Héctor Larrea: La leyenda continúa

El locutor cumple 50 años con la radio, medio del que es un verdadero ícono
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11 de abril de 2011  

Debería figurar en el Libro Guinness: Héctor Larrea (72 años), tras su experiencia en la propaladora de su Bragado natal, se recibió de locutor en 1961 y, a partir de ese momento, no dejó el micrófono. Fue el creador y conductor de un programa único: Rapidísimo, que pasó por El Mundo, Continental y Rivadavia. Desde hace 8 años conduce por Radio Nacional Una vuelta nacional, donde mantiene su estilo y personalidad. Su cordialidad y sencillez le han deparado el respeto, la consideración y admiración de público y colegas. Se define como un simple locutor que ha tenido mucha suerte en la vida. Junto a La Nacion y con emoción, repasó su carrera y también hechos significativos de su vida.

Larrea entra puntualmente con anteojos oscuros en el estudio donde conduce su ciclo de lunes a viernes, de 9 a 12. Al rato se pone el sombrero panamá que era de su padre y comienza un ciclo que funciona con precisión suiza.

-¿Sos consciente de que no muchos cumplen cincuenta años frente al micrófono?

-No creo que sea mucho. Y tampoco es ningún mérito que haya cumplido muchos años. Tengo suerte, la suerte de mantener las ganas de ver, de investigar y andar. Eso no lo perdí. Si perdés las ganas, más vale que te retires. Lo que hago es inquieto. Tengo la sensación de estar efectivamente en actividad, de no durar. Vale para todas las profesiones. Quizá lo que ayuda en mi caso es la inmadurez, aunque no total. Ser un ser absolutamente inmaduro e irresponsable echa todo por la borda. Es necesario un poquito de irresponsabilidad.

-Te recibiste en el ISER, en 1961, habías dejado Bragado...

-En Bragado trabajaba en una propaladora. Cobrábamos cinco pesos la hora, que es lo que me daban a mí. Estábamos horas y horas. Eso fue útil: terminabas cansado, pero nunca me dolió la musculatura del cuello, ni la laringe o la faringe; en aquel momento no sabía, pero había impostación o colocación natural. Y respecto a mi trabajo radial, trabajé en El Mundo, después pasé a Continental y a Rivadavia. Estuve dos años en Continental, con Rapidísimo . Antes pasé por muchas radios chicas, porque nadie me daba trabajo. Estuve un tiempo en Splendid, pero no les interesaba tenerme, y a mí tampoco me interesaba hacer ese trabajo, por rutinario. Yo quería comunicar cosas. Aparte, era medio mal llevado para recibir instrucciones. Sí, conseguía trabajos, era cuando me daban plenos poderes y ahí armaba todo y me contrataban porque trabajaba de una manera especial. ¿Cómo era el negocio? Los operadores de la radio también organizaban bailes. Les hacían programas de difusión exclusivos a los artistas. Hasta ese momento, ellos ponían un locutor de la casa y le daban unos mangos. Los artistas le daban una fecha gratis por mes, y ellos lo promocionaban, nada más. Hasta que llegué yo, que hacía notas, las compaginaba, les daba bola a los artistas, y ellos valoraban eso, porque hablaban de sus discos, de quién dirigía o arreglaba. Eso me dio autonomía, pero no era lo que yo quería: yo quería hacer Rapidísimo.

-¿Cuándo empezó?

-En el 69. Yo le pedía al gerente artístico de Radio El Mundo que me diera media hora que le sobrara, pero no pasaba nada. "¿Sabés por qué no te van a dar lugar? Porque no tenés el poder de la TV", me decían mis amigos. Me aconsejaron que me pusiera en línea, que bajara unos kilos y fuera a trabajar a la pantalla. Hice lo que me dijeron. Cuando pedí de nuevo, lo conseguí. Es impresionante el poder que te da la televisión, te cambia la vida. Y allí comencé con El mundo del espectáculo , Norteamérica canta . En un lapso de seis meses, el gerente ya me miraba con otra cara. Me dieron media hora, que al tiempo se hizo una y luego dos. Como Continental se estaba fundiendo, aunque tenía una potencia bárbara, le ofrecimos Rapidísimo . Hicimos una coproducción. El programa levantó, íbamos por la mañana. Al principio era 50-50, pero al final del primer año la radio nos ofrecía el 10 o el 20% de las ganancias. No acepté y volví a la indigencia.

-¿Ahí te pasaste a Rivadavia?

-En esa época, había ido a recibir un premio Ondas a España. Era la primera vez que premiaban a Rapidísimo . Me acuerdo que lo había dejado a Juan Alberto Badía de suplente, que instaló un estudio en Ezeiza para recibirme. Fue un triunfo. En el aeropuerto estaba mi socio, que me dice: "Tenés tres radios para ir. Son dos a la mañana, y Rivadavia por la tarde. Me imagino que no te interesará ir a la tarde". Se equivocaba. Me interesaba y llegué a Rivadavia. Nosotros empezamos a la mañana en 1975. Entonces, llamé a Rina Morán y a Beba Vignola, y teníamos a Mario Sánchez, que no lo querían. Me pedían que lo cambie, pero lo que no funcionaba era el libretista. Después vinieron Porcel, Mario Clavel (ver aparte). Hice muchas cosas por satisfacción personal. Y gané muchísimo con la incorporación de dos grandes guionistas y humoristas, Jorge Marchetti y Horacio Scalise. Yo conocía muy bien el humor del interior, sabía lo que a la gente le gustaba o no. Todo era posible, siempre y cuando se ubicara en un contexto. Los muchachos lo entendieron.

-¿Cuál es la clave de tu éxito?

-Creo que son fundamentales el conocimiento de la música y el equilibrio entre la palabra y las canciones... No sé qué fue lo determinante, pero había un gran abanico musical, la presencia de móviles importantes y el respaldo del equipo de deportes que lideraba José María Muñoz. Había un criterio en el programa. Las cosas te podían gustar o no, pero no se boludeaba.

-Tu interés por la música fue creciendo...

-Cada vez más, a tal punto que la música llega a ser un elemento armonizador, imprescindible en la vida. Y la admiración y el respeto que siento por esa forma de construir la música académica, y la música popular, que es una derivación de la académica. Por esa razón, más de una vez dije que en la conducción me siento un director de orquesta. Tengo la batuta, trato de afinar y darle a cada uno su tono para que interprete de la mejor manera.

-En lo profesional, la vida te ha dado mucho. Vos también has dado mucho...

-No me quedaba otra. Si no hacía esto, ¿qué hacía? No sirvo para nada, tengo que hacer esto. Imaginate que sos una persona que cree que no puede hacer casi nada bien, y que en lo único que te defendés, tenés apoyo de todos. Por eso no falto y mantengo secciones, como la tangueada, la comedia de las 10 de la mañana, la inclusión de la buena música. Mi realidad era muy jorobada cuando era chico, tenía que inventarme otra. En esos momentos, me di cuenta de que la radio me daba la posibilidad de crear esa otra realidad. En donde soy más cuerdo es en la radio. Frente al micrófono, soy el que yo quiero ser.

Semillero de talentos

Por Rapidísimo pasaron infinidad de profesionales que luego se hicieron célebres. Entre ellos, las locutoras Rina Morán y Beba Vigñola; los guionistas Horacio Scalise y Jorge Marchetti (actualmente escribe la comedia de las 10); Enrique Llamas, como columnista político; Marcelo Tinelli (hizo flashes de deportes); María Laura Santillán, Mónica Gutiérrez y Lía Salgado fueron movileras. Luisa Valmaggia fue cronista en Casa de Gobierno. En espectáculos: Gogo Safigueroa, Luis Pedro Toni y Guillermo Pardini. En producciones especiales: Raúl Rossi, Juan Manuel Tenuta y Mario Clavell. En tango: Héctor Ernié, Oscar del Priore y Horacio Ferrer. En humor: Jorge Porcel, Carlos Garaycochea, Mario Sapag, Luis Landriscina, Norman Erlich, Mario Sánchez, Fernando Peña, Daniel Aráoz y Adrián y Alejandro Korol.

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