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La verdad de los archivos

En Cables secretos (Edhasa), el historiador Marcos Novaro recoge documentos desclasificados del Departamento de Estado y otras agencias del gobierno norteamericano y reconstruye a partir de ellos los claroscuros de la relación bilateral con la Argentina de la dictadura. Aquí, un fragmento
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15 de mayo de 2011  

El que para el gobierno norteamericano las críticas por violaciones a los derechos humanos que cometían gobiernos anticomunistas "amigos" no eran totalmente indiferentes fue algo que los militares argentinos también habían entendido muy bien desde un principio, y frente a lo cual se prepararon, a su manera, para curarse en salud: de allí la importancia que otorgaron a mostrarle al mundo, y en particular al gobierno norteamericano, que el Proceso no seguiría el "modelo de Chile" (Charosky, 2006).

En conversaciones previas al golpe con los funcionarios de la embajada se puso de relieve este interés por mostrarse moderados en el terreno represivo: en una conversación entre Hill y Massera, el almirante dio a entender al embajador que el objetivo central de un futuro gobierno militar sería el de derrotar a la subversión, pero que no procedería "como Pinochet", sino que lo haría "dentro del estricto marco de la ley" y con "pleno respeto de los derechos humanos". Hill se dio por satisfecho con la conversación, considerándola un indicio de que los moderados serían quienes encabezarían el golpe militar (19760316, Ambassadors Conversation with Admiral Massera ).

En parte por esto, durante el primer año del Proceso la diplomacia norteamericana tuvo no pocas dificultades para determinar cuán involucrada estaba la cúpula del gobierno argentino en la represión ilegal. La idea de un supuesto "enfoque moderado" de Videla respecto a los derechos humanos quedó instalada desde los primeros días del régimen (si no antes). A seis días del golpe, el embajador Hill afirmaba que hasta el momento no había habido ni arrestos masivos ni fusilamientos, y lo atribuía a que había prevalecido la "línea moderada de Videla" (19760329 Videla's Moderate Line prevails ). Se estimaba que él era suficientemente fuerte para mantener a raya a los duros, agregando que "probablemente éste fue el mejor ejecutado y más civilizado de los golpes de Estado" (Ibídem); de fracasar Videla, se temía la toma del poder por sectores "duros", "más nacionalistas y con una actitud más distante con EE.UU. y los inversores americanos". El trato moderado que estaban recibiendo los dirigentes sindicales era una prueba, para Hill, de que el régimen no era excesivamente represivo y que buscaba una "relación aceptable" con los gremios y más en general con la sociedad (19760325, Preliminary Goa Labor Relations ).

El 11 de mayo de 1976 Hill reportó el malestar que había en los partidos radical y peronista por sentirse perseguidos, pero también que ellos no acusaban a Videla, pues creían que lo que sucedía era más bien que él "no tenía poder suficiente para controlar a los duros". Hill agregó entonces que esto coincidía con el análisis de la Embajada (19760511, Junta's Moderate Line ), desmintiendo su previo optimismo sobre la "fortaleza de los moderados". El 23 de Julio el consejero político de la Embajada, Maxwell Chaplin, expone esta misma tesitura, pero en una variante algo más realista. Afirmaba que, en circunstancias ideales, Videla querría controlar los abusos policiales y de las Fuerzas Armadas; pero que se encontraba frente a un dilema: por un lado no quiere que la imagen del país se vea dañada por violaciones a los DDHH, pero por el otro, al igual que los de línea dura, quiere derrotar a la guerrilla, y esto para Videla es prioritario (aún más que el tema de los DDHH). Según el informe de Chaplin, Videla no insistiría con el tema de los DDHH para no generar una ruptura en las Fuerzas Armadas (19760700 The Military Government ).

Es interesante destacar, con todo, que ya desde un comienzo se relativizaba también este carácter moderado de Videla y la Junta en el terreno represivo. Un informe de la CIA, seguramente mejor informada que el embajador, pone entre paréntesis la referencia a la moderación videlista, destacando que se trata de una estrategia de marketing más que otra cosa: celebra "el ojo para las relaciones públicas" de la Junta Militar, dirigido no sólo al exterior, sino a crear dentro del país una "imagen de moderación y obtener apoyo popular", destacando que entre los militares no hay consenso en cuanto a llevar a la práctica esta moderación (19760402 Argentine Coup in Perspective CIA ). El informe del Bureau de Inteligencia del DOS [Departamento de Estado] confirma estas presunciones y vuelve a advertir, ya a principios de abril, que es muy probable que las violaciones de derechos humanos tendieran a generalizarse y a afectar la relación del régimen con EE.UU.: introduce por primera vez un argumento que se volverá más y más frecuente con el paso del tiempo, según el cual aun no creyéndole a Videla en su pretendida vocación por refrenar la represión, sí debía reconocérsele en cambio la sinceridad de su alineamiento pro norteamericano, y que en caso de fracasar, lo que sobrevendría sería no sólo más represión sino un posible distanciamiento impulsado por sectores nacionalistas antinorteamericanos. De manera que convenía aceptar el juego que Videla quería jugar, aunque el mismo fuera poco sincero.

Con el avance de ese primer año del Proceso, con todo, se volvió más difícil disculpar a Videla. Y aunque el criterio sobre su utilidad como posible aliado no se dejó de lado, las tensiones entre "hacerle el juego" o presionarlo se incrementaron entre los diplomáticos norteamericanos. El 27 de agosto, Maxwell Chaplin afirmaba que el contraterrorismo se había incrementado, que eran continuos los casos de torturas, secuestros y asesinatos. Y reconocía que la versión sobre la insinceridad de Videla sobre su falta de voluntad para que se respetaran los DDHH ganaba sustento. "Esta opción no puede ser descartada", agrega, "pero es más probable que las fuerzas de seguridad se estén aprovechando de las divisiones internas del gobierno, de directivas poco claras y del hecho de que el gobierno necesita de ellos para combatir a la subversión".

"No está claro si hay voluntad del gobierno de controlar los abusos pero hay indicios de que se está moviendo en la dirección correcta. Miembros de los partidos (UCR, PJ) y sindicalistas también están preocupados por el tema de los DDHH pero están dispuestos a darle a Videla el beneficio de la duda, además creen que si Videla cae va a venir alguien de la línea dura. El modus operandi de las fuerzas de seguridad involucradas en abusos de derechos humanos demuestra que cuentan con un apoyo de arriba. La pregunta es de cuán arriba. Algunas teorías afirman que las fuerzas de seguridad que operan ilegalmente cuentan con la aprobación de Videla, y que éste para no dañar su imagen niega su responsabilidad y afirma querer terminar con ellas. En línea con lo reportado por James Buchanan, el embajador concluyó que esta teoría no puede ser descartada pero no parece probable ya que otorga a Videla una mayor habilidad y maquiavelismo del que parece ameritar" (19760826 Human Rights ).

El informe de Buchanan, del Bureau of Intelligence and Research del Departamento de Estado, al que se refiere Chaplin, data de seis meses después del golpe, y afirma que "grupos de ultraderecha compuestos por oficiales de seguridad fuera de servicio operaban con una impunidad que demostraba que contaban con el aval de altos oficiales del gobierno y de las fuerzas de seguridad".

Buchanan decía que probablemente Videla desaprobaba esas acciones pero que no se podría esperar un cambio de la situación hasta que no desapareciera la amenaza de los grupos de ultraizquierda. Hacía una mención a la teoría según la cual Videla estaba detrás de los grupos de ultraderecha y que permitía que operaran hasta que la situación se hiciera intolerable para que hubiera presión de afuera y él fuera el que pusiera la situación bajo control. Buchanan desaprueba esta teoría, de nuevo, porque duda de la capacidad de Videla para haber concebido tal plan, así como de la unidad de la corporación militar que el mismo requeriría (19760930 Argentina ).

No eran muchas las voces que disentían con este análisis, pero cada día que pasaba se hacían más audibles. Entre ellas, se destaca la de la delegación israelí en Buenos Aires, que tenía una opinión muy definida. El 24 de junio en un intercambio con sus pares de EE.UU., los funcionarios de esa embajada dejaron sentado que en su opinión:

"Los abusos de derechos humanos como secuestros y asesinatos de militantes de izquierda y exiliados extranjeros son resultado de una decisión política del gobierno argentino, y no de una falta de control de los elementos de seguridad [...] Los militares argentinos tomaron la decisión de eliminar la subversión y el terrorismo, y de silenciar y aterrorizar a toda la potencial oposición, mucho antes del golpe del 24 de marzo. La única cuestión restante era cómo hacerlo con menor exposición a las críticas externas que las que habían aislado al régimen militar en Chile. El gobierno argentino dio luz verde a las fuerzas de seguridad para hacer frente al problema de seguridad interna con cualquier método considerado apropiado, pero siempre manteniendo al gobierno argentino en una posición de ?posible negación' de responsabilidad [?] Cuando la destrucción de la oposición interna ya no tuviera más peso que las críticas internas e internacionales, el gobierno argentino finalmente sería capaz de poner bajo control los abusos de ?elementos de seguridad no autorizados' y ?extremistas de derecha'" (19760623 Israeli view ).

Otro dato sugerente de estos mismos meses es el progresivo cambio de actitud del embajador Hill: en poco tiempo pasaría de adherir a las tesis de Chaplin y Buchanan, a ser su abierto contradictor. Según el testimonio que brindara al Archivo Oral (AHO, 2007) Robert Cox, entonces editor del Buenos Aires Herald, y hombre de consulta de los funcionarios de la embajada norteamericana, este giro fue fruto de una experiencia familiar: la suerte corrida por amistades de sus hijos, que distaban de ser guerrilleros y fueron secuestrados durante operativos militares, luego de lo cual aparecieron muertos en supuestos enfrentamientos, o simplemente se perdió toda noticia de ellos. A raíz de este cambio de actitud, en junio se produciría un fuerte cruce entre Kissinger y el embajador: en abierta contradicción con los planteos que el secretario venía haciendo ante los funcionarios argentinos, Hill reclamó a las autoridades por la situación de los derechos humanos, aparentemente sin autorización del Departamento de Estado. El desacuerdo entre ambos involucró a Harry Shlaudeman, segundo en el DOS, que intentaría adoptar una posición intermedia, pero con cada vez menos margen, a medida que el conflicto fue in crescendo. Lo que quedó en evidencia cuando el Secretario planteó su interés por cambiar directamente de destino a Hill (19760630, TELCON Sec Kissinger/Harry Shlaudeman ):

"KISSINGER: Una gestión se ha hecho ante Argentina por la cuestión de los derechos humanos, ¿de qué modo ella es compatible con mi política?

SHLAUDEMAN: No lo es.

KISSINGER: ¿Cómo es que sucedió?

SHLAUDEMAN: Me aseguraré de que no suceda de nuevo.

KISSINGER: Si no es esto algo más sucederá. ¿Cuál creen ustedes que es mi política?

SHLAUDEMAN: Yo sé cuál es su política y me aseguraré que ellos lo sepan también.

KISSINGER: ¿Qué podemos hacer al respecto ahora?

SHLAUDEMAN: Déjeme ver si puedo enviar un mensaje clarificador.

KISSINGER: Mejor sé cuidadoso. Quiero saber quién hizo esto y transferirlo.

SHLAUDEMAN: Me ocuparé.

KISSINGER: Quiero una respuesta esta tarde..."

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