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Por la inflación, crece y se extiende la sensación de empobrecimiento

El 74,2% de la gente dice que gana 24% menos de lo que necesita para vivir como cree merecer
Javier Blanco
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23 de abril de 2011  

Marta siente culpa. Los reiterados aumentos en la cuota del colegio al que enviaba a sus mellizos abonaron la idea de un cambio para bajar costos.

Buscó, averiguó y se decidió por otro establecimiento de igual o mejor reputación, similares prestaciones y menores aranceles (gracias a un subsidio estatal). Pero hoy los mellizos (que en principio avalaron el traspaso porque la nueva escuela tenía mejores instalaciones deportivas) le cuestionan a coro esa decisión. Añoran a sus anteriores compañeros "y hasta endiosan aquello de lo que antes renegaban", cuenta Marta.

"Cada reproche que me realizan por esto se me hace un nudo en el estómago", narró a La Nacion esta empleada judicial de 45 años que se considera y describe como una "típica exponente de la clase media empobrecida".

Ella le puso su voz y su impronta a una historia que se repite, cada vez más, entre miles y de personas.

Son aquellas que, pesa a que para las estadísticas cubren mes a mes sus necesidades básicas de subsistencia, se sienten empobrecidos "por no poder alcanzar el nivel de vida que desean, que en general incluye el acceso a productos y servicios vinculados con la vivienda, la educación, la salud y la tecnología, o por haber perdido el nivel de vida que tuvieron en períodos anteriores", describió en 2007 en su tesis para doctorarse en Ciencias Económicas la por entonces aún alumna de la UBA Victoria Giarrizzo. Ella ya se había se especializado en el estudio de este fenómeno, al que se denomina "pobreza subjetiva", desde 2005. Incluso un año antes había fundado junto a un colega (el economista bahiense Dardo Ferrer) el Centro de Economía Regional y Experimental (CERX) para profundizar sus estudios al respecto y "debatir propuestas alternativas que ayuden a entender y mejorar la dinámica socioeconómica del país".

La pobreza subjetiva es un estado de insatisfacción originado en la restricción de ingresos que una persona o familia tiene en relación con la canasta de consumo a la que se desea acceder porque la considera natural o asume como un derecho adquirido. Para poder medirla ideó desde aquellos años la Encuesta de Percepciones de Pobreza y Bienes EPB), una muestra de 650 casos que repite periódicamente.

El último relevamiento fue realizado en la segunda mitad de marzo. Revela que casi tres tercios de la población (74,2%) ya declara que gana "menos de lo que necesita sólo para subsistir" como cree merecerlo.

Puestos a estimar cuánto más necesitarían para mantener el estándar de vida que juzgan adecuado, el promedio marca que con un 23,9% más de ingresos esa angustia se mitigaría.

La sensación de pobreza es naturalmente más extendida entre las personas de ingresos bajos (96,2%), pero cada vez más común entre los miembros de la clase media (79,2%), un sector social con una canasta de consumos (productos y servicios) que más se ha encarecido en los últimos años.

"Son los que tuvieron que resignar salidas u optaron por dejar de comprar primeras marcas para ajustar presupuestos. Lo sienten como una carencia", explicó Martín Blanco, director de la agencia Moebius Marketing, especializada en servicios para empresas de consumo masivo.

Blanco considera esta reacción social como una consecuencia natural de un proceso inflacionario sostenido que, de alguna manera, condiciona los reflejos de todos los consumidores. "Incluso entre las personas de buen poder adquisitivo cada vez se nota más una tendencia a buscar oportunidades y aprovechar descuentos a la hora de comprar", describe.

Giarrizzo alude a la "fatiga" a la hora de evaluar el impacto que tiene incluso esta situación entre los consumidores de menores recursos. "A menudo mencionan cansancio con esto de recibir aumentos que luego no les rinden a la hora de comprar porque los precios subieron lo mismo o, en algunos casos, aún más", menciona.

Lo cierto es que el número de afectados por la pobreza objetiva marcó un nuevo máximo para una serie estadística con seis años de historia que, tras algunos altibajos entre la segunda mitad de 2005 y la de 2007, mostró una tendencia ascendente en los últimos cuatro años.

Desmentida para Boudou

No casualmente la encuesta definió esa tendencia luego de que el Gobierno decidiera intervenir el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) para manipular a su antojo las estadísticas, ésas que hoy lo llevan a sostener -sin siquiera ruborizarse- que una familia que acredite ingresos por más de $ 1243 al mes no puede considerarse pobre y hasta le permiten al ministro de Economía, Amado Boudou, caracterizar a la inflación en todo caso como una preocupación de los "integrantes de la clase media-alta"...

La EPB, naturalmente, desmiente al ministro. Detecta que sólo el 21,4% de las personas de ingresos altos (con ingresos promedio que rondan los $ 8000) dicen recibir menos de lo necesario para subsistir. Pero calculan que con $ 8500 (un 6%) podrían lograrlo.

Claro que, cuando se baja en la pirámide social, esos porcentajes se disparan. Entre los pobres, del 96,2% que dice percibir menos de lo necesario reclama ingresos 79,3% superiores para vivir como merece. Y entre la clase media se pide ganar por lo menos 36% más.

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