Héctor Torres, un grande

Nora Bär
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8 de abril de 2011  

Cuando casi todo estaba por hacerse, un puñado de visionarios puso los cimientos de la ciencia local. Uno de ellos, Héctor Torres, falleció el último sábado dejando tras sí una legión de discípulos agradecidos.

Torres fue un pionero de la bioquímica local. Fundó el Instituto de Ingeniería Genética y Biología Molecular, donde se formaron algunas de las figuras más descollantes de la ciencia argentina actual; recibió las más altas distinciones que se entregan en el país (la beca Guggenheim, los premios Leloir, Kyle, de la Sociedad Científica Argentina, Bunge y Born); fue parte del directorio del Conicet; decano electo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA... Pero sobre todo, formó e inspiró a decenas de científicos. Sus palabras, cuando en 2005 aceptó incorporarse a la Academia Nacional de Medicina para ocupar el primer sillón dedicado a la bioingeniería, lo pintan de cuerpo entero: "Me considero un hombre afortunado porque se me brindaron oportunidades únicas -dijo-. Tan únicas como haber concretado casi toda mi carrera en mi país, o haber aprendido a hacer ciencia junto a Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir. Por lo menos hoy, me siento profeta en mi tierra". Se fue un grande...

nbar@lanacion.com.ar

@norabar

Por: Nora Bär

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