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Un hospital para contener el estrés de la guerra

En Benghazi, hay decenas de casos
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26 de marzo de 2011  

BENGHAZI.- Aljia se cubre con una manta hasta los ojos, asustados y desconfiados. Con 38 años y casada, es madre de cuatro niños y fue ingresada en el hospital psiquiátrico de Benghazi hace una semana.

Le tiemblan las manos, que retuerce a intervalos de dos minutos con nerviosismo manifiesto. Es de Guemines, en el Este, ciudad tocada por la violencia de las milicias de Muammar Khadafy. "No fue inmediato; empezó a comportarse de forma extraña unos días después de los bombardeos -explica su madre-. Comenzó con síntomas de agresividad y después gritaba aterrorizada que iban a matar a sus hijos."

En el ala destinada a las mujeres en el hospital psiquiátrico de Benghazi, quedan siete pacientes que sufren de alguna enfermedad mental derivada de la guerra civil con la que conviven desde hace más de un mes en el este de Libia, aunque el número de personas atendidas aquí llega casi al centenar, mitad hombres, mitad mujeres.

"Muchos han sido ya dados de alta y quedan muy pocos aquí. Pero en su mayoría se trata de casos de personas que vinieron pidiendo ayuda porque han sido tiroteadas o bombardeadas, o bien han sufrido la muerte de un familiar cercano", explica Mansur Alhoti, psiquiatra del hospital. "Los acompañan sus familiares, y muchos no quieren quedarse aquí porque, en el mundo árabe, culturalmente es muy humillante decir que estás siendo tratado por un psiquiatra", explica el doctor.

En una habitación cercana a Aljiawad, Zoraya balbucea en árabe palabras incomprensibles. "Las milicias de Khadafy nos van a matar; nos van a matar", repite como un rezo en sus delirios.

Antes de comenzar la guerra, esta joven de 23 años estaba totalmente cuerda. Cuando cayeron las primeras bombas el pasado fin de semana en su ciudad natal, Bin Jawad, el terror y la angustia provocaron un impacto directo e inesperado en su mente. Su conciencia se refugió desde entonces en un mundo de miedos y fobias.

"Cuando empezaron las explosiones dejamos nuestra casa y toda la familia fue corriendo hacia playa", explica su madre, sentada a su lado en el módulo de mujeres del psiquiátrico de Benghazi. Ahora los médicos la tienen atada a la cama en este centro, donde la trajeron para ser tratada por síntomas graves del síndrome de estrés postraumático.

No sólo hay este tipo de patologías, también hay quienes han llegado con depresión o manía persecutoria y psicosis. "Un joven de 16 años llegó con alucinaciones. Oía voces que lo amenazaban, y decía que tenía a alguien siguiéndolo que quería acabar con su vida", cuenta Alhoti.

Según Alhoti, ahora el problema es que los suministros de pastillas comienzan a escasear desde que perdieron la conexión con el otro único centro psiquiátrico del país, el de Trípoli. "Por ahora, hemos cobrado el sueldo del mes de marzo, pero no sabemos qué será de nosotros en esta parte de la Libia libre", dice angustiado.

"¡Es un perro!"

Frente a estas instalaciones, los internos más violentos golpean las rejas con las manos, privados de cualquier objeto con el que puedan dañarse a sí mismos o a los demás. Uno de ellos grita "¡Khadafy es un perro, un perro!"; otro aúlla: "¡Una mala persona! ¡Una mala persona!".

Según la enfermera Najma Milat, la violencia de los últimos días empeoró la salud de los enfermos a los que atienden. "Hasta el personal sufre de estrés postraumático", afirma Alhoti.

La locura es el único motivo de encierro en este hospital. Algunos opositores políticos de Khadafy, ahora liberados por la revolución, eran, hace años, encerrados por la fuerza en este centro haciéndolos pasar como enfermos mentales.

"Antes de las revueltas venían los Janthwaria, la policía política de Khadafy, con algún supuesto paciente. Nos pedían que hiciéramos un informe negativo sobre su salud mental y nos exigían que los tuviéramos encerrados durante largo tiempo", revela Alhoti.

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