El precio

Una obra vigente, con actuaciones magníficas bajo la mirada de Helena Tritek
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27 de abril de 2011  

El precio. Autor: Arthur Miller Intérpretes: Arturo Puig, Selva Aleman, Pepe Soriano y Antonio Grimau Luces: Ariel del Mastro Sonido: Rodrigo Lavecchia y Mauro Agrelo Escenografía y Vestuario: Eugenio Zanetti Dirección: Helena Tritek Producción: Diego Romay Sala: Liceo Duración: 89 minutos

Nuestra opinión: muy buena

Cuando las obras plantean relaciones familiares es muy difícil que se vean deterioradas por el paso del tiempo. Reafirma que la condición humana permanece inalterable a través de los siglos. Así sucede con El precio , en la que mediante el enfrentamiento entre dos hermanos, Miller habla de la frustración, de los resentimientos y del libre albedrío que le permite al hombre ser artífice de su propio destino a partir de decisiones, afortunadas o no, que pueden marcar la vida de un hombre.

Con una estructura teatral perfecta -claro ejemplo de la utilización de las unidades aristotelianas-, Miller introduce la presentación de los personajes en un instante muy particular de sus vidas: la venta del mobiliario de la casa paterna, lo que lleva al reencuentro, después de 16 años, de dos hermanos, Víctor y Walter, a los cuales las diferentes formas de vida los separó.

Esta transacción comercial -comienzo de la tensión dramática- los va a confrontar, ya un poco envejecidos, pero con la carga de resentimiento por parte de uno y de arrepentimiento por parte del otro. Ambos han sufrido decepciones y frustraciones, pero mientras Víctor se niega a superar su mediocridad, Walter lo obliga -es el estallido del conflicto- a enfrentar una realidad que expone la responsabilidad que representa la elección de vida y la obligación de asumirla sin derivar culpas. Ese es el precio que hay que pagar por las decisiones que se toman.

En este drama, la impecable actuación de Arturo Puig, como Víctor, es fundamental para la composición, con muchos matices, de ese ser aparentemente desvalido que prefiere aferrarse a viejos rencores del pasado antes que luchar por superar su condición laboral. Frente a él, Antonio Grimau, sólido en la elaboración de un hermano que eligió otra forma de vida y que, a pesar de traspiés familiares y de salud, sigue apostando por el bienestar futuro.

Aunque las figuras contendientes son estos personajes, hay dos más que ayudan a definir los perfiles de los protagonistas: Esther, la esposa de Víctor, y el tasador de muebles. En el primer caso, Selva Alemán es un logrado ejemplo de mesura y contención para dar vida acertadamente a esa mujer que oscila entre la depresión y la desesperación por la inercia de su marido. Para Pepe Soriano, en el papel de Solomon, sólo caben palabras de elogio por la composición de ese anciano que no ha perdido el afán especulativo y, al mismo tiempo, muestra su conmiseración por el drama.

Estupendo es el marco escenográfico que diseñó Eugenio Zanetti, que además de basarse en muebles apilados en un artístico desorden, obtiene una atractiva luminosidad y profundidad al cerrar el techo del cuarto con un vitral en el techo de fuerte impacto visual.

El cierre estético lo da la mano de Helena Tritek desde la dirección, no sólo de actores, sino de las acciones que se resuelven de tal manera que logra un ritmo preciso que, por eso mismo, resultan más contundentes. Una puesta que reafirma los valores y la vigencia de la obra.

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