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Apnea, el trastorno del sueño más frecuente

Afecta a 4 hombres y a 2 mujeres de cada 100
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28 de marzo de 2011  • 00:37

Bajo el lema "Dormir bien, crecer sano", y por iniciativa de la Asociación Mundial de Medicina del Sueño (WASM por sus siglas en inglés), se celebró días atrás el Día Mundial del Sueño, cuyo principal objetivo es disminuir el impacto de los trastornos del sueño en la sociedad a través de la difusión de sus características y síntomas, posibilitando así una mayor prevención, reconocimiento y posterior tratamiento.

La apnea obstructiva del sueño, conocida también como SAOS, es el trastorno del sueño más común, representando el 80% de los casos y afectando a 4 de cada 100 hombres y a 2 de cada 100 de mujeres entre los 30 y los 65 años de edad, sufriendo un riesgo aún mayor de padecerla los fumadores y las personas con sobrepeso, hipotiroidismo y diabetes.

El SAOS consiste en un cese reiterado de la respiración durante el sueño a causa del cierre de las vías respiratorias, lo cual evita la entrada normal del aire a los pulmones provocando un aumento en el nivel de dióxido de carbono en sangre. Esto puede ocurrir bien por una disminución del tono de los músculos que mantienen las vías respiratorias abiertas, por un aumento de los tejidos alrededor de dichas vías, por su obstrucción a causa de la caída de la lengua hacia atrás durante el sueño o bien por ciertas características estructurales que actúan reduciendo las vías respiratorias. El resultado es la alteración del patrón normal del sueño del paciente y la consiguiente sensación de somnolencia excesiva y fatiga durante el día.

De mantenerse en el tiempo, dicho trastorno puede acarrear complicaciones aún más severas para la salud, tales como la diabetes tipo II, la obesidad y el agravamiento de ciertos problemas respiratorios y cardiovasculares, habiéndose demostrado clínicamente su conexión con la hipertensión, los ataques al corazón y los accidentes cerebrovasculares. La apnea obstructiva del sueño afecta además el rendimiento físico e intelectual de quienes lo padecen, lo cual puede resultar crítico en términos de seguridad laboral y vial, además de provocar depresión y dificultades en el desarrollo de las relaciones sociales.

Entre los síntomas más comunes de la apnea obstructiva del sueño pueden mencionarse la existencia de ronquidos fuertes y perturbadores interrumpidos por la respiración, así como el sueño inquieto y la sensación de ahogamiento durante el sueño. El SAOS también produce somnolencia excesiva y fatiga durante el día, vías respiratorias congestionadas, dolor de cabeza matutino y sensación de irritabilidad, así como pérdida de la memoria y dificultad para concentrarse.

Si bien existen ciertas medidas que pueden tomarse para reducir algunos de estos síntomas, como dormir de lado, evitar consumir bebidas alcohólicas durante la noche o, en caso de ser necesario, perder peso, existen tratamientos médicos capaces de restringir efectivamente tanto sus síntomas como sus riesgos para la salud. La dificultad reside, sin embargo, en que la mayoría de las personas que padecen SAOS lo desconocen, por lo que no alcanzan a recibir ningún tipo de tratamiento. Es incluso muy común que dicha afección llegue a ser detectada únicamente por quienes duermen y conviven con ellos, al ser los únicos testigos de algunos de sus síntomas.

Una vez diagnosticado, el tratamiento más común para el SAOS es la terapia CPAP (Presión Positiva Continua de las Vías Respiratorias), que consiste en un flujo ligero de aire a presión positiva, administrado a través de una mascarilla, lo cual mantiene abiertas las vías respiratorias durante el sueño. Se trata de un tratamiento seguro y no invasivo, capaz de aliviar los síntomas si se usa diariamente y acompañado de un adecuado seguimiento profesional. Existen a su vez otros tratamientos, como la utilización de dispositivos bucales e incluso la cirugía, pero son menos comunes.

Está comprobado científicamente: dormir bien es imprescindible para mantener una vida saludable, pues sin un descanso adecuado nuestra salud y nuestra calidad de vida se resienten. Y si bien el SAOS es un problema médico severo, constituyendo en la actualidad una epidemia global, es una enfermedad tanto prevenible como tratable, por lo que se aconseja consultar a un especialista ante la aparición de los primeros síntomas.

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