Inquina contra la libertad de prensa

Beatriz Sarlo
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28 de marzo de 2011  

En 1951, Perón expropió el diario La Prensa. En los años setenta, era de mal tono recordarlo. Indicaba una mentalidad gorila o un grave defecto de entendimiento; la libertad de prensa fue considerada por el peronismo y la izquierda radicalizada de los 70 como una prerrogativa burguesa que estaban en condiciones de ejercer sólo aquellos grandes medios de comunicación sostenidos por grandes capitales. Clarín sería el caso. Aliado o bloqueado: la libertad de prensa queda en suspenso en cualquiera de las dos alternativas.

La libertad de prensa no es tampoco un tema del actual nacionalismo latinoamericano. La imaginativa renovación kirchnerista del setentismo elige hablar de "comunicación" más que de libertad de prensa. Así van a coronar en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata al presidente Hugo Chávez, a quien podrían distinguir por muchos motivos pero no precisamente por el pluralismo que le garantiza a la prensa venezolana. La distinción a Chávez es rara; esperemos que el próximo que la reciba no sea Raúl Castro. No es necesario ser de derecha para defender la libertad de prensa. Por favor, quienes esto crean de buena fe visiten por un rato la escena política e ideológica internacional. Clarín no pudo ser distribuido ayer, domingo.

Hago pública una estupefacta y muy breve crónica personal de los hechos. Al mediodía se habían agotado todos los diarios en el quiosco y la gente de ese barrio, no precisamente de clase alta, despotricaba contra el Gobierno. Me paré al escuchar una frase que siempre discuto: "Estamos peor que nunca". Dije lo que digo siempre en ese caso: "Peor estábamos con la dictadura militar". Mis interlocutores me miraron como si yo fuera marciana: "¿No sabe que no salió Clarín?". En efecto, yo era una extraterrestre, porque eso podía leerse incluso en los portales de noticias de Occidente. De todas formas, no pude creerlo del todo y tuve que llegar a mi casa para escucharlos a Morales Solá y a Leuco por TN. Esas cosas pasan por creer que los domingos es un día de descanso y uno no abre los diarios no bien se despierta.

Poco antes de las 14, Télam publicó en su portal una noticia con el siguiente encabezado: "El Ministerio de Trabajo convocó al Grupo Clarín y a los trabajadores de Artes Gráficas Rioplatense (AGR) a una reunión que se celebrará mañana para conformar «un espacio de conciliación entre las partes», luego de la protesta que impidió la salida del matutino".

Se informaba, a continuación, que los trabajadores de Artes Gráficas Rioplatense habían levantado el bloqueo a Clarín en una asamblea realizada el mediodía del domingo. Esa asamblea consideró "un hecho histórico" que el diario no hubiera podido distribuirse.

Télam transcribe, entre comillas, declaraciones del delegado sindical Luis Siri: "La pretensión no era que no saliera Clarín ni impedir que expresaran sus ideas, al margen de que no estamos de acuerdo con ellas, sino que el objetivo era enviar un mensaje a los directivos para que Clarín no siga apretando trabajadores". Sin embargo, contra lo que dice el delegado, el "hecho histórico" fue impedir la distribución del diario y dejar bien en claro que se lo podía amenazar durante doce horas.

En una actualización de su sitio web tardía, después de las 13 del domingo, Página 12 también mezcla la cuestión sindical con la alegría de los trabajadores por el "hecho histórico" de que Clarín no hubiera logrado salir a la calle un domingo. El lector menos desconfiado piensa que bloquear un diario causa por lo menos tanto alborozo como el final de una jornada de lucha sin otros incidentes.

Es, entonces, una buena noticia que el Ministerio de Trabajo haya convocado a las partes en conflicto y será mucho mejor todavía si declara una conciliación obligatoria.

El Ministerio de Trabajo es, justamente, el ámbito donde debe garantizarse la representación sindical si es que no estuviera respetada en el lugar de trabajo. Ahora bien, por lo que se sabe, este conflicto viene de hace tiempo. La primera pregunta para hacerse es por qué el Ministerio de Trabajo no actuó antes o más rápidamente ante el bloqueo, por qué sólo frente a un escándalo de dimensiones internacionales tomó a su cargo una situación que, según los trabajadores, cuyos derechos el ministerio debería proteger, tiene su antigüedad.

Si es cierto lo que informa Télam, el Ministerio de Trabajo incumplió gravemente sus funciones. Para aumentar la confusión, Hugo Moyano, calificando de absurdo total las versiones que lo vinculan a la protesta, dijo también que el conflicto entre los delegados y la empresa lleva seis años. Si Moyano dice la verdad, ¿qué hizo el ministerio en esos años? Alguien podrá decir que frente a la insólita gravedad de lo sucedido en el bloqueo a Clarín casi se ha borrado la circunstancia de hacerse preguntas políticas.

Sin embargo, creo que tienen su utilidad: ¿nadie del Gobierno tenía la menor información de que esto iba a suceder? ¿A nadie le importó cuando estaba sucediendo? ¿Ni a la ministra de Seguridad ni al ministro del Interior, que dejaron que pasaran las horas? ¿Es cierto que había militantes del sindicato de Moyano en el bloqueo? ¿Por qué razón la Presidenta se abstuvo de tomar el teléfono e indicar que terminaran con ese disparate sin lastimar a nadie?

El sistema óptico de la Presidenta es defectuoso: intervino defendiendo la libertad de expresión en la mañana misma en que debía pronunciar su importante discurso ante el Congreso y a quienes se habían opuesto a que Vargas Llosa hablara en la Feria del Libro que se realizará en Buenos Aires les pidió que retiraran una carta que también estaba rebotando por todos los portales de noticias.

Ahora, ante un hecho más grave, menos dable a la discusión, si es que se puede establecer una escala, ha callado. ¿Quién entiende la perspectiva que le permite intervenir en caliente frente a un hecho y hacerse la distraída frente a otro?

Solamente una profunda inquina contra la libertad de prensa podría explicarlo. Pero la Presidenta no quiere parecerse a su amigo Chávez ante el mundo. Aspira a un perfil más ilustrado. No se entiende el silencio ni la falta de órdenes a sus ministros. O, más bien, se entiende demasiado.

Hay muchos garantes de la libertad de prensa: los jueces, por ejemplo. Pero la presidenta de la República debe ser la primera. Lo que sucedió frente a la planta de Clarín ameritaba incluso su presencia. Visita tantas fábricas para hacer campaña que no habría sido inverosímil una gran escena de ella llegando, en la noche profunda, para conversar con los delegados, los militantes y sus familias. Si hubiera alguien inteligente en su entorno, se lo habría aconsejado. Ellos se lo perdieron. Pero, aunque no sobra la inteligencia, lo que más falta es el pluralismo democrático.

Rosa Luxemburgo nos dejó una frase que muchos regímenes violaron en nombre del pueblo: "La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numeroso que éste sea, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente".

Anoche el ministro Florencio Randazzo alcanzó el podio con su performance televisiva en el programa 6,7,8. Allí dijo: "Son operaciones que se montan para tergiversar la información. Allí aparecen los empleados de los medios, pasando por alto el núcleo de la cuestión, que es un reclamo sindical. Todos los alcahuetes avalando la información de Clarín y diciendo que el Gobierno está contra la libertad de prensa". Randazzo fue más alcahuete del silencio presidencial que todo el panel de 6, 7.8.

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