Diez obras imperdibles en arteBA 2011

Sus autores utilizaron distintos lenguajes y soportes, y por sí solas justifican una visita a la muestra que se realiza en La Rural
Alicia de Arteaga
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22 de mayo de 2011  

Para ser un equipo de fútbol faltaría una obra, pero estas diez justifican una recorrida por la edición 2011 de arteBA, que culmina mañana en La Rural y que celebra sus veinte años de existencia con un récord de ventas. Y, a juzgar por las colas que ayer llegaban hasta Plaza Italia, también con un récord de visitantes.

Son diez obras imperdibles, que representan las distintas manifestaciones del arte contemporáneo.

Salvo la joya de la feria, que es el móvil transparente del argentino radicado en París Julio Le Parc (Galería Del Infinito), nuestro seleccionado está compuesto por obras realizadas entre 2010 y 2011, arte contemporáneo en estado puro, representado por artistas que militan en todos los lenguajes y soportes.

Desde la pintura monocromática de Eduardo Stupía, en la galería Jorge Mara-La Ruche, hasta la habitación del destrozo, que es la obra de la tucumana Belén Romero Gunset, finalista del Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales. Roto , se llama la performance en la que la artista rompe todo lo que tiene a mano mientras dure la feria. Para hacerlo se vale de todo tipo de herramientas: desde un martillo hasta un taladro o una sierra mecánica.

En el cuarto de los destrozos hay teclados de computadores, muebles y ventiladores, un caos organizado por la libertad creadora y, también, una visión irónica de la sociedad de consumo, desde la contemplación como experiencia que supone el arte contemporáneo.

Otro tanto sucede en la performance Invention of the Time Passed , de Anca Munteanu Rimnic, exhibida en la galería PSM, de Berlín, que forma parte del proyecto U-Turn, curado por la iraní-norteamericana Abaseh Mirvali, el espacio más potente y nuevo de arteBA. El hombre enfundado en un delantal blanco que de manera mecánica tira y afloja de un hilo durante ocho horas reloj es un actor contratado, su acción alude a la rutina y al concepto de "engranaje" de los procesos productivos. (Quien adquiera la obra deberá "completarla" contratando a su propio actor.)

En el otro extremo, el video de Nicola Costantino (galería Sicart), instalado en el soporte inusual de un tocador de mueblería, muestra, en la luna de su espejo, la imagen de la artista en una sesión cotidiana de maquillaje-desmaquillaje. El espectador-testigo no ve su imagen reflejada sino la cara del otro; es un juego de realidades "espejadas".

La herencia del arte cinético en su variante high tech es la propuesta de Elías Crespin (galería GTres) con su instalación móvil que adquiere formas geométricas variables mediante un motor activado lentamente, como en las imágenes "ralentizadas" del genial videasta Bill Viola.

Universos transparentes

La creación de mundos aéreos espaciales y no contaminados es una de las obsesiones de Tomás Saraceno, argentino radicado en Alemania, invitado a la última edición de la Bienal de Venecia por su director, Daniel Birbaum. Sus universos transparentes o en tensión, que se exhiben en la galería Andersen's, ya tienen nuevos dueños.

Lenguaje contemporáneo por excelencia, la fotografía ha cedido terreno al regreso anunciado y confirmado de la pintura. También ha renunciado a su valor testimonial para adentrarse en un universo bello, pictórico y brumoso, como en la foto de Santiago Porter (Zavaleta Lab).

Las cajas lumínicas o el marco de luz de Karina Peisajovich (Vasari) son también un ejercicio pictórico, un atajo entre el cuadro y el objeto, una caja mágica para mirar, quieta e inmóvil, sin la narración propia de un televisor de plasma.

Por último, la experiencia del arte contemporáneo puede ser un llamado de atención sobre las condiciones de trabajo de los mineros en California, expresado en una serie de platos de cobre, rústico continente, en cuyo interior brilla el relumbrón del oro.

El exasperante contraste entre abundancia y carencia está puesto en evidencia en esta pieza de rara belleza de la artista polaca Alicja Kwade, que ya forma parte de la colección más importante de arte contemporáneo internacional que tiene la Argentina.

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