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La villa 1-11-14 tiene un nuevo centro de formación profesional

Es una propuesta de la Iglesia porteña; incluye un espacio para adictos
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11 de abril de 2011  

"Por este espacio pasarán muchos jóvenes de quienes generalmente se dice que no sirven para nada", dijo el párroco de la villa 1-11-14, del Bajo Flores, padre Gustavo Carrara, durante la inauguración días pasados de un centro barrial para adictos y sus familiares y la de un centro de formación profesional, el Hogar de Cristo, sede Don Bosco, y el Centro de Formación Profesional Padre Jorge Vernazza.

En el edificio donde hasta hace pocos años funcionaba una empresa de productos electrónicos, a unos 200 metros de la villa 1-11-14, ahora se dictan cursos de oficios y se recibe y contiene a los adictos que tienen la intención de dejar el consumo de drogas y a sus familiares.

Son tres pisos sobre la calle Matanza al 2700, muy cerca de la avenida Francisco Cruz a la altura del club San Lorenzo, donde se trasladaron las actividades que se venían desarrollando en la parroquia Madre del Pueblo, en espacios compartidos con el dictado de catecismo.

A los cursos de electricidad, herrería y soldaduría, carpintería, computación y costura y diseño pueden acceder de forma gratuita todos los vecinos de la villa, pero para los que dejan las drogas se convierten en una puerta de reinserción al sistema educativo y al mundo laboral.

"Cuando vuelven de una comunidad terapéutica muchos tienen que tramitar el DNI o terminar la primaria, por ejemplo, y los ayudamos desde acá", dijo Carrara, y explicó que el centro de día para adictos y el centro profesional funcionan en forma independiente, aun cuando comparten el edificio.

"Este es un espacio de aprendizaje y también de encuentro entre los adultos y los chicos", dijo a La Nacion Fernando, uno de los docentes del Centro de Formación Profesional.

En los últimos dos años, los jóvenes sacerdotes del Bajo Flores tomaron contacto con unos 140 jóvenes con problemas de adicciones. En la actualidad acompañan a una veintena de chicos en proceso de recuperación y a 45 de sus familiares.

El centro barrial para adictos lleva el mismo nombre -Hogar de Cristo- de los que funcionan en las villas 21-24, de Barracas -sede Alberto Hurtado-, y la 31, de Retiro -sede Padre Carlos Mugica-. Tener el mismo nombre ayuda, según Carrara, a tomar conciencia de que se trata de un trabajo en equipo del grupo de sacerdotes para las villas de emergencia de la arquidiócesis porteña.

Carrara también afirmó que estos proyectos son financiados con fondos de la Iglesia en Buenos Aires, y algunos salarios docentes, por medio de convenios con distintas dependencias del gobierno nacional y de la ciudad.

"Aquí podrán aprender un oficio o salir de la droga y edificar su vida sobre una roca firme", dijo el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, durante la inauguración de ambos centros, y agregó: "Porque de la droga se puede salir y la dignidad la da el trabajo".

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