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Don Arturo Illia

La obra alterna los datos de la actividad oficial del mandatario con su vida doméstica
Ernesto Schoo
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5 de abril de 2011  

Autor : Eduardo Rovner Elenco : Luis Brandoni, Nacho Gadano, Manuela Pal, Andrea Cantoni, David Di Napoli, Fabián Bagnato, Alejandro Cuesta, Pepe Mariani, Eduardo Paglieri y Alberto Piñeiro / Escenografía e iluminación :Hector Calmet / Cortina y cierre musical : Jairo / Vestuario : Aníbal Duarte / Dirección : Hector Giovine/ Duración : 100 minutos En el teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062.

Nuestra opinión: buena

Nueva versión de Illia: ¿q uién va a pagar todo esto?, estrenada en septiembre de 2009 en el teatro 25 de Mayo, con Arturo Bonín como protagonista y el cineasta Alberto Lecchi en la dirección, esta obra de Eduardo Rovner ( Volvió una noche, Almas gemelas , entre otros muchos títulos) se propone enaltecer la figura singular de Arturo Umberto Illia (1900-1983), presidente de la Nación entre 1963 y 1966, derrocado por los militares pese a su excelente, patriótica y honestísima acción de gobierno, y lo logra con creces.

Figura singular porque, lejos del habitual maquiavelismo que caracteriza al político profesional, la transparencia fue clave en la gestión de Illia (médico de profesión, radicado en Cruz del Eje, Córdoba). Y es casi seguro que su modestia y su llaneza en el trato conspiraron para derrocarlo. Carecía de ese rasgo que parece indispensable en un gobernante latinoamericano para merecer la adhesión de estos pueblos: una fanfarronería teatral y despectiva, pesada herencia del viejo machismo hispanocriollo que se obstina en perdurar. Illia fue todo lo contrario: un hombre sencillo y recto, fiel a la Constitución y a los principios republicanos, jaqueado simultáneamente por la demagogia populista y por conservadores anacrónicos (pero poderosos).

Crónica puntual de un período histórico que nos conviene a los argentinos repensar y pasar en limpio, la obra de Rovner alterna los datos de la actividad oficial del protagonista con los de su intimidad doméstica, en un vaivén dramáticamente eficaz, conducido con destreza por Héctor Giovine. Descontado que Brandoni, con su portentosa versatilidad, es el centro alrededor del cual gira un elenco bien afiatado, en un marco escenográfico simple y, a la vez, monumental.

Pero es la reacción del público lo que aporta al espectáculo una cuota de inédita vitalidad: los aplausos arrecian a medida que se contrasta la austeridad republicana del personaje con actuales circunstancias notorias, y culminan en una ovación de pie, tras la lectura del conmovedor mea culpa con que Ramiro de Casasbellas, director de Primera Plana -revista instrumental del golpe militar-, manifestó el arrepentimiento por no haber sabido interpretar adecuadamente los signos de aquellos tiempos.

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