierico, Aldo Galli y tantos otros, descubrió y ahondó en la creación de Raquel Forner, Lino Enea Spilimbergo, María Matorell, Luis Seoane, Jorge Diciervo, Guillermo Roux, Calos Cañás, Josefina Robirosa, Pablo Curatella Manes, Sameer Makarius, Kazuya Sakai, María Juana Heras Velasco, Manuel Espinoza, Libero Badii, Carlos Alonso, Juan Carlos Castagnino, Aída Carballo, Juan Batlle Planas, Fernando Allievi, Juan Carlos Distéfano, Gyula Kosice, Jorge Diciervo?

Confrontó y concertó con sus colegas críticos.Y rompió lanzas por los artistas consagrados y noveles desde la cátedra universitaria, el periodismo, el ensayo o la actuación de jurado de prestigio internacional. Su trabajo como crítico de arte se vio reflejado en las páginas de LA NACION.

Era un dandy pero no un frívolo banal. Apuntaba, infalible, el rumbo intelectual, el derrotero que le permitía navegar propuestas y estéticas muy diversas que sabía discernir.Todos los fuegos son el fuego, citaba a Julio Cortázar, al referirse al supuesto eclecticismo de su labor.

Descendiente de un irlandés que optó por Buenos Aires en tiempos de las invasiones inglesas y de una veneciana que aportó una fascinante mezcla de culturas, Billy hizo suyo el caudal creador del país donde nació, el 23 de diciembre de 1923.

Sus restos serán inhumados hoy, a las 16, en Jardín de Paz.

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